Cine y gran mundo: estreno en el teatro real de «Dos corazones y una tonada»
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La periodista curiosa llega al Teatro Real donde está seguro que encontrará muchas siluetas interesantes que van a asistir a la premiére de la película chilena que se ha rodeado anteriormente de comentarios y pronósticos. El desarrollo de la cinta transcurre en medio de gran animación, porque, naturalmente, el público señala, a cada momento, caras amigas o sitios familiares que aparecen en la pantalla; y la gente tiene cariñosas palabras para Carlos García Huidobro, el director de la cinta, cuyo esfuerzo por el progreso del cine nacional queda manifiesto.

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A la salida, los protagonistas, especialmente Teresa León y Rafael Frontaura, se ven asediados por grupos de gente que corre a abrazarlos y a comentar su actuación en la cinta. Todo el mundo charla y ríe. Es un barullo de gente elegante que se arremolina y que nos impide describir las toilettes que llevan, que son, por lo demás, en su mayoría originales y chic. Veamos algunas de ellas:

Rebeca Schavetti de Condon luce, muy chic, una tenida de lanilla negra y blusa en encajes blancos.

Anita Valdivieso de Errázuriz viste en este mismo color y lleva una capa en zorros argentés.

Sally de Urresty se ve muy bien en imprimé sobre fondo negro.

Marta Valdivieso de Díaz Salas luce una elegantísima tenida oscura y una bonita pareja de zorros azules.

Nina Pinto Riesco de Yánquez se ve muy chic en tenida oscura y zorros plateados.

Verónica Tupper está muy mona en su tenida oscura y paletó de lanilla claro.

Luisa Ward de Green muy chic con tenida oscura y pareja de zorros argentés.

Eliana Ward, en color beige y bolero en zorros argentés, complementa su toilette con un pequeño sombrerito en piel de zorro.

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Carlos García Huidobro, Director de la película «Dos corazones y una tonada», estrenada el lunes en el teatro Real. Le acompañan Gloria Lynch, artista que trabaja con entusiasmo en la película «Escándalo»; Teresa León, protagonista de «Dos corazones y una tonada»; Jorge Délano, el dinámico director de «Escándalo» y Jorge Délano (hijo).

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Al comentar «Dos corazones y una tonada«, lo primero que hemos de reconocer es que el cine nacional ha dado un paso gigantesco de progreso con esta producción que está muy por encima de las que hasta ahora se habían hecho en nuestro país. Nuestro primer deber es, por consiguiente, agradecer a todos los que en la cinta colaboraron, por el impulso que han dado a una industria que puede llegar muy lejos dentro de poco tiempo.

Naturalmente, la película no es perfecta; está muy lejos de serlo. Al enumerar sus defectos no pretendemos hacer una agria censura, sino, por el contrario, contribuir a que se desmalecen de fallas las producciones futuras. Para nuestro criterio, lo más deficiente es el argumento mismo que parece poco cinematográfico y de un interés bastante precario, tanto que la cinta habría resultado aburridora si no fuese que a los espectadores les animó la simpatía y agrado de asistir a una película chilena, donde los paisajes y rostros aparecen familiares para todos. También contribuyen a salvar la opaca monotonía de la trama, los chistes muy chilenos que, con gracia y desenvoltura, lanza Romilio Romo, como, asímismo, las tonadas de «Los cuatro huasos» y de Ester Soré. Pero, ¿por qué se obstinó el director en presentar como trabajadores del fundo a estos personajes que no tenían apariencia exterior de tal y a quienes sólo se les vió esgrimiendo -con arte y maestría- la guitarra? Sus trajes y modales eran demasiado cuidados; más de uno llevaba reloj pulsera, y Ester Soré usaba zapatos demasiado finos mientras amasaba el pan con uñas manicuradas y barnizadas. Carlos Huidobro debió haber intercalado estos valiosos personajes bajo otro carácter que estuviera más de acuerdo con su presentación.

Ya que empezamos a hablar de personajes, sigamos con el tema. Teresa León resulta mucho más atrayente y natural en la vida real que en la pantalla, donde nos parece excesivamente estatuaria y casi un poco inexpresiva. Rafael Frontaura no ha abandonado del todo sus ademanes de actor teatral y, debido a eso, su tono resulta declamatorio en ciertos momentos y sus ademanes poco desenvueltos, como si siempre se estuviera ateniendo al limitado espacio del escenario. Aun cuando su papel es relativamente secundario, el personaje que nos pareció con mayores condiciones de actor cinematográfico es Peter Yurik. Tiene soltura, un deplante y una naturalidad de que carecen los demás. Veamos ahora los defectos técnicos que son, por lo demás, disculpables, debido a la falta de elemtos de que aún adolece esta industria demasiado joven. De ellos los más sobresalientes y, al mismo tiempo, los más fáciles de evitar en una producción futura, son el sonido -que resulta estridente en algunos momentos, aun cuando tiene sintonizaciones muy acertadas-; la iluminación -que nos permite seguir en el rostro de los personajes la mayor o menos fuerza con que actúan los reflectores-; y el «decoupage», es decir, las transiciones de escena a escena, que son de una brusquedad excesiva.

Por último, que se nos permita hacer resaltar todavía un defecto más. Los dejan mucho que desear, y es un problema sencillísimo de solucionar en otras cintas. Junto a los actores vestidos de frac, vemos individuos vulgarmente ataviados. A Peter Yurik lo rodean en la ruleta personas que dan la impresión de que jamás hubiesen visto antes ese juego. ¿Por qué no buscar individuos que visitan y actúen más de acuerdo con el ambiente?

No porque hemos enumerado odiosamente algunas fallas, podemos dejar de reconocer que la cinta delata un esfuerzo grande que, no dudamos, permitirá cosechar abundantes frutos en producciones futuras.