CONTROL DE ESTRENOS: “La mano del muertito”
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UNA película intrascendente y con cierta gracia en las situaciones. No suma ni resta nada a la producción chilena corriente. Tiene el mérito de permitir que Lucho Córdoba cumpla una de sus mejores labores cinematográficas. La actuación fué en general discreta, destacándose, además de Lucho -la figura de relieve-, Rubén Darío Guevara, que tiene momentos realmente acertados en su caracterización del trastornado mental que colecciona gatos.

Como comedia de misterios, exigía mayor ritmo cinematográfico. Las situaciones divertidas y los chistes ingeniosos, intercalados en un diálogo liviano, escrito por el propio Córdoba, levantan el nivel general del film. Si se hubiesen cuidado los detalles, se habría ganado enormemente en categoría. Desde luego, se echa mano de expedientes demasiado usados para conseguir el ambiente terrorífico: unos esqueletos de utilería, limpios y lustrosos; una copa que baila sin disfrazar su grotesca artificialidad, el eterno cuadro sin ojos que deja mirar al intruso, etc. Sin analizar el argumento, cuya médula central está llena de incongruencias, el público encontrará una película diferente, que le divertirá y hasta la proporcionará sorpresas. El mayor mérito de José Bohr, en la dirección, estuvo en conseguir una interpretación pareja del conjunto de abigarrados personajes.

 

Artículo publicado originalmente en:
Revista Ecran, nº913, 20 de julio de 1948.