Cine Club de la U. de Chile: Impulsor de los nuevos rumbos del cine chileno
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2 de agosto de 1932
Bucholz, Alemania

Con la intención de reunirse para ver y discutir sobre producciones audiovisuales de valor artístico que no circulaban en el país, surge en 1954 el Cine Club de la Universidad de Chile. La iniciativa, liderada por estudiantes de la Casa de Bello, a poco andar se transformó en un lugar de insospechada relevancia para el posterior rumbo que tomaría el cine local y antecedente fundamental de la formación de la Cineteca de la Universidad de Chile. Hoy, sesenta años después, se celebra el trabajo realizado y se proyectan nuevos desafíos.

 

Transcurrían los años 50 en Chile y la cinematografía local se encontraba en un lamentable estado. La fructífera producción de los años veinte era un recuerdo, pues a mediados de siglo predominaban en nuestras salas películas norteamericanas. Fuera de nuestras fronteras la cinematografía había alcanzado ribetes mayores, transformándose en una industria con influencias internacionales que determinaba, en países como Chile, qué llegaba a la pantalla.

En este escenario, mientras en Chile los espectadores locales debían conformarse a acceder a producciones mayoritariamente estadounidenses, en Europa distintos movimientos artísticos provocaban cambios en la forma de hacer, entender y ver cine.

Motivados por el deseo de ver películas con un trabajo estético y artístico, un grupo de estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Chile, encabezados por Pedro Chaskel, se acercaron a la distribuidoras internacionales y embajadas a conseguir el material que éstas no iban a exhibir, para proyectarlo en las dependencias de la Universidad todos los sábado en la mañana. Así, el denominado Cine Club de la Casa de Bello debuta en 1954 en el Salón de Honor, dando inicio a una actividad que excedió en impacto y temporalidad a la idea original de sus gestores.

De la butaca a la cámara

Un éxito resultó el Cine Club de la Universidad de Chile, pues contaba con un número importante de entusiastas asistentes que veía las cintas y participaba con interés del intercambio de reflexiones pos película que se producía en cada jornada.

M. Carné, J. Renoir, J. Cocteau y V. de Sica fueron algunos de los cineastas que conocieron en esas sesiones. Según contó Pedro Chaskel al programa Historias del Cine Chileno, esas películas “nos mostraron que se podía hacer otro tipo de cine”.

El interés creció y Pedro Chaskel y Sergio Bravo, a la postre dos figuras fundamentales de la cinematografía chilena, deciden ponerse tras la cámara y comenzar a filmar propuestas con un fuerte énfasis social y que reflejaban la realidad de Chile. Es así como tres años después de la formación del Cine Club se funda el Centro de Cine Experimental, cuna del Nuevo Cine Chileno, movimiento que dotó de nuevos lenguajes, objetivos y trabajos a la cinematografía nacional, el que en 1961 se incorpora a la Universidad de Chile. Ese mismo impulso significó que ese mismo año se fundara la Cineteca de la Universidad de Chile, el primer acervo del patrimonio fílmico del país.

“Por las funciones del Cine Club transitaron y participaron destacados cineastas de esta renovación audiovisual que se experimenta en los años 60 y 70 como José Román, Raúl Ruiz, Sergio Bravo, además de escritores, poetas, músicos, actores, es decir, un sinfín de actores culturales del periodo”, explica el profesor Luis Horta, coordinador de ésta.

“Fue muy avanzado que se dieran películas de autores de vanguardia, pero también el trabajo de darle un sentido crítico al acto de ver, es decir, una responsabilidad en la mirada que permitió volcar los ojos hacia la construcción de un nuevo cine de raigambre local y culturalmente mucho más enraizado en ciertas corrientes discursivas de las artes locales”, manifiesta el docente.

Las sesiones del Cine Club sólo fueron interrumpidas por la dictadura militar, momento en que varios de los integrantes del Centro de Cine Experimental y de la Cineteca partieron al exilio y parte importante del patrimonio de ambas instituciones fue destruido, como por ejemplo equipos con los que se filmó El Chacal de Nahueltoro y la fototeca del cine chileno, pérdidas que aún no se recuperan.

En 2009, luego de la refundación de la Cineteca de la Universidad de Chile, por iniciativa nuevamente de Pedro Chaskel se retoman las actividades del Cine Club, que a la fecha se ha transformado en un espacio permanente y gratuito no sólo para cine patrimonial, sino que también para producciones contemporáneas de realizadores nacionales que no acceden a circuitos comerciales o establecidos de difusión. Actualmente la iniciativa es coordinada por Camila Pruzzo, Lic. en Comunicación Audiovisual de la U. De Chile.

Pero, ¿cuál es la relevancia de iniciativas como esta en la actualidad? “Hoy existe Internet, pero eso no significa que exista una pedagogía sobre la mirada, por ello es necesario proporcionar espacios que permitan lecturas sobre el cine, no necesariamente desde un intelectualismo académico, sino sobre el rol de las audiencias con sus imágenes, proporcionar un empoderamiento de parte de quien ve con su propio cine”, explica Horta.

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Guillermo Sclar, Enrique Rodriguez, Pedro Chaskel y Edgard Cuello. Cine Club, 1956.