«Todo por la Patria» (Estreno)
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1880
Italia

En nuestro ambiente cinematográfico, la presentación de una pieza nacional, debida a nuestra propia industria filmadora, constituye un verdadero acontecimiento. No es extraño, pues, que la noticia del extreno de «Todo por la Patria«, película editada por la Casa Hans Frey, haya producido gran espectación.

Una concurrencia enorme se dio cita en los teatros Alhambra y Unión Central, deseosa de presenciar el estreno de la película. En realidad, las aposentadurías de ambos cines se hicieron estrechas para contener el inmenso número de espectadores que deseaban ver la cinta.

Una atmósfera de simpatía, muy propicia para el éxito, flotaba en la sala de Alhambra, a donde fuimos por nuestra parte, deseosas de aquilatar la impresión del público en la noche misma del extreno. Las películas nacionales, con ambiente propio nuestro, encuentra en el público una aceptación extraordinaria. Las piezas que reunen, pues, belleza y valor artístico, tienen asegurado de antemano un éxito franco y completo.

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«Todo por la Patria» se ha encontrado en este caso. Su presentación ha sido un gran triunfo para la casa filmadora, para su autor, señor Luis F. de Retana, para su director artístico Arturio Mario, y para sus intérpretes, en su mayoría chilenos, con la sola excepción de Arturo Mario y su esposa María Padín.

En cuanto a la impresión personale que la obra nos haya producido, debemos confesar, francamente, que no sabríamos ser imparciales, ya que el éxito de «Todo por la Patria» tiene la gran significación de ser un triunfo nacional y, sobre todo, un triunfo de nuestra naciente industria cinematográfica.

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 MARÍA PADÍN

Nos limitaremos, pues, a decir que el público no sólo ha encontrado esta pieza muy de su agrado, sino que la ha aplaudido con entusiasmo. Al ver pasar por la tela los paisajes de nuestros campos y al ver moverse en ella a los sencillos pobladores de nuestras aldeas, así como al ver las escenas patrióticas del asalto y la toma del morro de Arica por nuestros propios soldados de línea, el aplauso brotaba expontáneo, vigoroso, ardiente, entusiasta, de todos los ámbitos de la sala. Algo de un soplo patriótico parecía que flotaba en el ambiente y electrizaba los corazones.

¿Qué más podría desear el autor de esta obra? ¿Qué más podría ambicionar la casa filmadora? ¿A qué otro más alto galardón podrían aspirar los intérpretes del drama?

Artículo publicado originalmente en:
La Semana Cinematográfica, Santiago, nº4, 30 de Mayo de 1918.