Reflejos de la pantalla.- En torno de “Luz y Sombra”
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4 de diciembre de 1895
Santiago, Chile

Entre las personas que asistieron a la exhibición privada de “Luz y Sombra”, la admirable película de Coke, se comenta con entusiasmo la labor realizada por Francisco Huneeus Salas. Nosotros, ates de continuar examinando los diversos valores de esta obra, agregaremos unas últimas palabras acerca de este artista que se acaba de revelar.

Es vigorosísimo el trabajo de Huneeus en los últimos actos, en los cuales la intriga adquiere una ardiente intensidad dramática, y en las escenas tranquilas, el actor tiene matices, miradas, actitudes que nos hablan de un futuro creador que sabrá darnos las más puras realizaciones artísticas.

Es posible que su labor, en esta primera película, sea discutida. No en vano ha puesto en ella tanta personalidad y ha sabido avanzar por un camino propio. Pero no dudamos que el joven actor, dueño de tan delicado temperamento, sabrá recibir con indiferencia las palabras contradictorias que quieran turbar el desarrollo de sus hermosas facultades.

Con vivo interés  esperamos ver actuar al nuevo actor en otra película. Tenemos la seguridad de que nos dará otra sorpresa tan grata como la que nos acaba de dar.

Respecto a la presentación del incendio de La Compañía, nuestra sinceridad nos obliga a hacer unos reparos. Ese incendio es sólo un recuerdo de un personaje secundario, y, sin embargo, se le da proporciones de acontecimiento que tuviese importancia capital en el desarrollo de la obra. Como no posee esa importancia, esa visión resulta demasiado prolongada y rompe un poco la admirable unidad de la película.

Además, la impresión que dejan los diversos aspectos del incendio, no está a la altura de la obra. Si ese trozo fuese suprimido, o considerablemente reducido, la obra ganaría mucho. Y aunque la presentación de esa catástrofe  fuese brillantísima convendría reducirá o suprimirla para no dañar la unidad de la comedia.

Entre los recuerdos del tío Vicente, aparece una ventana antigua, a través de cuyos hierros él hablaba románticamente con la novia. Esa escena es admirable de gracia, de simpatía, de discreción. Por esa ventana, divisamos aquella época desvanecida. Creemos que bastaría esa hermosa escena y dos ligeros aspectos del incendio, para dar vida al recuerdo del tío Vicente.

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Artículo publicado originalmente en:
El Mercurio, Santiago, Lunes 17 de mayo de 1926.