Entrevista a Paola Castillo, directora de Miradoc
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Esta semana se estrena en varias salas del país El otro día el premiado documental de Ignacio Agüero. Esta obra es parte del proyecto Miradoc que ya apoyó el estreno de Sibila, Cuentos sobre el futuro y Las Mujeres del pasajero. Para tener más detalles sobre este programa conversamos con una de sus responsables, la documentalista y académica Paola Castillo.

¿Qué es Miradoc?

– ¿Qué es Miradoc?… es un bonito invento que nació de una necesidad, de una coyuntura. De alguna manera, la producción documental ha crecido mucho en los últimos años, en términos de diversidad, realización, calidad artística, etc. Mucha gente joven filmando, pero seguimos teniendo el mismo problema de siempre: dónde ver los documentales. Pese a que han aumentado los festivales y hay varias muestras, de manera cotidiana es difícil de acceder a las pantallas. Por otra parte, también se trata de un desafío en términos más comerciales. Hay todo un proceso de mostrarle a la gente que los documentales son obras artísticas que también se pueden ir a ver al cine. Entonces, el espíritu que hay detrás de Miradoc no es solo mostrar las películas sino que también acceder a circuitos de distribución comercial.

¿Y formar audiencias?

– Y formar audiencias, de abrir lo que uno entiende por “entretención”. Y también generar que sea una capacidad para los productores y los realizadores no solo exhibir –que obviamente es fundamental– sino que también generar algún beneficio, porque esto finalmente es un trabajo. El año pasado se abrió una línea del Fondo Audiovisual que iba a apoyar tres proyectos de difusión y distribución comercial de cine chileno –que está abierto a cualquier género: ficción, animación, etc.– y nosotros desde Chiledoc, que es una red que se creó hace dos años atrás que impulsa la distribución documental, nos miramos y dijimos: “hay una oportunidad y, de alguna manera, hay que tomarla”.

Y lo que está en el espíritu del proyecto es abrir nuevos espacios. Se hicieron dos avances en este sentido:  ir a regiones –en Chile casi no se ven películas fuera de Santiago, más allá de lo que se puede ver en una multisala–; y, por otra parte, abrir nuevos espacios para exhibición. O sea, el documental obviamente puede ser exhibido en lugares establecidos como uno conoce las multisalas, pero, es difícil acceder a esos circuitos. Entonces, en lugar de estar peleando todo el rato, nos asociamos a cineclubes, a teatros en regiones, y ha sido una experiencia muy rica que estamos todavía experimentado y valorando.

En la práctica, ¿cómo funciona ese mecanismo y cómo lo han ido construyendo para que, efectivamente, los documentales estén una cantidad de tiempo que permita que vaya corriendo la bola y la gente se entusiasme y asista?

– Bueno, se trata de algo clave porque los problemas son: dónde veo documental y cuánto tiempo tengo para verlo…. y el precio, claro. Dentro del proyecto propusimos a nuestros socios en las salas de que era importante generar audiencias y, para eso, estabilidad. Entonces, las películas están, en general, un tiempo de dos semanas, como mínimo. Pero, no están necesariamente en todas las ciudades todos los días. Porque como es formación de audiencias y hay que empezar a crear un hábito optamos por asegurar ciertos días, según la experiencia de cada ciudad. Por ejemplo, en Iquique estamos de lunes a jueves porque en general los fines de semana –como allá hay sol, playa– el iquiqueño no toma como una opción natural meterse a un lugar cerrado. Entonces, durante dos semanas seguidas, entre lunes y jueves, a las 19:00 hrs., sabes que te encuentras con el documental. En Chillán, es otra lógica, en Punta Arenas es otra lógica, etc. Pero mínimo son dos semanas de continuidad. La información la pueden obtener desde las propias salas que están asociadas y en Chiledoc.cl.

La idea es generar hábito. La misma película se estrena los mismos días. Por ejemplo, en el caso de La Serena, todas las películas están de miércoles a sábado, a las 20:00 hrs. O sea, que la gente de a poco vaya haciendo una creación de hábito, y lo considere como una oportunidad, una opción distinta.

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¿Cómo ha sido ese proceso de encontrarse con un público que no está acostumbrado a ver este tipo de documentales?

– Yo creo que el asunto lo estamos atacando desde tres áreas. De partida uno lucha para vencer los prejuicios respecto la palabra “documental”. Un documental es una película. De hecho los límites entre lo que nosotros conocemos como ficción y documental cada vez están más difusos; el documental usa puesta en escena, puede usar actores. Lo que la gente ve en la tele a lo mejor es como 2 o 3% de lo que puede ser un documental. Entonces, una manera de vencer esos prejuicios –que yo creo es un camino a largo plazo, que ya se está haciendo– pasa por en las comunicaciones ir relevando lo más importante; que aquí uno encuentra acción, drama, emociones, historias detrás ¿no? Historias que uno puede seguir, donde uno se puede identificar con los personajes. Abocamos la promoción a eso. Por otra parte, hay un tema formación de audiencias a través del diálogo con el realizador; cada realizador que estrena tendrá la posibilidad de  ir a una función en cada ciudad. Entonces, ahí se produce una generación de audiencias, de explicar cómo se hizo la película, de otro tipo de reflexión.

Y lo otro está ligado con las promociones, de cómo las presentamos nosotros, que hablamos más bien de “películas” más que “documentales”. Porque, de alguna manera, la palabra documental es muy limitada y te lleva a estereotipos bastante equivocados de lo que uno puede encontrar en una obra.

Lo otro, que no es menor es que el proyecto contempla subvención de entradas. Es decir, que nosotros estamos invitando a ciertos públicos para que accedan a ver la película. Pero más que alimentar al público que es natural, o más cinematográfico, la idea es invitar a gente que, a lo mejor, si no fuera por esta subvención nunca hubiera ido. Y de ahí, de a poquito, ir generando nuevos públicos

¿Se buscan instituciones, agrupaciones; se conversa con ellos y se les convoca?

– Exactamente, porque cada película tiene su propia lógica. Por ejemplo, Cuentos sobre el futuro [Pachi Bustos; 2012], es una película muy bella, pero, aparte de su belleza cinematográfica, es muy feroz en el retrato del Chile de hoy. Los círculos de pobreza marginal están ahí. Entonces, esa es una película que, más que para abogados, a lo mejor tu empiezas a buscar juntas de vecinos que se organizan, el instituto nacional de la juventud –porque los personajes son jóvenes–, CEPAL, etc. Son como muy variadas las líneas donde tu puedes trabajar, se van buscando caso a caso. Que la gente disfrute tanto la cinematografía como el tema o el contenido que encierra la película.

Ya fueron parte de este proyecto Las Mujeres del Pasajero, Cuentos sobre el Futuro y Sibila, que estuvieron en Santiago, además en 8 ciudades: Iquique, La Serena, Valparaíso, Chillán, Concepción, Valdivia, Punta Arenas. Ahora se suma El otro día ¿Cómo fue la selección de estos documentales?

998657_519303354789560_1285294309_n.jpg– Yo creo que pasaron dos cosas, en general, con la mayoría de los documentales. Por una parte, son buenas obras artísticas en sí mismas. O sea, Cuentos sobre el futuro, independiente del feroz retrato que hace de Chile, como película es bellísima. Y, por otra parte, son temas transcendentales que están pasando, son temas que hace falta ver en profundidad en otros medios. Son películas que, en general, combinan emociones –insisto–, drama, más allá de si es ficción, animación o documental, yo creo que uno comunica algo cuando transmite emociones. Y, a su vez, está siendo un espejo de el –entre comillas– Chile que vivimos hoy.

De hecho, los próximos estrenos serán, por nombrarte algunos: El otro día [Ignacio Agüero; 2012], y que es una película cinematográfica preciosa a partir de lo que pasa en la puerta de su casa, pero hay toda una reflexión sobre el tiempo, el presente, la luz; está la película Calafate, zoológicos humanos [Hans Mülchi; 2010], que apela a otra realidad, la de los indígenas, nuestra deuda histórica con los indígenas…..Pero también es una película de una cosa media épica, hay un descubrimiento.

Entonces: calidad por una parte, obviamente que haya un contacto emocional con la gente, y temas que uno siente que son relevantes discutir hoy día. Que están siempre presentes en nuestro cotidiano.

Si Miradoc es una respuesta al crecimiento del documental en Chile ¿en qué consistiría este crecimiento o cuales son las líneas o los patrones que, eventualmente, tu ves que se están desarrollado?

– Miradoc es parte del proyecto Chiledoc. Yo creo que el crecimiento se potencia por varios lados. Obviamente que uno es llevar más gente a las salas y la formación de audiencias –un poco lo que está haciendo Miradoc–. Hay otro tema en el que nosotros estamos muy dedicados que tiene que ver con la formación, básicamente por el lado de los productores. El productor es una especie de co-director o compañero de viaje del director; es una persona que no solo tiene que buscar recursos sino que también tiene que entender la dramaturgia y la cinematografía de la película, tanto o más que el director. Finalmente, lo que hace un productor es hacer posible esa película, pero para encontrar socios uno tiene que saber de lo que habla, tiene que conocerlo, defenderlo y cuestionarlo en el bueno sentido, para hacerlo crecer.

Si queremos que mí y a otra gente nos vaya bien necesitamos que al grupo le vaya bien. Esto es un cuerpo, uno no saca nada con tener el brazo derecho súper desarrollado si tu brazo izquierdo no funciona. Entonces, mejorar e impulsar este crecimiento pasa por fortalecer la comunicación, la comunidad, compartir información, que todos tengamos acceso al mismo lenguaje y a las mismas personas. Entonces, nos preocupamos de traer gente, de conectar gente. Somos una especie de puente; ir detectando qué está haciendo un colega de nosotros y si de repente en el camino si tú te encuentras con una persona que congenia con ese tipo de cine, con ese tipo de búsqueda: juntarlos…

Y, por otra parte, también está la exigencia permanente de cada día hacer mejores obras y, en ese sentido, lo que hemos detectado es que pese a que ha habido un crecimiento notable en de la diversidad de temas, en términos cinematográficos, creo que todavía tenemos que trabajar un poco más la construcción de las historias, de la narrativa –por así decirlo–. De repente, como son temas tan importantes a veces es verdad que uno empieza a estirarlo un poco. Y esa misma obra, que dura 2 horas, a lo mejor podría ser mucho más potente y profunda emocionalmente si uno trabajara más la estructura…Y cuando digo estructura no estoy hablando de la historia típica, conflicto central ni nada. Hasta  las películas más experimentales tienen su propia narrativa ¿no? Entonces, estamos ahí diagnosticando cómo apoyar eso y, de repente, traer experiencias, traer gente para aprender de ellos.

Y, bueno, básicamente, lo que pasa hoy día es que también la construcción de la obra pasa mucho en el desarrollo del proyecto. Cuando uno lo está pensando, en el guión, en la planificación y ahí es donde, también, estamos atacando fuerte de que tanto el lado artístico como el lado de la producción adquieran las fortalezas desde le inicio; que, de alguna manera, eso vaya generando una mejor obra.

Entonces, son varios niveles. Por eso tenemos Newsletter, compartimos información, tenemos la web, traemos gente, tratamos, también, de posicionar al documental afuera. Tenemos ya unos socios establecidos, como un festival muy prestigioso en Nyon [Visions du Réel, Nyon, Suiza), que es un festival que busca películas de autor; o Dok Leipzig. Entonces, de alguna manera, es compartir experiencias, todo el rato compartir experiencias; que hablemos un mismo lenguaje, y juntos vamos a crecer. Suena un poco utópico pero es real y súper concreto.