¿Caridad Cinematográfica?
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En el marco de un aviso, de esos que se colocan «entre lectura», el señor Valenzuela Basterrica, propietario de los teatros que estrenaron «Juventud, amor y pecado«, defiende este film, llamándola una paramount chilena… y el autor de estas líneas, indio con golpes de maza.

La intención del señor Valenzuela Basterrica es – una vez más – actuar como defensor, como padre-mejor dicho, como padrastro-de la cinematografía chilena.

Es un fenómeno curioso: es humano que un padre no vea o disimule los defectos de sus criaturas, pero un padrastro…

Mi ánimo, señor Director, no es perturbar el éxito económico que pueda tener la mencionada cinta. Por eso no entro a representar, minuciosamente, los errores que contiene y que el público sonriendo se transmite de boca en boca.

Pero ante la «avisada» defensa del propietario de los teatros en que se ha estrenado, debo decir: que las malas cintas, que toda cinta sin aceptación siempre da dinero en sus primeras exhibiciones. Es después, cuando fallan, cuando el público, que es un excelente crítico, da su juicio y deja de asistir a sus exhibiciones.

Proteger una película, creyéndola buena, en sus primeras pasadas por la pantalla, no tiene riesgos. Y acogiéndola en su nacimiento, se protege la cinematografía nacional en el período en que toda cinta, por mala que sea, deja una ganancia.

¿Nuestro jucio ha estado muy desacorde con el juicio que el público ya ha hecho de la mencionada cinta?

Artículo publicado originalmente en:
Las Últimas Noticias, 10 de abril de 1926