Entrevista a José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola
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Foco quemado: una introducción pertinente

El domingo 17 de octubre debía comenzar en el Festival de Valdivia un Foco dedicado a la reducida pero celebrada y más que interesante obra de los cineastas José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola. Una dupla de realizadores que con pocos recursos y en los márgenes de todo circuito comercial e incluso festivalero, han realizado películas como El Pejesapo que sin duda puede ser calificado entre lo más importante y auténtico dentro del cine chileno de la última década.

Era entonces un hecho importante y una ventana más que merecida que este festival, calificado muchas veces como el más importante del país, acogiera la obra de Sepúlveda y Adriazola. Importancia que el Festival mismo reconocía en el catálogo del certamen hacia un trabajo que “se quisiera obviar por muchos, pero no por nuestro festival”.

Curioso resultaba entonces que a la conferencia de prensa que ambos darían previo al inicio de su foco (que comenzaría con la exhibición de El Pejesapo) no llegara nadie. Pero lo más curioso llegó pocas horas después, cuando se dio la noticia de que se suspendían todas las exhibiciones a través de un escueto comunicado en donde se decía que “los films recibidos no cumplen con el formato correspondiente al estándar técnico que se requiere para este tipo de evento”. El formato era DVCam.

Sepúlveda y Adriazola llevaban sus películas en DVD, pero el Festival se los exigió en cinta y eso impidió seguir con el ciclo. Sea como sea, malos entendido, porfías, mala voluntad de cualquiera de las partes o lo que haya causado todo esto, un Festival con los laureles de éste (y con una organización que estuvo notable en programar mucho cine chileno) resulta más que extraño que esperara el mismo día de las exhibiciones, que los cineastas llegaran con las películas bajo el brazo. Eso debió ser algo preparado y verificado con antelación, varias semanas de antelación como mínimo. Ante esto, además resulta comprensible los cuestionamientos de Sepúlveda y Adriazola cuando argumentan de porqué se suspende la muestra luego de que ya se había exhibido en DVD El Pejesapo, y sobretodo cuando varias películas del certamen se habían mostrado en dicho formato.

Esta entrevista fue hecha justo antes de esa única exhibición de El Pejesapo y obviamente antes de la triste polémica.

Con esta pertinente introducción, publicamos la entrevista que les realizamos a ambos en el Festival de Cine de Valdivia 2010.

 

Entrevista:
“Un cine que escucha, que no es prepotente

Sus película siempre se han movido en un circuito alternativo, no en grandes festivales, ni en salas comerciales. ¿Cómo se produce una retrospectiva de ustedes en este Festival, tal vez el más importante del país?

José Luis Sepúlveda (JLS): Tiene que ver con Raúl Camargo. Bueno, nosotros tampoco encontramos tan grande este Festival. Encontramos que a pesar de todas sus versiones, siempre está variando, siempre está tratando de optar por caminos que este mismo festival se ha planteado. Es decir, hace unos años atrás no creo que se haya dado esta opción de  poder presentar las películas acá. Pero a nosotros nos interesan todos los puntos de exhibición.

¿En ese sentido, que las películas no sean tan masivas responde a dificultades con las distribuidoras o con las salas de cine?

Carolina Adriazola (CA): Es que a nosotros las dos películas que hemos hecho, El Pejesapo y Mitómana, no hemos tenido ningún mecanismo de distribución.

JLS: No tienen ni carátulas las películas.

CA: De hecho no tenemos DVD. En la casa tenemos dos DVD de las películas. Acá hay una.

JLS: Este fue el que hizo Gitano, que es la distribuidora más mala que existe. Es la única copia que tenemos.

¿Esta fue la copia que se dio en el Centro Arte Alameda?

CA: Sí.

JLS: Pero ellos son unos inmaduros, también hay gente que no se toma en serio las cosas. Eso que quede claro.

CA: Igual, cuando se dio El Pejesapo como que harta gente la fue a ver gracias al boca a boca. Estuvo harto rato en el cine, como cuatro meses.

Claro, sucede algo extraño con El Pejesapo. Se habla mucho de ella, pero uno se pregunta ¿dónde se puede ver, donde se ha dado?

CA: De hecho, nosotros la hemos encontrado pirateada en el Bio-bío. Ha surgido una cosa bien interesante, como que la película sola se distribuyó. Y por ejemplo, para el estreno de El Pejesapo justo había un partido de Chile parece y llegó muy poca gente, sólo los más amigos. Y cuando mostramos Mitómana llegó mucha más gente, algunas que ni conocíamos.

¿Dónde se dio Mitómana por primera vez?

JLS: Bueno, hubo una versión que presentamos acá que duraba como dos horas.

Pero esa no es la misma que se muestra ahora

CA: No, ahora está más trabajada.

JLS: Era un primer montaje.

CA: De hecho todavía no terminamos Mitómana. Le falta la postproducción de sonido y la vamos a subir a 35 mm ahora.

JLS: Nosotros igual hemos mostrado las películas sin terminar. No le tenemos miedo a eso.

CA: De hecho Mitómana la mostramos acá, duraba más de dos horas. La hemos mostrado en universidades también.

Para esa gente que tiene curiosidad del cine que ustedes hacen, ¿cómo definirían ustedes sus películas?

JLS: Recién vamos en la segunda y con suerte podemos definir qué es lo que estamos haciendo ahora. Es difícil mirar atrás.

CA: Igual hay cosas básicas, como el escuchar…

JLS: Eso sí, es un cine que escucha, que no es prepotente, no es oligárquico.

CA: Tratamos de ser más horizontales.

JLS: Nosotros no tenemos nada que ver con Cinemachile, con Larraín, con nada de eso. No estamos ni ahí.

¿Este fue un punto de vista, una posición que siempre estuvo con ustedes, o que fue madurando a partir de sus primeros cortos?

CA: Fuimos madurando.

JLS: Sí, pero siempre fuimos críticos con el cine que se hacía. A nosotros nunca nos gustó El Chacotero sentimental, ni ninguna de esas películas. Ni tampoco nos interesaba el cine contemplativo que se trataba de hacer para poder figurar en Europa. Tú sabes que aquí hay un cine que busca figurar en Europa y hay un montón de gente que trata de tener fórmulas, pero que en realidad ni siquiera son temas cercanos ni para la gente que lo hace.

¿Cómo se enfrenta el cine de ustedes con ese tipo de cine? ¿Insertándose en la realidad, confrontándose con ella directamente?

JLS: Nosotros no nos consideramos cercano a ese cine.

CA: No nos gusta la cosa como prepotente.

JLS: Ese es un cine holgado, de monedas. Nosotros no, vivimos en Puente Alto. Eso yo creo que ya marca una diferencia. Creo yo.

Sí, además es claro viendo las películas que han hecho ustedes.

CA: Pero es difícil contestar eso.

JLS: Sería interesante, por ejemplo, plantear un debate con la otra gente que está haciendo cine. Y poder conversar para poder saber cuales son los cuestionamientos que tiene cada cual. Porque yo no sé para donde van todos, no sé. No sé ni siquiera para donde van las universidades, las que para mí son un mal negocio.

¿Y para donde irían ustedes o les gustaría ir con lo que hacen?

JLS: Cómo que vamos buscando la idea.

CA: Estamos tratando de buscar un lenguaje, una narrativa que pertenezca más a nosotros. Buscar algo más honesto.

JLS: Más cercano. Yo no podría definir lo que nosotros hacemos como marginal, no me consta. Lo que pasa es que se diferencia porque es una propuesta distinta a lo que hace el resto que quiere seguir ciertas fórmulas y que creen en una idea de éxito.

CA: Y cada película que hacemos es un desafío gigante. Nunca nos planteamos hacer una película igual que la otra.

¿Cuánto es el tiempo que se toman investigando y produciendo una película? ¿Los personajes van saliendo de los mismos lugares donde graban o ustedes los encuentran en otros lados y los van insertando ahí?

CA: Si, bastante tiempo nos tomamos. Y respecto a los actores hay de todo, con todo tipo. Con actores naturales, de todo.

Bueno, el actor de El Pejesapo (Héctor Silva) ya había trabajo con ustedes en cortos anteriores.

CA: Si, de hecho la primera actriz de Mitómana (Yannett Escobar) ha trabajo en casi todas las cosas con nosotros.

¿Y el hecho de ahora con Mitómana de trabajar con una actriz profesional, de cierto reconocimiento como Paola Lattus, como se explica en esta dinámica de trabajo?

JLS: No, ningún fin claro. Fue porque se dio. Nunca nos planteamos trabajar de antemano con una actriz.

CA: Ella se acercó.

JLS: Quería trabajar e hicimos así la película. Igual nos gustaría trabajar con actores profesionales, para imprimirle otro grado de sacrificio ahí, sería interesante. Yo veo que la mayoría son vagos, no corren riesgos. ¿Dónde has visto una actuación que corra riesgos?

Y en cuanto al trabajo con actores naturales, ¿cómo trabajan con ellos? ¿Es un trabajo largo, hay bastante improvisación?

JLS: Es relativo también.

CA: De repente es más fácil trabajar con actores naturales. Es gente que tiene la veta de la actuación impresa en la sangre y no tiene ningún vicio como los que puede tener un actor de teatro.

JLS: O tiene vicios que son más interesantes que los vicios actorales.

CA: Exacto. Vicios actorales como modular mucho o tics, clichés.

Con todo lo dicho, ¿se puede decir que ustedes siempre están buscando una cierta autenticidad en lo que hacen?

JLS: Es interesante eso que tu dices, me encantaría decirlo, pero no me da el cuero. Pero yo no sé si uno podría decir que una película pueda ser menos honesta o no, no conozco todos los procesos de hacer una película. Pero lo que si sé es lo que nosotros hacemos es tratar de acercarnos a los conflictos que tenemos cerca. Más que hacer un cine de conflicto, nos vamos acercando a los conflictos que va uno viviendo.

La idea de las películas entonces van surgiendo de cosas que ustedes ven o nace de una idea básica y se va ésta desarrollando.

JLS: También se da eso que uno elabore tramas. Pero como decía la Carolina, hay que escuchar.

CA: Claro uno elabora. Pero después van pasando cosas y las cosas van cambiando.

JLS: Claro, la idea es crecer.

CA: No limitarse.

¿Qué cine los ha ido inspirando, influyendo?

JLS: Yo creo que el mismo cine chileno nos fue inspirando, desapreciándolo. No sentirse cerca de lo que se veía, ver una película donde pareciera que estuvieran jugando a una realidad que ni siquiera se acerca.

CA: Claro, de hecho cuando vimos El Chacotero, con todo ese tema del hacinamiento, lo trataba de una forma… da rabia la verdad. O la misma manera en que los actores interpretan a la gente de las poblaciones, da rabia, porque las cosas no son así.

JLS: Sí, eso nos impulsó. Es decir, a uno lo pueden impulsar cosas positivas y otras negativas. Yo creo que nos impulsó eso de no sentirnos cercano a ese tipo de cine.

¿Y cómo ha sido la relación con el resto de los realizadores, ustedes dirigen un Festival (FECISO), como ha sido esa relación con la gente del cine a partir de dirigir este Festival?

JLS: Parece que ahora mejor. Al principio había que invitar a esta gente para que fueran al Festival, para que inscribieran sus películas, porque sino no lo hacían.

CA: Yo creo que más nos hemos acercado con los documentalistas, con ellos hemos conversado más.

JLS: Es otro tipo de Festival ese, se hace en la población misma (La Pintana). La gente habla ahí mismo con los realizadores. Si no le gusta, va y te lo dice. Es algo mucho más severo y es más interesante, porque para la gente que va a mostrar se produce un crecimiento real, porque si hay una secuencia que es mediocre, la gente lo va a captar. Eso hace que la gente que va a mostrar se produce una adrenalina real. Diferente acá en Valdivia, donde la gente sí va a ver la película.

CA: Y también es super interesante lo que pasa a veces. Hay gente que se pone a discutir entre medio. Unos pifian, otros dicen que se callen. La gente se expresa, si está en la calle. Es otra onda.

JLS: Yo creo que pasa también por el formato del Festival. Es un significado importante, porque no hay filtro, no está el palmoteo en la espalda.

Volviendo un poco a esa distancia con el cine chileno, ¿ustedes hablan más del cine chileno actual o el que se ha hecho tras el retorno a la democracia? Porque hubo muchas comparaciones de El Pejesapo con El Chacal de Nahueltoro, por ejemplo, una película que marca lo que fue el Nuevo Cine Chileno. ¿Cómo ven esas comparaciones y ese cine?

CA: No sé, a mi me gusta El Chacal de Nahueltoro, la encuentro una de las mejores películas.

JLS: Igual yo las veo como películas totalmente distintas.

CA: Pero uno respeta obviamente el cine que se hizo en esa época.

JLS: Claro que uno respeta el trabajo. Lo que hacía Raúl Ruiz en esa época, lo que hacía Aldo Francia. Son importantes trabajos.

CA: Yo creo que nosotros nos referíamos a lo que se ha hecho desde El Chacotero en adelante.

JLS: Si, pero igual hemos visto cine anterior. El húsar de la muerte, por ejemplo, es una película que nunca se va a morir, porque tiene vida por sí sola. Y eso es interesante. Uno se acerca a ese tipo de películas. Uno se aferra a ese tipo de películas, a las que tienen vida.

¿Internacionalmente como ha sido la recepción de sus películas?

JLS: Ha sido extraño. Hace poco fuimos al Festival de Cine de San Sebastián y fue bien interesante porque se compitió con películas que todavía están con discursos como el del conflicto central, de la contemplación típica, de mostrar lastimeramente al latinoamericano. Pero cuando nosotros mostramos la película se provocó una confrontación, más encima porque los europeos siempre han pensado que nosotros tenemos que imitarlos así que cuando uno llega con propuestas nuevas, se creó algo interesante. Yo creo que lo interesante es que da el paso para dar cuenta de esa condescendencia de las otras películas. Era interesante que nuestra película no se mostrara igual que las otras películas condescendientes que estaban participando. Películas que eran como de la Concertación, por así decirlo.

¿De eso se desprende que ustedes lo que más buscan es instaurar una identidad propia en sus películas?

JLS: Es que ahí estás siendo muy tajante para preguntar. ¿Cómo vamos a decir eso? Seríamos unos subido de raja gigante si lo dijéramos (risas). Yo creo que lo que nosotros hacemos, igual que la gente que es artesana que hace cerámicas y cosas así, uno busca reconocimiento. Pero no el reconocimiento que algunos andan buscando de ganar el festival, de sacarse fotos o lo que sea. Es decir, el reconocimiento que te reconozcan por el trabajo que uno hace. Ese es el reconocimiento que no busca, si es que busca algo. Pero decir el éxito, esas cosas, no.

¿Están ya trabajando en algún nuevo proyecto?

JLS: Si, se llama Invasión, ya está en rodaje.

AC: Y terminando un corto, que ya está en post producción.

JLS: Mostramos un cortometraje hace poco, porque había un académico, Luis Mora, el “académico maldito”, ese es el nombre nobiliario que él tiene. Entonces nosotros le mostramos y él lo andaba mostrando en las clases, incluso hizo un texto. Bueno, nosotros con Invasión postulamos a Lastarria 90, porque ahí ofrecían los equipos. Postulamos como cualquier persona y claro, la gente más joven igual habla de que ahí son cuicos, que está Cruz-Coke. Pero a nosotros nos importaba postular por el asunto de los equipos y nos parecía interesante que Lastarria tuviera esa iniciativa porque nosotros hemos estado en universidades y ahí te prestan una cámara y la cámara puede estar mala. O te la prestan por un día y te molestan por dos semanas. Entonces eso nos parecía interesante, además que Lastarria ponía la cámara, la íbamos a buscar y no estaba. Y antes teníamos supuestamente auspicio con otras Universidades, íbamos y nos decían otra cosa. Como el caso de la ARCIS.

¿Y el tema del financiamiento, como producen ustedes sus películas, sale de ustedes mismos esa plata?

JLS: Si. Nosotros hemos hecho películas baratas, pero caras a la vez.

CA: Trabajamos los dos, básicamente. Pero ahora en Invasión tenemos a más gente.

JLS: Está trabajando el gran Pedro Micelli en fotografía. Claudio Pizarro también en el guión. Un guionista nuevo que se incorpora, importante, nuevo. Bien bueno, crítico, con un humor bien ácido.

¿Sus películas ha provocado entonces que más gente se acerce a ustedes, buscando colaborar?

JLS: Si, cuando uno queda en Festivales de esos clase A se acerca harta gente. Piensan que uno gana plata, pero se equivocan rotundamente, después se dan cuenta y se van (risas).

¿Y en San Sebastián ustedes buscaban traspasar la película a 35 mm solamente?

JLS: Nos interesaba más que se mostrara. Es raro decir que no nos interesaba, no si igual es interesante. Pero lo que más nos preocupaba es que la película se mostrara realmente en una competencia y con gente de otros lados, que la viera para ver qué pasa. Porque habíamos estado en Colombia y ya se conocía el trabajo y nos sorprendió mucho. Algunos cineastas jóvenes de allá habían tenido un impulso con las películas que habíamos hecho y eso fue sorprendente.

Con esto último que han dicho, ¿ustedes se sienten cercano a ese concepto de Glauber Rocha de que para hacer una película basta una idea en la cabeza y una cámara en mano?

JLS: Interesante lo que decía Glauber Rocha, debe haber sido la raja haberlo conocido.

CA: Su última película es muy buena.

JLS: La A Idade da Terra. Yo creo que ahí está eso de que tu preguntabas si   pudiera uno inspirarse en algo, yo creo que esa película es una inspiración total. Un grado de libertad total, ahora uno no ve cineastas que tengan esa libertad. Pareciera que todos estuvieran haciendo la misma película, especialmente en Chile, el mismo tema… No hay libertad. Lo mismo en el cine brasileño actual.

Finalmente, ¿hay algo rescatable para ustedes del cine chileno actual?

JLS: Hay hartas personas, lo que pasa es que está apareciendo. Por ejemplo, Vittorio Farfán que es un animador excelente de Talca, que tiene una idea muy interesante. Nosotros nos sentimos inspirados en él. Théo Court, Vicente Montecinos que está tratando de construir un camino importante.

CA: Bueno, nos gustó Un hombre aparte también.