Una opinión autorizada (A propósito de la película de Coke «Luz y Sombra»)
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Francisco Huneeus Salas, que interpreta la primera figura de «Luz y Sombra«, ha traído nuevos valores a nuestra cinematografía. Su sencillez, su sobriedad, su originalidad, desconcertarán en los primeros instantes. Este muchacho delgado y tímido, que a ratos parece que trabajara con temor, tiene aciertos formidables. Durante los ocho actos sostiene su tipo con una seguridad que llega hasta la maestría. En los episodios dramáticos vemos en su trabajo llamas de inspiración. No sigue a nadie. Es único.

En su rostro, que todavía conserva líneas infantiles, hay transparencia. Las alegrías, las angustias, las dudas, todas las emociones se asoman a sus ojos con una pureza desconocida. Y sus gestos están llenos de matices.

-El cinematógrafo recoge los más leves cambios del rostro – nos decía ayer. – El actor piensa algo, y después al verse en la pantalla ve que ese pensamiento se reflejó.

Tal vez Hunneus no sea nunca el ídolo de las muchedumbres. Pero, para un temperamento delicado como el suyo, poca importancia tendrán esas adoraciones que siempre son pasajeras. La innata tendencia que hay en este muchacho a hacer arte honrado, puro, superior, es lo que nos mueve a rendirle un homenaje caluroso.

Cada una de sus actitudes las estudió en los grandes cuadros de los pintores clásicos.

-Los pintores – dice Huneeus – conocen mejor que nadie todos los secretos de la plástica.

Carlos Roca – su personaje – es un joven pintor que vive bajo la protección paternal de un millonario. De la serenidad de una existencia fácil, circunstancias dolorosas lo arrastran a la cárcel, y está a punto de ser fusilado por un delito que él no ha cometido. Su papel, pues, le da margen para realizar una labor riquísima. Y la realiza. Pero la realiza en una forma tan personal, tan nueva, tan valiente, que no dudamos en calificarlo como el temperamento más interesante que hasta ahora se ha asomado a la pantalla nacional.

-Mucho se habla aquí – nos dice Huneeus – de la falta de capitales para producir buenas películas. Están en un error. No son los grandes escenarios los que atraen. Son las emociones, las almas, las vidas. Ya ven ustedes “La Quimera del Oro”. Aquellas escenas que más éxito han tenido fueron filmadas en una pieza pobre. Yo creo firmemente que lo único que hay que buscar es la realidad, pero hay que saberla buscar. Y la realidad es tan barata…

Artículo publicado originalmente en:
Las Últimas Noticias, Martes 18 de mayo de 1926.