Ojos Rojos
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(2010)

El dicho popular señala que tres cabezas piensan más que una y el documental Ojos rojos de Juan Ignacio Sabatini, Juan Pablo Sallato e Ismael Larraín es un buen ejemplo de aquello. Tomando el fútbol y los procesos clasificatorios para los mundiales de Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, este documental bien podría haber caído en los clichés propios del medio deportivo, del sensacionalismo básico que usa y abusa de  la repetición en distintos ángulos de los goles que clasificaron a la selección nacional a la cita mundialera, la revelación de los ansiados secretos del camarín de Marcelo Bielsa o los testimonios de madres, esposas y profesores de los futbolistas, quienes no escatiman elogios para los protagonistas de la denominada “Roja de todos”.

Por suerte Ojos rojos carece de todo aquello, aquí los protagonistas no son los jugadores de la selección, ni Marcelo Bielsa, ni tampoco los goles. El equipo realizador decide que el gran protagonista es el fútbol y la pasión que provoca en nuestro país y en el mundo. Inteligente decisión, pues biografías  y repeticiones de la campaña de la selección vemos por doquier en estos días, cuando falta casi un mes para que comience el evento deportivo que significa el regreso de nuestro país a este tipo de competencias tras doce años de ausencia. Doce años en que los fanáticos debieron vibrar con triunfos ajenos. Sin embargo, tras la llegada de Marcelo Bielsa a la dirección técnica de la selección las expectativas e ilusiones aumentaron. Y qué decir de la posterior clasificación, logro que alteró la cotidianeidad de muchos, quienes al día siguiente de conseguido el cupo en el mundial efectivamente sintieron que la marraqueta era más sabrosa.

Una de las grandes virtudes de este documental es lograr traspasar la emoción que el fútbol provoca a los espectadores, sean estos fanáticos o  no,  pero sin descuidar en ningún momento  la calidad técnica, pues si hay que alabar un aspecto del largometraje es la calidad de las imágenes, que son de una belleza pocas veces vista en trabajos dedicados al deporte. Junto con ello, el registro es de una amplitud aplaudible, ya que además de haber logrado entrar a lugares usualmente vetados para la prensa, el documental captó reacciones de un mismo hecho en diversos lugares del país.

La producción de Ojos rojos también es un elemento destacable pues el largometraje se compone de varios testimonios de personas que viven, trabajan y vibran con el fútbol, tanto desde el profesionalismo como desde el mundo amateur. Los testimonios de personalidades  como Eduardo Galeano, Jorge Valdano e incluso el presidente Evo Morales se mezclan con la de fanáticos de distintos lugares del mundo, entre quienes se encuentra Sergio Riquelme, comentarista, relator y reportero de radio Futrono de Valdivia- quien realmente se roba la película-, y sus hazañas para poder seguir el proceso de la selección y comunicárselo a sus radioescuchas. El relator realiza análisis de antología, siendo el más significativo el apoyo que entrega en plena conferencia de prensa al fútbol de la selección cuando acababa de perder con su similar de Paraguay, mientras  los periodistas buscaban conseguir una cuña potente de Marcelo Bielsa, criticando su planteamiento en ese partido.

Al ver Ojos rojos cuesta encontrar algún hito del proceso que faltó y cuya ausencia sea importante en el descenlace de la cinta. Seguramente los hinchas más fánaticos podrían enumerar una serie de eventos y acontecimientos que debieron estar,  sin embargo, tal falta no es significativa pues en ningún caso  trunca el hilo conductor de la historia.

Calificar a Ojos rojos como un documental acerca de la selección chilena es injusto, ya que la producción tiene atributos de sobra para ser considerada una muy buena película, que alejándose de los clichés obvios y con una dosis de humor que se agradece,  logra dar cuenta de la realidad de un país que espera con ansias que el 16 de junio llegue pronto, con la esperanza que esta vez la suerte estará de nuestro lado y volveremos de Sudáfrica con algo más que triunfos morales.