Entrevista a Edgardo Viereck
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8 de mayo 1966

Edgardo, ¿cómo llegó esta película a ti? ¿Por qué contar esta historia?
-Me contaron una historia hace años atrás que me dejó tan impactado que decidí darme una vuelta por el lugar donde supuestamente había ocurrido, que no es el mismo lugar donde filmé, pero que queda cerca. Esto fue incluso antes de empezar a organizar la producción. Recabé más información, me encontré con personajes, con testimonios. En definitiva, de pronto a uno se le abren las ventanas, entra aire y uno piensa “aquí puede haber una película”. Yo creo que el mérito o el aporte que puedo hacer con esta película es que, cuando uno habla los problemas de salud pública y del sistema defectuoso uno inmediatamente lo asocia con las colas en los hospitales o los consultorios de los grandes centros urbanos, las grandes ciudades. Y resulta que el resto del país vive otra realidad, vinculada a postas rurales que son “chositas”, que se están cayendo a pedazos, a médicos que a veces tienen que caminar kilómetros a pie, trasladarse hasta una “ranchita” en mitad de la nada para atender a una señora que está enferma y no tiene medios para llegar por sí misma al hospital provincial. Estamos hablando de falta de recursos, de mucha precariedad y desamparo. Finalmente para mí la historia funciona así, como una suerte de metáfora de ese Chile que se nos ha ido quedando atrás estos últimos años, que no se pudo subir no más al carro del gran proyecto de país que se va a desarrollar y modernizar. Efectivamente son cosas que han ocurrido pero hay gente olvidada y yo de alguna manera intenté-sin un afán de denuncia o de panfleto- de retratar de la manera más fiel posible una realidad que a mí me parece que es parte de este país.

Uno de los aspectos positivos de la película es mostrar este otro Chile que, como tú dices, no se subió al progreso desde la lógica modernista, occidental, pero que tienen esta otra riqueza que tiene que ver con la raíz, con la multiculturalidad, con el uso de la lengua mapuche al interior de la película…
-Bueno ahí aparece el personaje de Francisca Eyzaguirre, Ángela, que es una chica que se fue a dar clases a una escuelita rural perdida en mitad del campo. Aparece también el personaje que hace Julio Jung que es un médico que toda la vida ha trabajado ahí, en esas condiciones, que viene de vuelta de todo y que tiene una filosofía que aún se puede encontrar en los hospitales públicos, por suerte, esos médicos de antaño que lo son por vocación más que de profesión. Y aparecen estas comunidades, estos personajes que muchos de ellos están interpretados por actores profesionales como Gabriela Medina y César Arredondo, pero también muchos están interpretados por personas locales, gente que casteamos  ahí, en la zona, y que la mayoría nunca había hecho una película. En ese sentido, se instala un código de verdad que nosotros obviamente lo insertamos dentro de la ficción pero siempre en el afán de retratar lo más fielmente posible. Incluso yo te diría que la película la fuimos encontrando, si bien Isabel Troncoso la guionista escribió un guión bien completo, con toda una propuesta de estructura gramática, personajes, en fin. Pero la verdad es que cuando uno llega ahí se empieza a encontrar con la película, en términos de cómo poner la cámara, qué ritmo hay que darle a esto, porque finalmente ahí hay otro tema, el clima, el paisaje, se instala como un personaje más. El invierno te come, finalmente, entonces te obliga a setear las escenas de una cierta manera, te das cuenta que incluso uno y los actores entran en un tempo y la acción dramática cobra un ritmo que al final se impone por sobre cualquier lógica o previsualización. Yo en eso trato de ser bien mateo, llego con mis guiones dibujaditos, desglosados y todo pero finalmente, como te digo, la realidad aquí impuso una lógica. Todo eso para mí gusto suma en la película. Como decía, el paisaje, el clima, la cosa inhóspita del invierno sureño, la selva, los ríos, el agua, en fin, todo eso se instala y la película transpira humedad.

Yo mientras veía la película pensaba “esto no debe haber sido fácil de filmar”. El invierno sureño es brutal y yo me podía imaginar a ti y a tu equipo filmando ahí en medio de esa lluvia interminable… ¿Cómo fue ese proceso?
-Fue un mes de filmación, donde la mayor parte fue en exteriores y en el campo, en locaciones reales, y una parte menor en el interior de los hospitales en Valdivia mismo. Eso fue durante la última semana pero prácticamente durante todo el rodaje llovió sin parar día y noche, como sucede normalmente en esa época porque filmamos en julio del año pasado. La verdad de las cosas es que-como decía recién- el invierno se fue instalando, se impuso en la pantalla.

¿Y estaban preparados para eso?
-Estábamos preparados logísticamente pero, te insisto, anímicamente tú finalmente “eres de rulos”, como dicen los huasos. Uno no nació ahí entonces es fuerte, tienes que adaptarte, incluso tu cuerpo. Entonces fue bastante “épico”, como una historia dentro de la otra historia que estábamos contando. De alguna manera nosotros buscábamos eso porque, en general, cuando ves el sur en el cine chileno, lo ves filmado en verano, porque normalmente las películas se filman en esa época, por todo esto que estamos conversando. Acá era necesario que esta historia se encontrara con la lluvia, el agua, el barro, con los temporales, los truenos, con estos embarcaderos que cuando, de pronto, sube el agua del río  quedan anegados y ya no te puedes mover hasta el otro día a veces. Eso te obliga a seguir el ritmo de la naturaleza, tú no dominas ni controlas nada. De hecho eso tiene que ver con algo que ya viene en el guión de la película: el personaje trata de irse más de una vez, tiene reuniones en Santiago a las que no llega porque cuando quiere salir el agua anegó el embarcadero, el botero no está, la lluvia es torrencial, cerraron el muelle y, como decía, la naturaleza se impone no más.

Ahora, la historia del citadino que se va al mundo rural y que es transformado por los tiempos, por las exigencias, por la gente, lo hemos visto ya porque es parte de la historia del cine y de la vida. Pero me imagino que enfrentado a eso tú con tu equipo decidieron hacer eso también. ¿Sentiste tú que te pasaron cosas?
-Sí, a mí en lo personal me pasó con esa frase-que es un cliché- que dice que el hombre es forjado por el clima y la geografía en la cual habita, que es una cosa que a uno se la dicen desde cuarto básico cuando uno estudia geografía en el colegio. Como casi todos los clichés, es súper cierto. Esa fue una de las cosas que yo aprendí el año pasado, aunque más que aprenderla la palpé, la viví. Me di cuenta que el ritmo, la forma de pensar, todo lo que tiene que ver con el comportamiento de la gente que vive en esa zona tiene que ver con lo que es en términos geográficos y climáticos. A mí me parece que finalmente todo eso está en la pantalla y es muy atractivo, es decir, pocas veces uno ve filmado el sur de Chile como está en esta película.

Ahora, al personaje le pasan cosas porque se enfrenta con gente y eso se ve en la película pero mi impresión es que también pasó detrás de ésta… Cierta sospecha  de parte de la gente ,quizás en un comienzo, cuando llegaron con las cámaras a filmar a esta comunidad pequeñita y que después probablemente los adoptaron…
-Sí, así fue. De hecho la propuesta de cámara, la manera como está filmada la película tiene que ver con reproducir la forma en que el protagonista mira todo. La cámara de alguna manera son los ojos, expresivamente hablando, del protagonista. Esta cosa contemplativa que es distante pero no es fría, en ese sentido creo que Pablo da muy bien en la tecla en su personaje cuando transmite esa cosa distanciada, no comprometida, pero no necesariamente fría ni cruel. Al contrario, aunque no quiere, poco a poco se va involucrando y termina involucrado. A mí me gusta decir que este personaje termina descubriendo que es mejor persona que lo que él creía. También se enfrenta a otros personajes, tú lo decías bien. Está el personaje de Julio Jung, este Vicente que es un médico a la antigua, que le muestra una cara de la moneda, una forma de hacer medicina, y está Alejandro Trejo que le muestra otra cara, quizás más complicadita, más oscura, más discutible sobre cómo hacer la medicina, lamentablemente muy real. Aparecen otros personajes ahí mismo en el hospital y aparece toda esta realidad rural con los personajes de Gabriela Medina y César Arredondo que esta suerte de entre capataz de fundo  y estrella de barrio. Son arquetipos sociales que están ahí y que tú puedes encontrarlos en cualquier localidad, comunidad o pueblo del sur de Chile y que conforman toda una fauna humana que nosotros desde la ciudad no la conocemos.

Lo interesante es que, contando las películas como inicialmente lo hicimos podrían esperar una película muy luminosa , pero al personaje le pasan cosas bien tristes, la realidad a la que se enfrenta es muy dura, ¿cómo se hace para mantener el tono, de no caer en lo demasiado luminoso pero tampoco sin entrar en ese abismo del abandono en el que vive esta gente?
-Bueno, yo creo que ahí hay que hablar del gran aporte que hizo Isabel Troncoso, la guionista, en el sentido de llevar el relato desde lo dramatúrgico, por decirlo así, por senderos que evitaran justamente el cliché y el lugar común. Se juega con esas claves, como el final feliz, la historia de amor; se juega en el buen sentido. No es que se juegue en el sentido de simularlo, hay sentimientos reales que están dando vuelta ahí en la historia, hay relaciones que establecen los personajes que son reales, dentro de la historia que estamos narrando. Pero, como tú bien dices, lo que nosotros intentamos es dejar todo instalado, con un final que es aplastante, que golpea-a mí mucha gente me lo ha dicho, incluso algunos se emocionan-justamente porque esa idea del “happy end” no está pero sí la idea de una felicidad posible. Yo creo que por ahí va también la película: te propone un final que es abierto, que te deja a ti la responsabilidad de completarlo con lo que creas que puede o debe pasar, y también porque estamos evitando juicios de valor, estamos mostrando y no necesariamente demostrando ninguna teoría o tesis. Ahí es donde cobra peso lo emocional por sobre lo ideológico, es una película que apuesta a la emoción. Yo creo que la gente se va a conmover con la película. En el estreno me di vueltas por varios complejos y la gente salía muy conmovida y hablando bien.

La película tiene tres niño s actores que son notables y que son además de la zona. ¿Cómo fue ese trabajo?
-Ellos nunca habían estado frente a una cámara. Hay un mérito en el casting, tuve la suerte de contar con un buen equipo de producción y asistentes encargados derechamente de “castear” a toda la gente de la zona. Y luego claro, hice un trabajo con ellos antes de filmar, que básicamente tiene que ver con romper el hielo y generar lazos de confianza para que se entreguen a las situaciones. Ahora, con los niños curiosamente no es tan difícil trabajar porque actuar de alguna manera es hacer lo que uno hace de cabro chico, el famoso “como si”, que es creerse el cuento: soy vaquero, soy astronauta, estoy feliz, tengo pena, tengo rabia, etc. Pero eso hay que llevarlo a un trabajo donde hay una metodología, donde estás “esclavizado a un texto”, tienes que aprenderte líneas, pero como digo hubo un muy buen proceso de selección, son niños muy inteligentes, muy dedicados y muy mateos. A mí me impresionaba como uno de ellos estaba aprendiéndose la letra hasta el final, el otro se dedicaba a hacer ejercicios para entrar en el ritmo de la escena. Hay una niñita, que no habla nada…

Por eso me llamaron la atención, porque en general los niños que vemos en el cine chileno suelen ser muy parlanchines y sostener mucho de su trabajo en el diálogo. En este caso los niños hablan muy poco.
-Sí, son expresiones, la cara, las miradas. Tiene que ver con hacer un trabajo desde la dirección de crear un clima para que se sientan con la confianza suficiente para ser ellos. Uno los “castea” en base a ciertas características que estás buscando y luego hay que dejarlos ser no más porque así juegan, poner a correr los mecanismos de la imaginación y se entregan a las situaciones.

-¿Y qué pasa ahora? La película ya se estrenó, está en los cines de nuestro país, ahora ¿va a festivales?

-La película ya estaba seleccionada en Chicago, pero nosotros por temas de fechas finalmente decidimos no mandarla este año, sino el próximo. Estamos ya hablando con Guadalajara para ver formas de estrenar allá también y estamos con cuatro otros festivales conversando, dos en América Latina y dos en Europa para ver cómo armamos un pequeño circuito ahí de difusión festivalera.  Pueden visitar el sitio web de la película www.desdeelcorazon.cl , estamos en twitter, estamos organizando concursos, regalando entradas. Está todo pasando.