Cine criollo: «Verdejo gasta un millón»
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Napoles, Italia

Cine criollo

“VERDEJO GASTA UN MILLON”

“Verdejo gasta un millón”, estrenada ayer en los teatros de la Italo Chilena, es una película hecha con toda seriedad y honradez entre ella y las que hasta la fecha se han producido en estudios chilenos hay mucha distancia; es el “paso adelante” que se esperaba hace mucho tiempo.

Distante también de la calidad de la producción argentina, tiene defectos que es últil señalar para que la nuestra se acerque a aquella y bondades en que es preciso insistir porque han sido una sorpresa para ese público que asiste a ver las cintas nacionales con pesimismo previo y con cierta displicente condescendencia.

Para nostros las cualidades esencials de esta película son tres: la fluidez del diálogo, la excelente toma de vistas, y el sonido: todo tres, elementos de técnica que indican que se ha trabajado a conciencia y que han intervenido especialistad.

Todas las últimas películas chilenas han fallado por el guión, muy fragmentario generalmente mal hecho o dicho. Esta vez ha habido unidad, dialogación fácil, amena, y salpicada de chistes de buena ley. Se da dado, además, realce a ese buen diálogo con intérpretes adecuados, es decir, con profesionales del teatro, salvo una excepción, Malú Gatica es bonita, elegante, canta bien y con emoción, pero no sabe decir. El agrado de su voz cuando canta se pierde cuando habla, resulta fría, dura y no vocaliza. Cuidando este detalle, importantísimo, por cierto, puede llegar a ser una excelente actriz del cine. Malú, en los comienzos de la película pasa como una figura simplemente decorativa, sin vida propia; en el sueño de Verdejo se anima y empieza a interesar y al final pone emoción sencilla, sinceridad.

Eso en cuanto a diálogo e interpretación. La toma de vistas ya dijimos, es excelente. Hay sobriedad en los enfoques, buen gusto y los panoramas del sur a través del lente de Enrique de Liguoro, cobran una irrealidad de fábula; todos reconocemos esos panoramas pero nos resultas más brillantes y más nuevos, como ni nunca los hubiésemos visto.

El sonido es otro de los aciertos de esta película; para los entendidos hay pequeños deslices , leves errores de sincronización que casi no se advierten, pero en todo momento, la articulación es perfecta y están bien buscados los efectos de distancia y cercanía.

Insistimos en que esta película es un verdadero acierto y que dará la pauta a la producción próxima. Insistimos también en que han intervenido en ella hombres que saben, que tienen experiencia y honradez profesional.

Y este triunfo debe ser compartido equitativamente por Sanhueza, De Liguoro, Retes, Conchita Busson y todos los artistas que tomaron parte de ella, porque cada uno aportó, indudablemente, todo lo que sabía.

Una nota de emoción, para los que estamos interiorizados de la vida de bastidores, fue la actuación de la “sombra” de ese viejo y querido artista que se llamó Andrés Sirvent.

El pùblico, por primera vez no salió defraudado; aplaudiò en diversas escenas y al final demostrò que ya cree en que el cine nacional puede empezar a ser una realidad.

EL TRASPUNTE INDISCRETO

 

Artículo publicado originalmente en:
Diario Ilustrado, 29 de Eenero de 1941.