Un triunfo completo obtuvo ayer “Juro no volver a amar”
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4 de diciembre de 1895
Santiago, Chile

Con salas desbordantes se estrenó ayer en los teatros Septiembre, O´Higgins y Brasil la primera cinta nacional de lujo: “Juro no volver a amar”.

El anuncio de que “Juro no volver a amar” era una producción de ambiente aristocrático llevó a presenciar su estreno un  público distinguido, formado por las mejores familias de nuestra sociedad.

“Juro no volver a amar” desde sus primeras escenas logró la más franca aprobación, aprobación que fue entusiasmando a los espectadores al extremo de aplaudir con calor las escenas más culminantes de la película.

El argumento de la cinta es sencillo y sin rebuscamientos cuenta el caso de una joven heredera que, mimada por sus padres, se educa con un protegido al que ella quiere como hermano. Luego este cariño de hermanos se transformará en amor, y cuando el muchacho ha logrado su suprema ambición de hacerse médico, ve que sus relaciones son bruscamente cortadas por los padres de la muchacha que, en su orgullo, lo expulsan del hogar en que fue criado. Luego la muchacha es obligada a casarse con una aristócrata joven y un vicioso empedernido, y que sólo tiene su figura gallarda y distinguida y una frescura inaudita para explotar sus apellidos y abolengos.

Lo inevitable tiene que suceder: el joven y licencioso marido derrocha la fortuna de su mujer luego, cuando le niega dinero, la golpea y se fuga con su hija. Aquí viene una escena impresionante en alto grado, como es el choque del automóvil en que huye con el expreso de Valparaíso.

La cinta, en su aspecto técnico, es un formidable exponente del grado de progreso que en esta materia se ha alcanzado; su fotografía es nítida e impecable, y el cameraman ha revelado condiciones artísticas, dando efectos de luces bien llevados y mejor impresionados. Este detalle se valoriza más, si se considera que ha sido filmada la película en una máquina hecha e inventada por el laborioso e inteligente obrero chileno Luis E. Pizarro.

La interpretación de la cinta es un motivo de orgullo para la Coke Film, pues todos los artistas se han revelado actores de primera fuerza, especialmente Guillermo Yanquez, un galán de trabajo sobrio y mesurado, que sabe dar valor al gesto y al detalle. Su parecido asombroso con Wallace Reid, es otro detalle que agradó al público.

El capitán Ramón Cañas Montalva se demostró un artista que sabe subrayar su rol dándole un relieve y una acentuación definida al difícil papel de aristócrata vividor. Un detalle importante en el trabajo del capitán Cañas es la forma elegante y de buen gusto cómo vistió al personaje a su cargo.

Fernando Santiván, en su papel de padre millonario, logra darle tal vigor y sobriedad, que creemos sea difícil encontrarle un artista de la pantalla que pueda superarlo, viniéndose a la memoria sólo el nombre del gran Teodoro Roberts.

Los niñitos Délano hacen un trabajo admirable, y seguramente pronto gozarán entre nosotros de una popularidad tan grande como la de Pirulita y Jackie Coogan.

La parte femenina está encomendada a Stella Maris, bello tipo de mujer, que ha revelado innegables condiciones para el cine: la señora Eliana de Santiván que marca con distinción su rol de madre millonaria, y Rosario de la Serna, que da carácter a un tipo de vampiresa.

“Juro no volver a amar” se da hoy en los teatros Esmeralda, Brasil y Septiembre.

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 Nota: El texto ha sido transcrito respetando la ortografía que presenta el artículo original.

Artículo publicado originalmente en:
El Mercurio miércoles 1 de abril de 1925