“El Negro”, de Sergio Castro San Martín
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(2020)
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Ricardo Palma Salamanca es un nombre presente en nuestra historia desde hace más de veinte años. Un nombre que ha aparecido en titulares, que se ha acompañado de todo tipo de adjetivos, que provoca admiración y repudio dependiendo de la situación e incluso, a veces, las dos cosas juntas. Pero poco sabemos del hombre detrás de ese nombre. El nuevo documental de Sergio Castro San Martín se adentra en la historia y el presente de uno de los prófugos más buscados de la justicia chilena. 

El relato del documental va mezclando los discursos periodísticos respecto a los casos en que Palma Salamanca ha estado involucrado –entre otros el asesinato de Jaime Guzmán- con su historia personal y familiar, su vinculación con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, su escape de la cárcel de alta seguridad, su huida a México y su actual vida en Francia, en donde le fue concedido el asilo político en 2018. 

De esta manera el documental va moviéndose desde el relato noticioso y político a la intimidad del personaje. Lo segundo se construye a través del relato de algunos de sus amigos de juventud y especialmente por las mujeres de su familia: su madre y sus dos hermanas. De esta manera podemos conocer cuáles fueron las consecuencias para esa familia al decidir quedarse en Chile y oponerse a la dictadura, y también cuáles fueron los detonantes que hicieron que el joven Ricardo Palma Salamanca se involucrara en la resistencia armada. 

La narración no pretende hacer una apología de Palma Salamanca, sino más bien exponer los grises que circundan toda su vida y las contradicciones que aún hoy sus acciones generan entre sus más cercanos. Durante casi dos tercios de la película vamos construyendo al personaje desde la mirada de los otros, de los amigos, los opositores, la prensa y sus cercanos, descubriendo los diferentes niveles de experiencias que fueron definiendo la vida de este hombre que hacia el final del documental aparece hablando a cámara y reflexionando sobre esta vida que ha llevado tratando de no ser apresado por su pasado –tanto en términos metafóricos como literales – y sobre este nuevo momento en que puede hacerse cargo de lo que ha sido y mirar hacia el futuro. 

El negro es un documental interesante no sólo porque nos acerca a este personaje complejo y polémico, sino también porque a través de él podemos ver las fisuras del relato de la transición democrática en Chile. Podemos reconocer esa tremenda gama de grises que cruza desde el heroísmo al crimen, del idealismo a la traición. No hemos sido buenos los chilenos y chilenas en hacernos cargo de nuestra historia reciente, nos cuenta confrontar aquello de nosotros que parece opacar el discurso público y también el personal, pero en un momento en que nos enfrentamos a las posibilidades de construir un nuevo Chile, entre todes, este ejercicio iconoclasta no sólo es aconsejable, sino tremendamente necesario.