Director de Perro Bomba: “Es una película que nunca pudo estar en nuestras manos”
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Previo al estreno en salas, ocurrido el pasado jueves 3 de octubre, el largometraje dirigido por Juan Cáceres que aborda el tema del racismo y discriminación en Chile, debió enfrentar una serie de odiosas reacciones en redes sociales. Irrumpe en la cartelera siendo la ópera prima de un grupo de cineastas de la Universidad de Chile.


En el año 2010 cifran los estadistas el inicio de la migración masiva de haitianos a Chile, proceso que tuvo como momentos altos los años 2015, 2016 y 2017. Su llegada se hizo rápidamente visible, pues empezaron a hacerse comunes rasgos físicos distintos a los nuestros y comenzó a escucharse un idioma nuevo, parecido al francés, que luego supimos que era el creole.

Juan Cáceres entonces era estudiante de Cine de la Universidad de Chile. Junto a sus compañeros de generación en dicha institución se formaron bajo el alero de dos importantes movilizaciones estudiantiles: la denominada revolución pingüina de 2016 y la de 2011. Ambas marcaron precedentes importantes en la concepción del rol del Estado en la educación. “Esos dos movimientos nos implican, ya en el futuro no podemos disociar nuestro quehacer profesional con nuestra labor social, entonces cuando decidimos comenzar a hacer la película fue natural querer tratar algún tema que tuviese una repercusión social que pudiese servir para crecer, para desarrollarnos como país”, cuenta en medio de los preparativos del estreno de su primera película Perro Bomba, en la que hablan del racismo a propósito de la migración haitiana.

La idea inicial era abordar el movimiento migratorio del campo a la ciudad ocurrido en Chile a principios y mediados del siglo XX, pero atestiguar lo que estaba generando la presencia masiva de haitianos en el país los hizo decidirse por este tema. “Nos llamaba la atención al inicio lo exótico, el idioma, la lejanía, pero cuando iniciamos los primeros acercamientos no empezamos a dar cuenta de la realidad, las dificultades que vivían y así nació el proyecto”.

Querían hacer una película que utilizara tanto elementos del documental como de la ficción, por lo que realizaron un casting abierto para definir a los protagonistas de la cinta, quienes serían mayoritariamente personas sin formación actoral. No obtuvieron resultados positivos. Luego, consultando a colegas supieron de un joven haitiano que estaba participando de una obra en el Teatro La Memoria. Se entrevistaron con Steevens Benjamin y fue unánime la decisión de trabajar con él. “Inmediatamente nos dimos cuenta de su talento y sobre todo de sus ganas ser actor”, cuenta el director. Estaban trabajando sobre un guión tentativo que habían elaborado para postular, sin éxito, a recursos  del Fondo de Fomento Audiovisual, pero el encuentro con Steevens “transformó totalmente esa idea de guión y nos casamos con la idea de trabajar con él, a partir de su experiencia, en su entorno”.

“Para postular a los Fondos de Cultura tuve que escribir un guión, un proceso bastante tortuoso en lo personal,  ya que no suelo hacerlo, y el resultado  nunca me dejó del todo conforme. No haber conseguido los recursos si bien me frustró, también me abrió los ojos porque las cosas que yo quería escribir no sé comparaban con lo que en realidad sucedía. Fue así que decidimos dejar de buscar la película en el computador, en el guión, y trabajar directamente sobre la realidad. Ese guión que alguna vez escribimos se lo regalé al Steveens con una dedicatoria que dice de los errores se aprende porque para mí no resultó natural, resultó como querer imitar las formas de producción que nos enseñaban en la Universidad, pero que no nos acomodaba”.

En la película, Steevens Benjamin es un joven que reside en Chile desde hace unos años. Tiene un trabajo en la construcción y una vida apacible hasta que su reacción ante una situación racista sufrida por un amigo de infancia lo deja en una condición de desprotección y soledad.

“Comenzamos a grabar sin guión, trabajamos mucho la improvisación, también con la idea de que el guión final se encuentra en el montaje”. Por ello, agrega que “ésta es una película que nunca pudo estar en nuestras manos, que siempre fue incontrolable para nosotros”.

“El inicio de la cinta surgió porque un día Steveens me dice que se quiere poner extensiones en el pelo porque todos mis amigos lo están haciendo y quería saber si eso afectaría la película. Nosotros le dijimos que no era problema y le pedimos que nos dejara documentar ese momento y esa es la primera escena que rodamos y no teníamos guión. Luego empezamos a grabarlo un viernes en la calle con sus amigos y de a poquito nos fuimos acercando a su realidad y ésta fue dándonos los lineamientos para abordar la ficción, pero lo que se ve en la película, como su casa,  amistades,  trabajo,  recuerdos, ropa,  espacios, es su vida real. Por eso también quisimos usar en la ficción su nombre real”, cuenta Cáceres. Además del círculo de Steveens, el elenco se compone de los actores Alfredo Castro, Blanca Lewin y Gastón Salgado.

Perro Bomba incluye también paisajes audiovisuales musicales, materiales que habían registrado como parte del proceso de investigación inicial y que desecharon, pero que durante en montaje adquirieron un nuevo valor. “Con Diego Figueroa y Andrea Chignoli, los montajistas de la película, nos dimos cuenta que nos faltaban pilares que sostuvieran nuestro relato, ya que no estábamos trabajando sobre una lógica aristotélica o esas lecturas tradicionales. A Andrea estos momentos musicales le gustaron mucho y nos sugirió que los usáramos en esa función. Así que hicimos un par de grabaciones de estos momentos un año después del rodaje inicial con personas de la comunidad haitiana. Tenemos música ancestral, hay música tradicional, pero también una mixtura con la cultura mexicana a través de una banda de haitianos que hacen rancheras, por ejemplo”.

Perro Bomba se estrena en un momento país en el que siguen teniendo cabida discursos racistas. De hecho, el lanzamiento del teaser de la cinta recibió una serie de insultos en redes sociales. El director se declara ansioso, pero incapaz de proyectar cómo será recibida la película por el público.

“La verdad ese es uno de los temas que más me genera inquietudes porque en Chile, pero también en la mayoría de los países de Latinoamérica, las personas no están viendo cine nacional. Sabemos que el promedio de una película independiente, como sería la nuestra, alcanza tres mil espectadores. Hace muchos años se viene debatiendo y proyectando sobre cómo generar audiencias, como crear ese último enlace de la cadena para que por fin tengamos una industria en Chile. La verdad no sé cómo nos va ir, estamos haciendo esfuerzos para llevar la película a salas, haciendo publicidad, pero la verdad lo único que  sé es que si hay algo en lo que las personas que hacemos cine tenemos que enfocarnos con energía es en tratar de acercarnos a las audiencias, tanto con estrategias de formación pero también con guiones más reflexivos hacia la realidad, también entendiendo más el contexto de los imaginarios de las personas que llevan años y años acostumbradas a consumir cine de Hollywood. Nos queda tanto trabajo por hacer ahí que me da un poco de vértigo”, concluye.