Sibila: En primera persona
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(2012)
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9 de enero de 1978
Lima, Perú

La realizadora Teresa Arredondo nos invita a acompañarla en la reconstrucción de la figura de su tía Sibila. Una mujer radical, que pasó una década y media en la cárcel peruana por sus relaciones con Sendero Luminoso. Lo que encontramos en el camino va más allá de la historia familiar y nos habla de las convicciones políticas y sus costos personales.

En un país que ha tenido serios problemas para trabajar su memoria, tanto remota como reciente, el cine documental ha aportado de manera significativa a construir discursos sobre el pasado. En los últimos años ha aparecido una generación de cineastas chilenos que se han preguntado por su pasado personal y familiar, y en el proceso han ayudado a crear caminos de acercamiento a una historia común, cruzada por los dolores de la dictadura y las preguntas sobre la identidad. Cintas como La ciudad de los fotógrafos, El edificio de los chilenos, El eco de las canciones y otras, han trabajado el tema del pasado buscando respuestas a preguntas sobre los propios orígenes, y de paso, ayudándonos a reconocer en esas preguntas, y a veces en las respuestas, un pasado compartido.

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En esa línea se inscribe la recién estrenada película Sibila. La realizadora Teresa Arredondo sale en la búsqueda de la tía que da nombre al documental. Una mujer chilena con fuertes vínculos intelectuales, hija de la escritora Matilde Ladrón de Guevara, fue mujer del gran poeta nacional Jorge Tellier -con quien tuvo dos hijos- y luego, del reconocido escritor peruano José María Arguedas. Antropóloga de formación, Sibila Arredondo llego a ser considerada por el gobierno vecino como una de las mujeres más peligrosas de la nación y  pasó catorce años en la cárcel peruana por sus vinculaciones con Sendero Luminoso. Este hecho hizo que Sibila desapareciera de la vida de su sobrina y de parte de su familia, tanto física como simbólicamente.

La estructura del documental está guiada por la búsqueda de la realizadora tratando de reconstruir la figura de esta compleja mujer, primero a través de los testimonios de sus familiares y documentos, y luego directamente en una intensa conversación con ella. Aunque sólo la vemos en una escena filmando ante un espejo –imagen potente en el contexto de esta obra-, desde el inicio escuchamos la narración y las preguntas de Teresa Arredondo. Es su voz, y sus preguntas las que guían toda la narración y esa honestidad hace que el espectador pueda interesarse en sus interrogantes y en acompañarla a ir llenando los vacíos de su propia historia.

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Visualmente lo más logrado del documental son los espacios de búsqueda, como cuando se entrevista a una nieta de Sibila que no quiere mostrar su rostro en un auto, por lo que escuchamos sus palabras mientras vemos imágenes cotidianas del Lima actual. O cuando recorremos espacios o fotografías persiguiendo testimonios sobre Sibila. Y aunque en algún momento las entrevistas a cámara pueden volverse monótonas en su simplicidad, el observar todos los gestos de los familiares de Sibila y Teresa nos ayudan a entender el conflicto familiar y político que hay detrás de esta situación. Este formato alcanza todo su sentido cuando la cámara –y la realizadora detrás de ella- se enfrentan a Sibila misma. Es difícil pensar que otro tipo de construcción visual hubiese sido más eficiente para comunicar la pasión, las certezas, la tozudez y la visión de mundo de Sibila Arredondo.

Lo que nos queda de ver Sibila es bastante más que el voyerismo de acompañar a una joven realizadora tratando de reestablecer relaciones con una tía complicada. Son las preguntas que guían el relato y las respuestas contundentes de la protagonista las que quedan haciendo eco, y nos obligan a detenernos y reflexionar sobre los ideales y los medios para alcanzarlos, la radicalidad política y sus costos personales. “Sibila” nos regala sus razones, y nos obliga a plantearnos las nuestras y a poner a trabajar nuestra capacidad de comprensión, más allá de que compartamos o no sus valores.