Para abrir camino al cine nacional
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16 de diciembre de 1920
Santiago, Chile

—Las necesidades del país son 100 y las disponibilidades son 10 —dijo el Vicepresidente de la COEFO, don Arturo Mackenna, a representantes de «DIPROCINE» (20-111-63)— y creemos que tiene razón.

Una de esas 100 necesidades, que un país culto como Chile reclama urgentemente, es tener cine nacional. Pero para ello no es necesario recurrir a esas 10 disponibilidades.

No hay industria nacional cinematográfica por las barreras legales que impiden su desarrollo, a la inversa de los demás países civilizados donde dictan leyes para fomentarlo. Esas barreras legales no fueron hechas contra el cine; lo afectan, porque lo ignoraron. Ni Presidentes, ni Ministros, ni parlamentarios se han opuesto a que haya cine, pero al no darse cuenta de su importancia en el mundo moderno, nada han hecho para hacer posible su existencia. Las esfuerzos de los cineastas chilenos se pierden año tras año.

«DIPROCINE» ha estudiado la legislación mundial sobre esta materia y al elaborar un proyecto de ley sobre cine no ha pretendido pedirlo todo. Sabemos que el cine es arte en su creación, pero para producirlo es industria y para cimentar esta industria es que exigimos terminar con las trabas que lo asfixian:

1º— Liberar de toda clase de impuestos la internación de película virgen y maquina­ria fílmica durante 10 años.

2º— Gravar la exhibición de películas chilenas con los mismos impuestos que a las extranjeras y el equivalente de este impuesto devolverlo al productor de la película exhibida.

Esto es lo mínimo que debe hacer el Estado para que el país cuente con este imprescindible vehículo de cultura. Teniendo esto, quien produce una película, recuperará al menos su costo y podrá hacer otra; y así con una producción más numerosa y estable podremos tener películas muy buenas, buenas, regulares y malas, en la misma o mejor proporción que los demás países. Y Chile, al fin, tendrá su cine nacional.

H. C.