Un importante estreno de arte nacional
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10 de junio de 1899
Iquique, Chile

La Sala Imperio dará a conocer hoy la celebrada película porteña, “Esclavitud”, calificada como la más completa producción de la cinematografía chilena.

Hoy, en sus funciones vespertina y nocturna, y con un programa musical apropiado que ejecutará la orquesta Grazioli, la Sala Imperio dará a conocer al público de Santiago la película nacional “Esclavitud”, que el público porteño ha ovacionado y mantenido brillantemente en el cartel durante más de ocho días consecutivos.

En Valparaíso correspondió al Teatro Imperio el presentar esta cinta de arte chileno y su estrée fue realizada a teatro desbordantes de una concurrencia que supo valorizar los méritos bien claros de esta obra y celebrar el esfuerzo gastado por sus autores y editores para llevarla a la pantalla.

Hace poco tiempo que otra película, filmada como ésta bajo la dirección de Alberto Santana, confirmó, poco más o menos, con el éxito obtenido en la capital, el que ampliamente lograra en Valparaíso y demostró que nuestra cinematografía iba por un franco camino de progreso. Hoy es “Esclavitud” la obra que, sin aparatosidades de propaganda, sin exageraciones y sin bombos, ha venido a demostrar, por lo menos entre el público porteño, que la cinematografía chilena es una hermosa realidad, que cuenta con un porvenir halagador.

Esclavitud” es una película que deja la impresión, según las referencias que tenemos, de una cinta americana filmada en nuestra propia tierra. Tiene argumento que no es criollo ni precisamente local; envuelve un drama que en cualquier parte del mundo pudo ocurrir; pero hay en ella trama interesante, hay resorte dramático, hay movimiento escénico rápido, inquieto, como la vida misma y sus personajes están acertadamente observados y luego caracterizados. A estas cualidades agrega las de su espléndida fotografía, de su técnica de dirección inspirada en la experiencia larga, que ha dado ya fracasos y triunfos, y a la no omisión de sacrificio alguno pecunario, hasta el punto que su costo alcanza a noventa y ocho mil pesos.

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 Nota: El texto ha sido transcrito respetando la ortografía que presenta el artículo original.

Artículo publicado originalmente en:
El Diario Ilustrado, 2 de junio de 1924.