Entrevista a Diego Marín Verdugo
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Cuando uno ve EE.UU v/s Allende puede hacerse la impresión de que este filme va por dos vertientes: la primera es una cosa personal tuya con tu mamá, la periodista Patricia Verdugo, que escribió el libro Salvador Allende: Cómo la Casa Blanca provocó su muerte. La segunda tiene que ver con una obsesión que compartimos muchos los de nuestra generación que es saber exactamente qué fue lo que pasó antes para poder relacionarnos con el Chile de hoy. ¿Puede leerse así?
-Sí, estás en lo cierto. Evidentemente están esos componentes activos presentes en la película y creo que se sienten. Por supuesto si la muerte de mi madre no se hubiera dado durante el proceso de producción probablemente el elemento de homenaje hacia ella tampoco sería tan presente como lo es. Pero bueno, así sucedió y es un trabajo que-en el duelo mío de vivir la muerte de mi madre-significó un regalo tremendo, poder seguir trabajando con ella en esta presencia/ausencia que es una mezcla muy extraña y evidentemente eso se nota en el documental. Y claramente también está esta obsesión de la que tú hablas de nuestra generación- aunque ojalá fuera más extenso pero creo que somos un grupo más pequeño del que quisiera- por reconstruir la memoria histórica de los hechos recientes. Esta investigación busca justamente desenmascarar al Gobierno de Estados Unidos y su política de acciones encubiertas y regalarle al pueblo chileno la información verídica de lo que realmente ocurrió. Creo que durante muchísimos años hemos vivido con la sensación de que estas cosas pasaron, hemos escuchado que Estados Unidos intervino, pero creo que tener acceso a información concreta, contundente, veraz, revelada por documentos que ellos mismos desclasificaron de una manera cronológica y ordenada permite que nos hagamos una idea de la real dimensión de la intervención de Estados Unidos. Entendiendo que las cosas no habrían sido como sucedieron si no fuera por la decisión que tomaron (Richard) Nixon y (Henry) Kissinger en la Casa Blanca empujados por Agustín Edwards, propietario de El Mercurio. Creo que es muy importante que los jóvenes chilenos tengan la oportunidad de hacer una relectura de lo que ocurrió en Chile en base a estos elementos de análisis, que reinterpretemos la historia y revisemos el prejuicio de que fue el gobierno de la Unidad Popular el que provocó el caos y la desestabilización económica, que fue una mala gestión administrativa. Hay que entender que no, que todo eso nace de decisiones que se toman en la Casa Blanca.

Esta semana se lanza oficialmente el DVD de La batalla de Chile. Si uno junta los dos documentales uno se da cuenta de que el documental de Patricio Guzmán nos muestra los efectos de esas decisiones, y el que hiciste tú nos muestra qué era lo que estaba detrás…
-…Las verdaderas causas que motivaron esos efectos que vemos en la película de Patricio Guzmán. La batalla de Chile es increíblemente buena, es un testimonio de lo que se vivía en Chile desde el punto de vista, creo yo, de la gente. Es como un ciudadano privilegiado que se mueve por los ámbitos más adecuados y en un ritmo muy humano, que es maravilloso. Claro, creo que EEUU versus Allende viene a complementar esa información que Patricio Guzmán, a lo largo de su documental, nunca niega, siempre habla de que la intervención está presente y de hecho eso era algo claro desde el gobierno de la Unidad Popular también. Esto viene a contar esta historia, específicamente de la acción de Estados Unidos para provocar el boicot en Chile.

Al contrario de otros países nosotros no hemos tenido acceso a los datos, a la memoria, a la información real de la dictadura, para poder sanarnos de alguna manera. Tú haces un trabajo bien detallado respecto a lo que la CIA sí ha entregado-aunque no ha entregado todo, lo dices muy bien al final de tu documental-para armar esta historia. Los datos son indiscutibles.
-Esa es una virtud del documental, que sea indiscutible, que es información veraz, entregada por ellos mismos, oficial. Lo que es triste de este asunto son varias cosas. Primero que las declaraciones del Presidente Bill Clinton- que son las que obligan a la CIA a entregar estos documentos- son muy tristes porque él se refiere en términos de que los chilenos tenemos derecho a saber qué nos pasó. Es muy triste que no solamente Estados Unidos haya provocado lo que provocó en Chile-no sólo la caída de la Unidad Popular sino también los casi 20 años de dictadura, la sangre que corrió por Chile, y la refundación de un país porque ahora Chile espiritualmente es otra nación-sino que además nos permita hojear en nuestra propia historia. Es triste que los chilenos y que los gobiernos sucesivos de la Concertación no hayan pedido explicaciones al Gobierno de los Estados Unidos. Es triste que sean ellos los que decidan mostrarnos un poquito de nuestra historia sin que nosotros se lo exijamos. Es triste que las Fuerzas Armadas Chilenas no le exijan al Gobierno norteamericano una explicación por el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército René Schneider. Es triste que nosotros no pidamos esas respuestas sino que de vez en cuando el Gobierno estadounidense piensa que, ha sido tan terrible lo que han hecho, que merecemos saber un poquito de lo que nos pasó.

Y de todas maneras no ha habido un real mea culpa de parte del Gobierno norteamericano por la intervención…
-Han hecho comentarios, pero no directamente los involucrados. Probablemente (Henry) Kissinger es quien tendría que tomar esa posición, pero es un personaje nefasto. Existe una campaña internacional importante de descrédito hacia él, de gente que quiere que se le quite, por ejemplo, el Nobel de la Paz, que se le dio justamente por haber intervenido y terminado la Guerra de Vietnam, cuando a la larga los años han demostrado que su actuación fue por prolongar el conflicto. Él es presidente honorífico del Comité Olímpico Internacional, tiene una cantidad de cargos que son impresionantes y que se le deberían dar sólo a Ghandi y a un par de personas más. Realmente es él el personaje vivo que en este momento podría dar explicaciones sobre el caso de Chile. Collin Powell en algún momento hizo comentarios como que el caso de Chile no es nada de lo que Estados Unidos pueda sentirse orgulloso, pero esos no son consuelos después de tanta sangre, de tanto dolor.

Me llama la atención lo que tú dices respecto a quiénes somos hoy día y quizás lo más doloroso de todo el documental es el final. Hay un epílogo ahí que al parecer ha sido bastante desagradable para la gente de la Concertación, donde tú entrevistas a varias personas relacionadas con Allende, incluso al hoy candidato presidencial Jorge Arrate. Tomas una frase del último discurso de Salvador Allende donde dice “Espero que mi muerte no sea en vano” y ahí remarcas el “en vano” y con las reflexiones posteriores respecto al Chile que tenemos hoy con la lógica económica y política que nos gobierna parece ser que ese Chile que fuimos, lo perdimos para siempre.
-Sí. Probablemente por ese final no conseguí ningún fondo público concursable del gobierno. Yo creo que es una reflexión muy importante que mucha gente agradece. Puedo entender que al gobierno no le venga bien pero sería mucho más grande de ellos ser capaces de hacer una autocrítica. Quizás con las elecciones no sea el mejor momento para ello, no pensé en sacar este documental justamente ahora creyendo que les pudiera venir mal, pero me parece importante que hagamos una reflexión todos los ciudadanos respecto a lo que ha pasado en estos 20 años de Concertación: a dónde nos ha llevado, cómo se ha administrado la justicia, hasta dónde no se catapultó simplemente un grupo de poder enarbolando el deseo de todos de cambio y justicia. Creo que se ha construido mucho el poder sobre el dolor de las personas y creo que la Concertación, como lo dicen muy bien muchos de los personajes en el documental, tiene una deuda muy grande social y de justicia con la gente que es gigantesca. Yo me hago eco de las palabras de mi madre que decía que si queremos un Chile que sea lindo, que sea estético, también tiene que ser ético, porque ambas cosas van de la mano y este es un país que no es ético y, por ende, no es estético. Que después de 20 años de Concertación sigamos siendo uno de los países con mayores rangos de desigualdad entre ricos y pobres, es una vergüenza. Yo creo que han pasado muchas cosas por las cuales la gente tiene una decepción grande, el momento electoral está dando cuenta de eso. Evidentemente Marco Enríquez-Ominami está capturando el espíritu del descontento y, sin embargo, me parece muy triste porque para mí el único candidato que propone cambios progresistas es Jorge Arrate. Es muy extraño porque es el único que en su programa habla de cambios potentes y modernos pero, sin embargo, tiene el estigma del pasado, de todo esto que la gente percibe como una amalgama de lo que es viejo y es peligroso.

Llama la atención que en la ficción en 20 años podríamos nombrar sólo un par de películas que han tocado derechamente el tema de la dictadura y de lo que nos pasó pero el documental ha hecho un trabajo mucho más fuerte de memoria y también con una propuesta estética que es muy interesante también, estoy pensando en lo de la Lorena Giachino, con Reinalda del Carmen, mi mamá y yo, lo de Rodrigo Moreno con La ciudad de los fotógrafos, por ejemplo. ¿Cómo te sitúas tú en esa herencia?
Primero que nada me parece maravilloso que haya una generación de jóvenes chilenos que nacimos y nos criamos en dictadura y crecimos con esta Concertación, en esta democracia, en esta transición larga, que somos los que hemos tomado la bandera de reconstruir y retomar los temas de memoria, casi como una bandera de lucha de romper con la amnesia impuesta. Aquí hay algo en que probablemente estemos de acuerdo con mis colegas y es en que la amnesia en la que la gente se ha sumergido no es por culpa de ellos, no ha sido por elección propia, yo creo que son víctimas de un sistema que a lo largo de estos 20 años de transición-cuando era el momento de retomar la memoria y sanar las heridas- lo que se hace es tapar estos hechos desde los medios de información, controlados en su mayoría por la derecha, y también con un discurso desde la Concertación que invita a mirar hacia adelante, que para atrás es malo, que verdad y justicia no, que mejor reconciliación a costa de todo, todo eso para cubrir la forma en que se pactó la transición con la dictadura. Eso se ha instalado en la gente como un chip, en un acto que no es voluntario pero yo veo que todos repiten como loros, cuando quieres hablar de política y del pasado te dicen “ay que lata, no”. Yo creo que el trabajo nuestro es romper con ese chip, invitar a mira la historia y además de una manera interesante para los jóvenes que tiene que ver con la propuesta estética de la que tú hablas en este documental. Es un documental que está hecho para jóvenes, aunque en realidad la puede ver todo el mundo, de hecho fue maravilloso que en el estreno gente mayor me dijera “yo viví todo este tiempo y, sin embargo, aprendí algo nuevo y te doy las gracias”. A pesar de eso en la semilla de la producción de este documental, ya lo habíamos conversado con mi mamá, la idea era llegar a los jóvenes. Mi mamá tenía mucho interés en que los jóvenes chilenos de la actual generación y las futuras tuvieran acceso a información verídica sobre lo que realmente ocurrió. ¿Cómo llegar a los jóvenes? Haciéndolo en un formato atractivo para ellos. Este es un documental que tiene un ritmo muy dinámico, de hecho puede que a gente mayor se le haga un poco mareador, pero la gente joven lo asimila con mucha facilidad, le entra muy rápido. Igual es muy terrible, la gente queda un poco en shock con esto de ir asimilando emocionalmente toda la información que se va dando, pero está en un ritmo muy adecuado para verlo.

¿Qué esperas que pase con EE.UU v/s Allende?
-Espero que pasen varias cosas. Quizás lo primero, que es un desafío que depende de mí, es que lo vea mucha gente y que en el imaginario colectivo se instale este dato, que cuando se toque el tema de la Unidad Popular en el futuro la decisión de Estados Unidos de derrocarla sea un hecho irrefutable. Evidentemente que el gobierno de Salvador Allende tuvo fallos, yo no estoy diciendo que no, pero jamás podremos saber hasta donde pudo avanzar ese sueño de socialismo en democracia.

Tú estás recién estrenando y me imagino que ahora empezarás a hacer el recorrido festivalero y  empezar a mostrar el documental internacionalmente y me pregunto particularmente qué va a pasar en Estados Unidos cuando llegues a mostrar este trabajo.
-Eso es lo que yo también me pregunto y no lo sé.