Entrevista a Gonzalo Maza
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Una de las cosas que ha querido hacer FIDOCS, desde sus orígenes, es acercar el documental al público y esto a través de una parrilla atractiva, de una selección muy cuidada, pero también poniendo los documentales en salas accesibles  y a precios accesibles. Cuéntanos un poco de eso.

-Sí, lo que más nos importa a nosotros en FIDOCS es hacer un festival que difunda el documental. Esa es nuestra primera prioridad por sobre todas: que la gente vea documentales, que se acerque a conocerlos y que no tenga este resquemor que la gente habitualmente tiene con los documentales de pensar que tiene que estar preparado para ver un documental o que tiene que tener el tiempo para ir a hacerlo y todas esas excusas que nos ponemos para no hacer algo.  En el caso del festival lo que hemos querido hacer es transformarlo en una instancia donde uno pueda moverse entre una sala y otra, que estén muy cercanas, en el centro de Santiago. Se trata de la Sala Cine UC, Lastarria 90 y la Cineteca Nacional, más el Museo de la Memoria que es la nueva sala que se incorporó este año. La idea es que uno tenga muchas posibilidades de ver películas y se atreva a ver películas que de otra forma no habría tenido la posibilidad de ver, porque son de difícil acceso.

Además está el tema de que por nuestro consumo televisivo estamos acostumbrados a tener acceso a cierto tipo de documental, como los clásicos del NatGeo o Discovery, pero aquí estamos hablando de documentales hechos para cine, por lo que también es significativo verlos en pantalla grande.

-Exacto y son películas que han recorrido el mundo. Cuando llegan acá han estado ya en muchos festivales antes, son películas que no puedes bajar por internet, entonces estamos apostando a ofrecer una experiencia específica para ver películas documentales. Además hay que atreverse a verla y si tú entras a una sala y no te gustó la película, puedes salir y entrar a ver otra en otra sala, porque tenemos un abono que te permite pasear por todas las salas libremente pagando $6000, en el fondo, el precio de tres entradas. Este año tenemos como 70 películas y 100 funciones.

FIDOCS ya tiene catorce años de historia, Gonzalo. ¿Qué sientes tú que ha cambiado en Chile respecto al cine documental?

-El cine documental ha explotado fuertemente, de hecho hay una generación de documentalistas muy potente. Se trata de querer contar aquello que los medios de comunicación en general no se atreven a contar o no les interesa contar. Ese es el gran tema, mostrarles a las personas aquello que los medios tradicionales no muestran porque no tienen el tiempo o simplemente porque no lo pueden ver. El documental esté relacionado a denunciar cosas, pero también a fijarse en detalles que requieren una capacidad de información más delicada, a detenerse, a quedarse pegado mirando algo. Lo que está detrás del trabajo de todo documentalista es una convicción, de mostrarle al resto algo que él siente que no han visto. Eso es súper bonito. Yo estoy muy orgulloso de estar en este festival porque, de alguna manera, en cada documental hay una sorpresa, un aspecto de la realidad que si no hubieses visto la película no te habrías fijado porque todos corremos en la vida pensando en otras cosas, en nuestros problemas, pero a veces es bueno detenerse un minuto y ver qué pasa con la realidad y yo creo que el festival es la mejor instancia. Además lo hacemos en invierno justamente por lo mismo, nos interesa esta cosa media introspectiva de detenerse para ver lo que está pasando en Chile y en el mundo y conversar sobre eso, tomándonos un café con los amigos.

Además me da la impresión que en los últimos catorce años han cambiado cosas también en términos del lugar que ocupa el documental dentro de nuestro cine y a nivel internacional. Por estos días estamos asistiendo al fenómenos de Ojos Rojos, que está relacionado con el fútbol, pero es un documental  que ha llevado a más de cien mil personas a las salas, cosa que para cualquier película en Chile es difícil de alcanzar. Estoy pensando en películas anteriores como Ángeles negros y  La ciudad de los fotógrafos, que se estrenaron en multisalas y que además tuvieron repercusión en prensa, se salieron del circuito en donde teníamos “domesticados”  los documentales.

-Sí, el último documental que había llevado tanta gente había sido Salvador Allende que llevó 60 mil personas. Lo que está haciendo Ojos rojos a mí me tiene muy contento por la capacidad de los directores de captar algo que está en el ambiente y trabajándolo durante ocho años, ellos estuvieron todo ese tiempo metidos con la selección. Ellos, de manera muy cuidada además, se enfrentan al tema. Es decir, esto no es un reportaje de televisión. Yo soy periodista, pero soy muy crítico con el trabajo periodístico. Un periodista casi nunca tiene el tiempo para dedicarse a algo durante mucho tiempo, normalmente va a una nota, graba dos o tres minutos y se va. Incluso si está en un mismo flanco, como un periodista deportivo, tampoco es capaz de hacer algo así porque no tiene el tiempo, ni la paciencia, ni la distancia para hacerlo. En Ojos rojos ellos apostaron a algo hace ocho años, comenzaron a grabar de a poco y vieron todo un proceso completo e hicieron una campaña de marketing bastante buena con ciertos recursos limitados y además se asociaron a la empresa privada. Este es un muy buen ejemplo de que a la gente le interesa ver documentales.

A mí eso me entusiasma de Ojos rojos porque, por supuesto parte importante va por la fiebre futbolera, pero se van a enfrentar a un documental y en ese ejercicio pueden darse cuenta de que pueden ver uno y entretenerse. Eso es una ganancia.

-Los documentales tienen fama de lateros, difíciles, cabezones y de ser subjetivos. La gente dice “esta cuestión es la opinión de esta persona, yo no opino lo mismo”, muy influenciada por el discurso periodístico de la imparcialidad. Los documentales son parciales, tienen un punto de vista sobre la realidad y creo que eso es muy bueno porque enseña a debatir. Al salir de la película uno puede estar de acuerdo con lo que se dijo o no, pero eso empuja a debatir y me parece que el debate en Chile requiere todavía de inyecciones de energía y que se pueda debatir sin golpearnos. Podemos discutir de cosas sin que eso signifique el fin de una amistad o una pelea mayor.

Quería preguntarte respecto a las actividades que va a haber dentro del festival.  Particularmente de la nueva edición de la Escuela de Espectadores, que es una invitación a conversar con los realizadores respecto a lo que hicieron, ¿no?

-Exactamente. Yo admiro lo que hace Javier Ibacache, que también lo hace con la danza y del teatro. Nuestra formación de espectadores está básicamente pega a la televisión, con suerte en el cine, pero hay otras áreas un poco más complejas y es necesario saber qué es lo que hace una persona para realizar una película o un espectáculo de danza u otras áreas. En el caso de los documentales, ellos hacen una conversación tipo “actors studio” donde sientan adelante al director, le muestran algunas de sus películas, conversan sobre ellas y luego el público participa. Eso es fascinante.  Va de martes a jueves a las 13:30 hrs. Uno de los personajes que participa en la Escuela de Espectadores, y que me gustaría recomendar, es Patricio Guzmán.

A propósito uno de los mayores atractivos de Fidocs este año es la retrospectiva de Patricio Guzmán. Cuéntanos un poco sobre eso.

-Nosotros tramitamos todas las películas que él tiene e hicimos copias nuevas que son las que se van a exhibir en el festival. El festival tiene una deuda con Patricio. Él fundó el festival hace catorce años y lo dirigió durante once, yo lo estoy dirigiendo hace tres años.  A mí me llamaba la atención que siendo un festival de documentales las películas de Patricio casi nunca se daban, es decir, se exhibía la que sacaba ese año pero no para atrás y se trata de películas de muy difícil acceso en Chile. De hecho, La batalla de Chile recién apareció en DVD el año pasado y las otras películas que había estaban en VHS pero de los años ochenta y también de difícil acceso. Como ahora estamos en el Bicentenario pensé que había llegado el momento de hacer una retrospectiva Patricio tenía algunas dudas, pero a mi gusto no había nada que justificar. Él está en el mejor momento de su carrera; acaba de estrenar una película en Cannes con excelente recepción y le dieron un premio paralelo porque estaba fuera de competencia. Lo que a mí me sorprende es que Patricio terminó esta película en octubre  y ese mismo mes le confirmaron que estaba en Cannes, entonces no es que estuvo esperando hasta la última semana, sino que entró por la puerta ancha.

Y Nostalgia de la luz se viene directamente desde Cannes a FIDOCS…

-Inaugura el festival y luego tiene dos funciones en la Cineteca. Y bueno, estamos en el año del Bicentenario, qué mejor que hablar de los últimos 40 años de la historia de Chile a través de las películas de Patricio Guzmán que van desde La batalla de Chile que habla del año ’70 hasta ahora con la Nostalgia de la luz, pasando por películas que tratan sobre la Vicaría de la Solidaridad, otras sobre el caso Pinochet, Salvador Allende, etc. Si hay alguien que ha estado pensando la historia de Chile en los últimos 40 años es Patricio Guzmán. Creo que son películas que son súper vigentes porque tú al verlas te das cuenta de que muchas cosas no han cambiado y otras sí.

Y responder cómo hemos llegado hasta acá, al país que tenemos hoy día. A propósito de eso mismo quería destacar Gonzalo la inclusión del Museo de la Memoria como sede. Me parece muy significativo, porque eso nos habla de un rol que tiene el documental.

-El documental es memoria, ese es el tema esencial. Hacer un documental es dejar un registro para la posteridad. El Museo de la Memoria fue muy receptivo a la petición –como lo han sido las otras salas también -y de hecho nosotros vamos a inaugurar las actividades en la sala del museo. Fue súper bueno porque tiene una sala excelente, es como un Hoyts pequeñito en la Quinta Normal. Tiene un audio increíble, proyección buenísima. En respuesta a eso decidimos que las películas vinculadas a Derechos Humanos las daremos allá, tanto las de la competencia nacional-que van en mejor horario- como las internacionales que tengan que ver con Derechos Humanos. Además hicimos una muestra especial de Derechos Humanos, un foco, con películas internacionales que tratan desde la salida de Manuel Zelaya de Honduras hasta un paseo que hace un señor que se llama Gonzalo Arijón de la mano de Eduardo Galeano por distintos países, analizando el proceso político que llevó a la presidencia a Lula, Evo Morales, y Hugo Chávez. Es muy interesante esa película. Sabíamos que existe un público asiduo a este tipo de películas y temáticas así que qué mejor que en una sala especialmente dedicada a eso.

Además ustedes tienen notables invitados que van a participar del festival.

-Sí, bueno nosotros pensamos mucho en los estudiantes que quieran hacer películas documentales. Hacemos una instancia que se llama Escuela FIDOCS donde invitamos a los mejores estudiantes de las escuelas de cine y además tenemos actividades abiertas para el público general que le interesa el mundo documental que son las clases magistrales o “master class”. Hay una de Patricio Guzmán que cuenta cómo hizo Nostalgia de la luz  y otra que hacen Katell Djian y Olivier Schwob. Éste último trabajó con los hermanos Cohen como sonidista de documentales y con mucha más gente. Katell Djian es directora de fotografía de Nostalgia de la luz pero también de (Nicolas) Philibert y un montón de otros cineastas de documentales muy importantes en Europa. Entonces creo que cualquier persona que esté interesada en el documental debería pasar por ahí porque de hecho el nombre de la clase es bien paradigmática porque se llama “La cámara invisible, el sonido silencioso”, es decir, para hacer un documental, tienes que desaparecer.

Hacemos un llamado entonces a las escuelas de cine y de periodismo y a los institutos técnicos también a movilizar sus clases esta semana hacia Fidocs…

-Sí, además que esto va el miércoles y jueves a las 16:30 hrs. en la Universidad Católica. En todo caso está todo en www.fidocs.cl. Los abonos se compran en la boletería de la sala de cine UC.