Entrevista a Alejandra Carmona, directora de Zurita, verás no ver
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10 de abril de 1965
Santiago, Chile

Conversamos con la directora del documental Zurita, verás no ver Alejandra Carmona, sobre el ejercicio de filmar la obra y la figura de uno de los poetas vivos más importantes de Chile.


¿Por qué quisiste acercarte a la figura de Zurita? ¿Cómo fuiste armando este viaje a través de su poesía?

– Me centré específicamente en todo lo que son las acciones poéticas de Raúl, aquellos momentos en el que él inscribe su poesía en el paisaje chileno y también en el cielo de Nueva York. Me pareció bueno centrarme solamente en estas acciones poéticas y los episodios de su vida que acompañan estas acciones y las que infringe en su propio cuerpo, como cuando se quema la mejilla, se rocía amoniaco en sus ojos. Acciones que expresan la  desesperación humana durante la dictadura. Por ahí conectamos con Raúl de manera bien fuerte, porque tenemos un pasado común, de alguna manera ambos sufrimos la dictadura en carne propia: yo me fui al exilio, a mi padre – periodista Augusto Carmona, miembro del MIR- lo asesinaron. Entonces tenemos una herida que nos une y creo que construimos toda la película en base a esa herida extendiendo esa temática a preguntas sobre cómo enfrentar y superar el dolor, cómo enfrentar y superar la muerte, nos aceramos a ciertas regiones que tal vez son un poco más complicadas de acceder pero que la poesía de Zurita lo hace de una manera muy profunda, llevándonos a estos espacios. Creo que la película nos invita a mirarnos para dentro. No es una  película que esté enfocada hacia el exterior, sino que busca llevar al espectador a reflexionar sobre ciertas cuestiones que normalmente uno no quiere plantearse mucho.

También la película tiene una reflexión sobre la muerte y sobre la vejez, además el Zurita que tu filmas, es el Zurita actual, el que sufre Parkinson, el que está sintiendo en su propio cuerpo los signos de los años y de la enfermedad, pero eso en la película tiene una propuesta visual muy interesante para quien lo está viendo, porque se mezclan imágenes poéticas del cuerpo y del territorio. ¿Cómo fue acercarte desde el formato documental a la puesta en escena de la poesía de Zurita?

– Todo una apuesta bastante compleja. ¿Cómo uno llega a esos lugares? no te lo podría definir exactamente, pero es como de alguna manera, hay una apuesta que tiene que ver con el cuerpo. Decidí retratar el cuerpo de la tierra, el cuerpo del cielo, el cuerpo del mar y cuerpo de Zurita, esa es la unidad visual que tiene la película. Desde mi punto de vista siempre estaba la idea de trabajar esos elementos, el paisaje como un cuerpo, y también el cuerpo de Zurita: ese cuerpo frágil, torturado, vejado, enfermo. Ahora último él ha verbalizado un poco más que al parecer fueron los golpes en la cabeza que recibió durante su estadía durante su detención en dictadura los que causaron su Parkinson. Nos interesaba comentar el cómo uno se enfrenta a la vejez, a un cuerpo herido, a un cuerpo frágil, a un cuerpo que no es perfecto en esta sociedad que mandata un cuerpo perfecto. A Zurita le gusta romper los estándares, ir en contra, entonces también fue rico trabajar eso con él, y poner su cuerpo en escena en estos desiertos enormes, este cuerpo frágil en ese contexto es poético

Me contabas que Zurita no pidió ver cortes previos, ni tener opinión respecto a cómo estaba quedando el documental, sino que fue muy abierto contigo en términos de compartir materiales, crear imágenes para el documental y en dejarte filmar su intimidad…

– Soy muy afortunada, tengo un personaje fantástico. El trabajo con Zurita fue hermoso en el sentido de que él fue muy generoso. Normalmente cuando uno trabaja con el retrato de alguna persona célebre, esa persona va a querer intervenir sobre como se ve su imágen, pero Raúl nunca me pidió ver ni siquiera un corte, nunca opinó de sacar algo, ni nada.

Tampoco es una documental de homenaje. En la película pones en tensión ciertas cosas…

– Si, pero a él le gustó eso, le gustó que yo evidenciara esa tensión. Sobre todo en cómo se trata el arte hoy, en cómo entra uno en los circuitos de las curatorias. Ahí hay un giño medio crítico, pero él lo acepto, no tuvo ningún problema.

Tu te encontraste con la poesía de Zurita muy temprano. ¿Cómo pasaste de esa experiencia como lectora respecto a trabajar con él como realizadora? ¿Qué aprendiste en ese proceso?

– Yo creo que aprendí de Zurita la humildad. Una persona con la trayectoria que él tiene, podría tener otra manera, pero él es de una humildad tremenda, y eso yo lo valoro mucho de él. También que me haya valorado a mí como artista. Normalmente uno se enfrenta a artistas mayores, sobre todo varones, que tienden a mirar a la mujer con cierta desconfianza y en ese sentido Zurita fue completamente transversal, apoyador, generoso, confió en mí y eso no es algo que esté dado. Nosotras siempre estamos sujetas a mucha crítica y la confianza que él depositó en mí , me hizo crecer como persona y como creadora también, se lo agradezco mucho.

Este documental tiene una especie de doble vía: por un lado es encontrarse con Zurita, con el poeta y el performer y la poesía como acto visual y estético cierto, más allá del texto, y por otro con las reflexiones a la que su poesía invita. Van los dos relatos en paralelo:  lo macro y lo micro de la memoria de Chile y del poeta.  

– Eso fue un trabajo digamos de autoría, sobre todo en montaje. No fue nada fácil  ensamblar aquello que tu tienes como una idea y las posibilidades de visualizarlo. Hay que plasmar eso en un montaje, en un orden, en una coherencia y ese trabajo es arduo, estuvimos sus seis meses de cabeza editando material, además porque Raúl Zurita nos daba mucho material, todo lo que decía era interesante. Todo era bueno ponerlo, entonces fue mucho limpiar y limpiar y al final, reduciendo, quedarnos con esas reflexiones finales.

Y con los silencios.

Y con esos silencios y con esos paisajes. También tuvimos muchas tomas bellas, y es difícil desprenderse de lo bello…