Entrevista a Miguel Angel Vidaurre
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(2009)
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17 de septiembre de 1969
Santiago, Chile

 ¿Cuáles son tus comentarios posteriores al estreno de Limbus?

-¿Además de mi depresión pos exhibición? Me angustio más el día después que el día antes, porque te expones ante la gente, eso es razonable. Además que, sobre todo en este tipo de trabajo, hay mucha energía de muy poca gente entonces no sólo estás sentado esperando que pongan la película, tienes que probar la película, tienes que ver los pendones, que la cosa funcione. También se produce una cosa extraña que yo creo que se produce en cualquier elemento creativo y es que una vez ya cumplido el deseo dices ‘ya, y para qué hicimos tanto, ¿para esto? Hagamos otra cosa’.

Entiendo que parte de las propuestas editoriales de EspectraFilms – equipo que lideras junto a la productora Paulina Obando- es su decisión de no estrenar en el circuito comercial.

-Sí, no vamos a estrenar comercialmente. Vamos a hacer como lo mismo que con Oscuro/Iluminado que vamos a mostrar en agosto en la Cineteca de la Universidad de Chile y en septiembre creo que en la Cineteca de La Moneda y creo que después en Lastarria, moviendo un poco y finalizando el ciclo.

Que es un nuevo circuito, porque Oscuro/Iluminado y Limbus son películas que Espectra hizo en digital y en Chile la mayoría de los cines comerciales no tiene digital para exhibir, sino que la exhibe en 35 mm que es el clásico formato al que uno está acostumbrado y el que las salas comerciales están preparadas para exhibir, lo que a estas alturas es insuficiente porque hoy muchas películas se están haciendo en digital, incluso películas de gran presupuesto.

-Se filman en digital pero se traspasan a 35 lo cual es un poco absurdo pero que tiene que ver con el espacio de vacío que hay respecto de los cambios tecnológicos en las salas de cine, que es lento porque hay muchos intereses creados, que también es razonable. Incluso está pasando una cosa más interesante: en el caso nuestro y de otros autores que están con nosotros y otros conocidos, hay una definición de cine que no es habitual y no es una cuestión de decir esto es mejor no,  sino simplemente que el cine es mucho más de lo que se tiende a pensar como largometraje argumental ficción, e incluyo cierto tipo de documentales. Yo creo personalmente que ese tipo de obras no tiene mucho sentido que se esfuercen en salir en un Hoyts porque no está hecho para eso, ni para esa cantidad de público, ni para ese sistema de producción, ni para que uno las vaya a ver con pop corn. Es así, es como las novelas y los best sellers. El esfuerzo de una película chica para llegar al Hoyts ya es complicado solamente siendo independiente, pero ya el esfuerzo de una película que transgrede las líneas habituales es casi un esfuerzo innecesario porque no te va a rendir. Entonces, ¿dónde viene el rendimiento de este tipo de obras? En circuitos paralelos.

Cuando hablas de rendimiento no estás pensando en términos comerciales, ¿Verdad?, ¿Ustedes -como productora- necesitan recuperar dinero?

-Claro, o sea, nos encantaría pero el rendimiento de muchas de estas obras tiene que ver con procesos culturales, como invitación a festivales u otros eventos, ofrecimientos de proyectos. Por ejemplo, lo que hicimos nosotros con Limbus, de filmar en el sur, permitió que estemos listos para firmar en Lebu este año, a partir de que el festival nos invita en enero a filmar un nuevo proyecto allá, entonces se produce un fenómeno que tiene que ver más con gestión cultural que con gestión empresarial.  Obviamente la línea de estos trabajos es en la idea de que en algún momento  uno salte al DVD y a distribución en pequeña escala como se hace en muchas partes del mundo. Por ahora estamos en esa línea y no es que uno se margine. El fenómeno de las bandas me parece muy similar a esto.  Hay un tipo de música para el que está bien instalarse en mega conciertos y está bien, no hay ningún problema, pero hay otro tipo de bandas que tiene circuitos aparte y ni siquiera se conjugan porque son líneas distintas no más y tienen otro público. Entonces  yo creo que es bueno que esté pasando eso en Chile porque en general nosotros habíamos estado fuera de esa línea. Lo que sí estamos tratando de hacer con EspectraFilms es conectar una tradición de cierto cine, más bien un cierto video de experimentación que hubo en los ochenta que nunca fue parte propiamente de la historia del cine, más por un prejuicio que por otra cosa, y también porque el video experimental se metió en el museo, en parte por protección y en parte por la época y el contexto o la incomprensión pública. Pero el museo también tiene sus problemas, porque te encierra, entras en la lógica de protegerte más que de llegar al público. Nosotros decidimos seguir la línea que viene de Estados Unidos, de Europa, de ciertos cines donde se combina esta línea de experimentación con una de ficción y creas algo un poco más mutante y lo lanzas al público. Obviamente las respuestas en el museo son más pasivas porque la gente asume intelectualmente el proceso, en cambio en una sala de cine las respuestas son más similares a las habituales.

Claro además la disposición con la que una persona se acerca y asume que si está en el museo entonces es video arte mientras que en el cine las expectativas pueden ser diversas.

-Seguro, hay un tema de pasividad que se crea en las salas de cine, como de decir ‘ya, yo te estoy pagando, entretenme’, una especie de imposición a la obra que tiene que ser entretenida, dinámica, que no tengas que instalarte a pensar o a funcionar como espectador activo. En el museo la gente funciona activamente, es parte de su entrenamiento cultural. Yo entro al museo e intento funcionar porque o si no la obra no va a venir a mí. En el cine generalmente es al revés, la película va a ti y con todo, con publicidad y una serie de cosas, con una explicación incluso. Por eso que es interesante lo que está pasando, porque vienen otras cosas, otras películas, gente que está haciendo incluso otro tipo de documental, formalmente más complejo, en una indefinición entre documental, ficción, largo, formatos que en Chile no se ven mucho pero que están apareciendo. Y lo están fomentando hasta las escuelas y en donde anteriormente estos trabajo se guardaban, era un ejercicio. Ahora por fin están empezando a salir y a nosotros nos conviene porque estamos en esa línea. Por ello es difícil saber cuál es la reacción que se espera del público. Y si me dicen que no salí en los medios es porque bueno, si no hay famosos en la película, no apareces, aunque tampoco es algo que me interesa.

Pero estos proyectos tienen que ver con la creación de un circuito paralelo que también se agradece…

-Claro, o sea, ¿qué medios hay que empiezan a salir por esa vía? Bueno, blogs y otras zonas que funcionan escapando a las editoriales más comerciales. O sea a mí tampoco me interesa salir al lado de “Pelotón”, me daría un poco de vergüenza incluso.

Ahí hay algo interesante también porque tiene que ver con la diversificación del público, como pasa en la música, entonces hay gente que efectivamente va a ver cine a Lastarria 90 o la Cineteca, sabiendo que la experiencia a la que se está exponiendo es distinta que ir a ver Sangriento San Valentín en el Hoyts.

Sí, que además es un remake. Pero bueno, claro, hay revistas especializadas en música que hablan de una serie de grupos que tienen un público pero no abarcan mega eventos. Es un poco lo que pasó con Mike Patton acá. La gente lo asocia con Faith No More, y no, es Mike Patton. Faith No More está bien, pero él sólo tiene una propuesta muy radical y distinta al grupo.

Y si no hubiera estado tocando Chris Cornell después seguramente se habría ido más público…

-Y mucha parte del público era universitario, lo cual no es raro, el canal de público universitario a nivel de cine mundial es sumamente fuerte. En Chile muchas universidades tienen salas pero no las ocupan, excepto para hacer actos, pero claramente ahí debería instalarse un circuito fuerte.  Por ejemplo el director norteamericano que está ahora en Sanfic, Jem Cohen, justamente trae propuestas de este estilo, en la inauguración mostraron un cortometraje de él, sin sonido directo, básicamente imágenes de Estados Unidos, protagonizado por una cantante norteamericana con un cover de Nirvana. No podías enfrentar la película como un video clip, pero tampoco era de ficción,  tampoco un documental, a pesar que aparece una persona real en situaciones reales. La película está entremedio y eso en arte es súper habitual, eso en general lo llaman los campos desplazados. Se amplía el campo de una obra. Jem Cohen presenta hoy día un espectáculo… te fijas que ya ni siquiera es una película, nosotros con Espectra hablamos de proyecto. Y no es un simple juego de palabras, él va a presentar algo como un evento, una experiencia que filmó en Ciudad de México y que se llama Ciudad de México por Azar, donde tiene varios socios notables, como algunos socios de Fugazi, con los cuales ha trabajado, etc., esa combinación entre cine, música y literatura…Y ya el hecho de que uno tenga que inscribirse y sacar las entradas antes te dice que esto es distinto. Esto tiene música en vivo, hay varios elementos que se acercan un poco al teatro y a la performance, entonces el tipo amplía. Es una experiencia que tienes que vivirla. Él es un gran continuador de la línea de cine experimentación neoyorquina, que se conoce muy poco, aunque en internet está copado.

Es interesante meterse en los cines paralelos, de alguna manera…

-Absolutamente, lo que algunos llaman los cines débiles, pero no porque no tengan fuerza sino como en literatura se habla de algunos textos que no tienen una narrativa muy clara, muy dura, cuando no sabes hacia dónde va, una novela. Y en el cine pasa un poco lo mismo.

Lo interesante es que en este último tiempo el cine “débil” de a poco ha ido inundando los cines más masivos. Por ejemplo el digital,  su uso en películas de gran producción como Enemigo Público en donde el tipo de cámara que se utiliza no tiene que ver con el cine clásico sino que está más cercano a estas líneas paralelas. Es como el agua…

– Claro, va filtrándose.