«Génesis Nirvana»: La precariedad de la venganza
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¿Qué pasa cuando la justicia no hace su trabajo? ¿Qué sucede cuando una persona común y corriente decide transformar la venganza en justicia? Las múltiples debilidades del sistema judicial han sido tema para muchas películas, la idea de que una persona cualquiera decida ajusticiar a quien el sistema dejó libre no es muy original –de hecho volveremos a hablar al respecto en un par de semanas con el estreno de la premiada Matar a un hombre– quizá es por eso que los realizadores de Génesis Nirvana intentan buscar otros lugares desde donde dotar de originalidad esta historia, y lo logran, aunque con dificultad, en varios sentidos.

Lo que vemos en estos 71 minutos de película es el testimonio de Patricia -una joven mujer que vive en la Villa Portales de Estación Central y trabaja de feriante- que decide matar al asesino de su hija, Génesis Nirvana. Para lo cual, primero, debe conseguir un arma, lo que le resulta mucho más complicado de lo que parece en primer momento. Situar la acción en un contexto nacional, actual y popular tiene su mérito, especialmente porque permite dotar a la película de un imaginario visual que es especialmente rico y que, aunque pueda aparecer ligeramente estereotipado, logra con otorgarle al filme, una atmosfera particularmente interesante.

Luego, la propuesta narrativa instala el testimonial como centro. Patricia decide registrar todos los hechos que siguen a su decisión. Es así que desde una “cámara oculta” en su cartera vamos acompañándola en su proceso de conseguir el arma y concretar el asesinato planificado. Este recurso, tampoco es muy original y aporta irregularmente a la narración. Por una parte va generando una profunda identificación con la protagonista, aunque por otros momentos puede resultar bastante agotador para el espectador, con todo –en mi opinión- resulta tremendamente eficaz para concluir la película.  Esa “cámara oculta” y sus grabaciones, no son los únicos elemento subjetivos de la narración, constantemente vemos los recuerdos y alucinaciones de la protagonista, y sus acciones miradas desde afuera pero en cámara rápida también van explicitando la construcción del discurso y las influencias cinematográficas de su director.

Lo más potente de Génesis Nirvana son, por lejos, sus actuaciones. Secundarios como Paulina García, Ramon Llao o Alejandro Goic –que tiene un escalofriante primer plano en silencio- le dan densidad y credibilidad a este relato, pero sobre todo es el trabajo de la tremenda Mariana Loyola que sostiene toda la película. No es novedad reconocer el talento y el carisma de esta actriz, pero lo que hace en este filme es de una valentía y un arrojo pocas veces visto en nuestro cine. Incluso en los momentos en que su actuación resulta excesiva, se puede leer desde la situación extrema en que se encuentra el personaje. Es en esta elección actoral y de guión – el que sea una mujer chilena común la que decida volverse homicida ante la impotencia y el dolor-, en donde están los mayores méritos de Génesis Nirvana.