Fidocs 2012: Hardcore, una revolución silenciosa
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25 de abril de 1978

A mediados de los años 90, de manera subterránea pero no por ello silenciosa, se fraguó un movimiento musical autodenominado «Hardcore». En el documental dirigido por Susana Díaz los protagonistas se apuran en demarcar sus límites: musicalmente más potentes que el punk y fuertemente catárticos en sus letras. Si bien era un movimiento que se había fraguado ya casi 20 años antes en Estados Unidos e Inglaterra, el hardcore a la chilena llegaba en un contexto social que posibilitaba su explosión. Esto es justamente lo que el documental busca instalar.

A través de un montaje bastante hábil en estructurar una abundante cantidad de imágenes, personajes y datos para que ninguno de estos quede sobrando (es más, cada uno termina siendo esencial y coherente), Hardcore, una revolución silenciosa justifica su existencia al no encerrar todo en el ritmo o en lo anecdótico que podría haber sido un movimiento musical que no sobrevivió bien al fin de siglo. Sus alcances siempre son mayores al darle coherencia a esa rabia y gritos guturales de estas melodías al enfrentarlos a un país en donde todo estaba fuertemente controlado y en donde el mercado funcionaba (y funciona) como el medidor del éxito.

Marginados y enrabiados por este amarre social que solo ofrece como horizonte el consumo, los protagonistas van explicando o descubriendo lo que crearon en la época. Así, enfrentándose sólidamente a esta idea bastante vacía y proveniente de una sociología facilista que habla de los 90 como «década del no estoy ni ahí», el documental devela una presencia y una conciencia que cuestionaba entonces fuertemente lo que pasaba y que más que marginada, fue invisibilizada. Y si bien esta fue primitiva (lo que  provocó su autodestrucción al provocar desvíos inclusive fascistoides de ciertas facciones), da cuenta de  la germinación de una rabia juvenil y social que tal vez explica a los movimientos sociales actuales, una década y una generación después, en donde se demuestra una desazón ya más madura y organizada. Porque la rabia no es sorpresiva, se incuba.

De esta manera, si una de las bases de un buen documental es la revelación de una realidad oscurecida, la cinta cumple con este requerimiento a cabalidad y lo hace, además, con un ritmo emparentado con la pulsión del hardcore: frenético, sincero y rebeldemente poco pulcro.

 

Nota: El primer documental de Susana Díaz, Supersordo. Historia y geografía de un ruido, está completamente online gracias a Cinepata.com