Entrevista a Gloria Laso, directora de «Viejos Amores»
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24 de octubre de 1947
Santiago, Chile

El segundo trabajo de Gloria Laso como documentalista es bastante fiel al propósito que ya tenía su primera película, Buschmann, Comunista con el favor de Dios. El rescate de una vida simple y directo, de experiencias contadas en primera persona, sin ninguna interrupción narrativa que no sea ellas frente a cámara. Simplemente las voces, en el caso de Viejos Amores, de siete destacadas actrices chilenas: Carmen Barros, Nelly Meruane, Gabriela Hernández, Liliana Ross, Bélgica Castro y Gloria Münchmeyer. Pero no están contadas en detalle sus anécdotas teatrales, sus reflexiones sobre sus grandes papeles. Lo que Gloria Laso busca y logra, es un cruce de experiencias de vida, pero que van muy atadas a conformar la mirada respecto a un siglo. Está la infancia, los amores y la carrera de cada una contadas sin ninguna atadura, revelando incluso duras experiencias matrimoniales. Pero entre medio, se cuelan sus vivencias ante hechos como la Segunda Guerra, el golpe y la dictadura.

Una amalgama histórica que da luces no sólo de la historia del teatro, sino también de las dificultades de ser mujer en Chile, algo que puede ser peor, contrario a lo que uno puede creer, si se es artista y talentosa. Todo de la mano de entrevistas que nunca parecen forzadas, ya que Laso usa muy sobriamente a su favor su amistad con cada una de ellas. Sinceridad que mantiene en pie este documental hecho con sencillos dispositivos, pero con emotivos y reveladores alcances.

Esta entrevista a Gloria Laso fue realizada durante el programa Radiópolis, de Radio Universidad de Chile.

¿Porqué hacer un documental enfocada en estas siete actrices?

Yo siempre he estado interesada, como mucha gente de mi generación, en la memoria, en guardar la memoria lo más que podamos. Ya había hecho un primer documental sobre Sergio Buschmann que en el fondo es la memoria de los honestos que perdieron y que nunca cosecharon nada después de haber dejado sus vidas y su familia para pelear contra la dictadura. Entonces pensé que era importante guardar memoria y, como Sergio era también actor, ahí empezó un poco la reflexión de lo importante que es guardar la memoria de los actores para los actores de mañana. En este país no se respeta mucho a nadie, pero menos se respeta a la gente pasado los 50, 60 años, para qué decir si pasaste 70. Y si eres mujer tampoco se te respeta nada, entonces ser mujer y mayor es una sobredosis de falta de respeto. Entonces trabajando con el mismo equipo de Aconcagua Producciones, y tras conversar con Esperanza Silva (presidenta de Chile Actores), surgió la posibilidad de hacer este proyecto con Gestionarte, una fundación que va en apoyo a los actores y ha desarrollar una cantidad de proyectos e ideas. Rápidamente reciclé este tema de “resguardar memorias de mujeres”, de mujeres mayores y de los actores. Para mí lo más importante era escuchar sus historias y la Historia a través de una persona que la vivió, que es algo muy distinto que leerla en los libros.

Lo interesante del documental es que justamente sólo ellas hablan, no hay una voz en off o alguien que las las vaya contextualizando. Es directamente la historia de ellas.

A mi me carga la voz en off. Me gusta eso de ir enhebrando temas, entonces estructuré la película como una sola vida. Va desde un nacimiento hasta el final de la vida, enhebrando los procesos por los que todos los seres humanos pasamos. Entonces tú miras la vida de ellas, pero al mismo tiempo vas reflexionando sobre la tuya. La valentía que ellas han tenido o cómo enfrentaron los miedos, o cómo enfrentaron las situaciones de separación, de violencia de los maridos. Muchas cosas que por las que hemos pasado todas, pero que en el fondo al verlas en una tercera persona te permite una reflexión sobre tu propia vida. Creo que es un aporte porque creo que la gente piensa poco sobre su vida.

¿Por qué ellas siete, cómo las escogieron?

Yo las escogí porque, bueno, hay muchas actrices buenas y maravillosas, pero en cada una de ellas yo tenía una relación personal. La Gaby Hernández era muy amiga mía desde España, cuando estábamos las dos viviendo allá, mientras yo estaba en el exilio. La Carmen Barros es pariente mía, el papá de la Carmen es primo de mi abuela. La Gloria Münchmeyer es de Viña, igual que yo. La Liliana Ross era casada con Hugo Müller, que fue mi primer director en televisión cuando yo estaba en la universidad. La Nelly Meruane era la mejor amiga de mi suegra, que también era actriz y a quien está dedicado el documental, Elena Vidal, una mujer maravillosa, guapísima y gran actriz. Entonces habían unas historias de cariño con cada una de ellas, lo cual también me facilitó harto la pega, porque es distinto cuando conversas con un amigo, con alguien que has conocido toda tu vida que cuando te hacen una entrevista de prensa, porque ahí uno tiene una tendencia de ponerse a la defensiva. Yo creo que eso fue bien positivo para el documental.

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Eso justamente te quería preguntar, porque son muy sinceras y abiertas. ¿Nadie se negó a ningún tema, fue así tan natural como se ve?

Fue así, y no es tán fácil exponerse. Yo estaba un poco asustada para el estreno porque la Gaby Hernández era la única que la había visto y justo no estaba. Y también yo estaba bien a la expectativa de qué les iba a parecer porque hay momentos bien expuestos, como cuando la Nelly dice que llegó a los 40 años y estaba solterona, y no encontraba el amor. O la Carmen Barros cuando dice que “nacía una guagua y mi marido se iba”. Entonces hay un atreverse a decir cosas, porque las personas en Chile tienen una necesidad de montarse un personaje, de hacerse siempre los macanudos, como que aquí nadie le ha pasado nada, aquí nadie ha sufrido. El hecho de que la gente se atreva a decir “lo pasé mal aquí, sufrí con esto otro”. O Gloria Munchmeyer, uno la ve como una vaca sagrada, actuando maravillosamente y dice “yo me pasé cinco años aterrada, no me atrevía, no sabía, sufría actuando”. Esa honestidad para hablar de tus debilidades, o de tus penas o dolores, es bien poco corriente en Chile. Yo creo que es bien valiosa y es un ejemplo a seguir.

¿El título nace de la canción de los créditos? (Un viejo amor, cantada por Pedro Vargas)

En el fondo ellas son un viejo amor para mucha gente. Yo ayer fui a ver a la Nelly, pasó un caballero y le dijo: yo me muero por amor por usted, la vi en La Madrastra y ¡eso fue hace 40 años! Entonces en el inconsciente colectivo de este país uno las ha visto crecer. Fueron amor en un momento de la vida para mucha gente. Ha pasado el tiempo, están mayores, pero siguen siendo un viejo amor. Como dice la canción, no se olvida ni se deja, pero nunca dice adiós.

Comentamos que este es tu segundo documental tras Buschmann, Comunista con el favor de Dios. Con una carrera destacada como actriz, ¿por qué surge esta necesidad de hacer documentales?

Mira nunca son necesidades, son ganas, son deseos. Yo viví muchos años con Patricio Guzmán, que es un gran documentalista, probablemente uno de los mejores vivos en el mundo. Yo trabajé bastante con él, sobretodo en la difusión de La Batalla de Chile, cuando vivíamos en España y en Cuba. Y ahí empecé a meterme en el mundo del documental y me gustó mucho. Estuve en toda la edición con él y Pedro Chaskel en La Habana para la tercera parte de La Batalla, que es la menos taquillera porque se refiere a los obreros: “El poder popular”, es muy conmovedor. A mi siempre me ha gustado el cine, pero en mi época había muy poco cine y ya era raro ser actor, casi no habían escuelas de cine acá. Estaba la Escuela de Artes de la Comunicación que es donde estuve yo, pero vino el golpe y todo se fue a la cresta. Entonces, a partir de estos años con Patricio, trabajando con él, me quedó todo esto del documental. Pero después a mi me dieron la “beca Valech” (antes me dieron la “beca Pinochet”), y tuve la posibilidad de estudiar hace cinco años atrás. Hice entonces una licenciatura en la Escuela de Cine de Chile. Mira, no sé si habré aprendido mucho, pero te permite ser más orgánico y tener el piso para meterte a hacer algo que no es tu oficio hasta ese momento. Bueno, de ahí salió Buschmann y Viejos Amores, y seguirán saliendo cosas porque me encanta hacer documentales.

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¿Cuánto tiempo te llevó la grabación y el armado de Viejos Amores? Porque me imagino que no fue fácil.

Grabamos 22 horas para un corte de hora y media. Estuve un día con cada una, pero todo el día. Según ellas las exprimí, las estrujé y las drené. No tenía muy claro cómo la iba a estructurar cuando empecé, pero trabajé con Nicolás Venegas, que fue genial porque estaba enamorado de todas. Rápidamente se estructuró la idea de hacer una vida de siete vidas, entonces ahí fui como enhebrando por temas. O sea, los mismos temas te van llevando unos a otros, porque es lícito y legítimo hacer voz en off como una especie de línea de tiempo, pero yo encuentro que es más entretenido que las mismas personas vayan enhebrando este entramado y llevándote a un lugar. En el fondo en el documental hay tres relatos. Primero que nada, está el alma de Chile, porque son siete personas y dos descienden de familias antiguas, otras son hijas de inmigrantes palestinos, que hay muchos en Chile. La Gaby Hernández y la Bélgica Castro son hijas de españoles anarcos que se vinieron por la guerra y el hambre; la Liliana Ross por la Segunda Guerra desde Italia. Entonces, en el fondo, conforman un poco la raza chilena, hecha con inmigrantes del siglo XX, más los españoles que llegaron antes. A partir de esta alma colectiva se van construyendo las historias personales de ellas, que son las de cualquier mujer, con las mismas alegrías y penas. Pero también la historia de ellas como actrices y toda la historia del teatro chileno, que es la parte interesante para nosotros los actores y para los actores del mañana. Y por último, está toda la historia de Chile y todo lo que nos tocó vivir. O sea, es loco que alguien diga: “mi papá me dijo métete debajo de ese bote y las bombas levantaban olas de 4 metros de alto”, como dice la Liliana Ross. O la Carmen Barros dice que su papá era embajador de Chile en la Alemania de Hitler porque sólo Chile y Argentina tenían relaciones con ellos en esa época. Entonces ver gente viva, que cuenta cosas que parecen lejanas es bien entretenido. Está ahí la historia de Chile, 90 años. Está enhebrado con un sentido emocional, con un sentido del humor, porque se ríen de sí mismas.

¿Qué les pareció a ellas verse en el documental durante el estreno?

Les gustó, estaban con los ojos llenos de lágrimas. Fue muy bonito eso. Decían que no tenían idea de lo que habían dicho. La Delfina me decía: eres un genio, un genio.