ENTREVISTAS
Entrevista a René Ballesteros
Por Marcelo Morales C.
31 de mayo de 2010

¿Cuándo y porqué surge la idea de hacer una película con tu propia historia?

Estaba viviendo en el extranjero. Como casi todos los inmigrantes sin dinero, salía de mi exiguo departamento a llamar a mi familia desde cabinas telefónicas, con tarjetas de llamadas, en la noche, después del trabajo.  Empecé a grabar a amigos chilenos y a otros extranjeros que hacían sus llamadas desde los teléfonos públicos del barrio en que vivía. Grababa en video, con cámaras fotográficas de bolsillo. Grabé harto, me gustaban las imágenes, las cabinas en la noche, los extranjeros llamando a sus familias, todo me parecía como de ciencia ficción, pero sentía que no llegaba a tocar lo que estaba detrás de ello, algo me decía que lo que subyacía a eso tenia que ver con las familias, con la relación entre el que se va y los que se quedan.  Entonces, cuando estaba en el montaje de este corto, montando las voces, para ser mas preciso, comencé a hablar de mi madre con amigos, de que hacía tantos años que no la veía y no sabia nada de ella, y entonces caí en cuenta de que las voces que estaba montando me traían a la memoria fragmentos de recuerdos de un par de conversaciones telefónicas, las únicas, que tuve con mi madre cuando ella se fue de Chile para Venezuela, en 1982.  Entonces, me dije, para hacer un trabajo honesto, debo abordar eso, sentí que había descubierto el tema que se escondía entre y bajo las voces telefónicas.

¿Cómo trabajaste el guión en este sentido?

La voz de conversaciones telefónicas es el hilo, cable o cordón principal. Al iniciar el proyecto, empecé a estructurar el recorrido, lo que iba a grabar, y la participación de mi hermana Karin fue importante, ya que la línea de los libros tiene mucho que ver con ella, con su trabajo actual como bibliotecóloga-archivista.

Ella hizo una tesis sobre la destrucción de los libros en Chile y conocía bien la historia de la Editorial Nacional Quimantú. Fue ella quien me recordó de los libros que quedaron en la casa como vestigio de la época dorada de nuestros padres y ella tenía en su memoria todos los detalles. A partir de ahí pude comenzar a escribir la película, tomando estos dos ejes: la historia familiar y la historia de los libros destruidos o censurados. En esto hay un cruce, ya que la censura aparece en la familia, materializada en el cuerpo mismo de los libros. Los libros actúan entonces dentro de la película como caballos de Troya para entrar en la familia y hablar de lo que siempre fue un tabú: el por qué la madre se fue.

Luego empecé a imaginar los dispositivos narrativos posibles: los lugares y personas y escribí una especie de mapa para cubrir los distintos elementos: la familia, los libros en la familia, la historia de Quimantú, los hermanos, la madre, la abuela, el padre… Fue como escribir en ramas, en árbol.  Luego,  el montaje, fue como coser un libro, a la antigua, empastar trozos, capítulos, hojas sueltas.

¿Surgió el miedo alguna vez de no saber si lo que hacías sería de interés general? ¿Cómo enfrentaste esto?

Fue una preocupación desde el inicio, abrir el filme hacia otras personas. Pero no creo haberla pensado en algo de “interés general”.  Creo que pensé la película como un objeto de interés particular que puede ser compartido. Es decir, esperaba comunicarme con los otros, pero sabiendo que los lectores que la película iba a tener iban a ser limitados en número.  Además el tratamiento del tema no es habitual para un documental, por lo que no sabía bien como iba a ser tomada la película.  Importante fue el trabajo con la montajista, Catherine Rascon, que me ayudó a tomar distancia del rodaje y aportó muchas buenas ideas. Trabajamos juntos en el montaje de la película, sin ella hubiera sido imposible tener la distancia adecuada y yo creo que es esta distancia de sí mismo la que es necesaria para darle justamente un lugar a la mirada del espectador y para que este pueda construir su propia historia. Es un punto esencial en las películas con un componente autobiográfico importante.

¿Cuánto duró el rodaje?

Hacer la película me tomó dos años. Alrededor de tres meses de rodaje, sumando y restando. Empecé en el 2007 y terminamos el montaje en junio del 2009. El rodaje fue entre julio y septiembre del 2008.  Pero la grabación de las conversaciones telefónicas empezó meses antes y fue un trabajo solitario, que me tomó meses.

Visualmente, ¿cuál sería la estrategia utilizada por ti en la película?

Usé cámaras distintas, desde cámaras de bolsillo hasta cámaras semiprofesionales, pasando de formato 16:9 a 4:3, en formatos HDV, XDCAM, miniDV y Jpeg.  Y eso forma parte de la estructura de la película, cada materia aporta algo al conjunto. A veces rodé solo, a veces con otras personas (Severine Pinaud en gran parte del rodaje en Chile, Jacques Loeuille y Enrique Ramírez en Francia, para las secuencias de la piscina). Una cuestión importante en el proceso de construcción de la película, antes del rodaje, fue el decidir si yo debía o no aparecer en la imagen, cual era el lugar que iba a tomar.  Dado que mi hermana Karin aparece y es parte importante de la narrativa, decidí mostrarme.  Además, siempre vi el filme como una historia de dos hermanos, como un cuento en que dos adultos vuelven a visitar los restos de su infancia.

¿Tuviste dificultades entre tu círculo familiar para finalizar la película o tu libertad creativa fue total? ¿Quedaron todos conformes con el resultado?

Todos en mi familia se mostraron dispuestos a participar, con mayor o menor “convicción”, pero todos lo hicieron finalmente.  Como uno de los temas del filme es justamente la censura en la familia, el hecho de que hubieran dificultades en el camino forma parte de la película misma y son, a la larga, “restricciones productivas”, al tener que ingeniárselas acerca de cómo hablar de lo que no se debe hablar. En este punto, el apoyo y la participación activa de Karin fue fundamental.  Si bien yo dirigí la película, el rodaje fue una experiencia que vivimos los dos, por el viaje que significaba para nosotros, y contar con ella fue esencial, es algo que no sé si hubiera podido hacer solo.

En términos artísticos y el resultado con el público que la ha visto, ¿la película ha cumplido tus propósitos iniciales?,

Me gusta el resultado de la película, aunque trato de no verla, por distintas razones, además de que soy muy crítico con lo que hago, pero me gusta como quedó. Y en términos de la recepción del publico, ésta ha ido mas allá de lo que esperaba. Hay mucha gente que se siente tocada por la película y eso es algo que no podía prever, solo al terminar el montaje me di cuenta de lo que podía provocar.  Desde el inicio me propuse traspasar mi historia personal y la de mi hermana y mi familia y creo que eso ocurre a veces, que algunas personas que ven el filme piensan en sus familias, en sí mismos, en los libros, y creo que hay espacio en el filme para que ello ocurra, para que esos lectores-espectadores puedan habitarla y apropiarse de ella.

Dado el fuerte desarrollo de filmes en primera persona en el documental chileno, ¿tienes autores o películas que te han servido de influencia?

Los trabajos de Bettina Perut e Iván Osnovikoff me parecen muy interesantes, aunque lo suyo no sea lo autobiográfico, tienen un punto de vista muy fuerte en lo que hacen, decidido, radical.  El trabajo de Carmen Castillo, Calle Santa Fe, es una buena película también. La ciudad de los fotógrafos también.

¿En qué consisten tus trabajos anteriores?

En una pila de informes psicológicos, de test de personalidad y evaluaciones de adolescentes imputados de delitos en la Región de la Araucanía, en el trabajo con niños en situación de calle en Temuco, en un disco de música electrónica que auto-produje en Temuco, entre otros. Empecé a hacer cine tardíamente o más bien, después de haber hecho otras actividades.  Pasé algunos años trabajando como psicólogo en Temuco, mi ciudad, y a los 30 decidí irme lo más lejos posible. Llegué a Francia en el 2005. Antes de realizar La Quemadura hice un corto el 2008, que se llama Las Estrellas.  Mientras estaba realizando la película trabajé en restaurantes, como baby-sitter y pegando afiches en Paris.

¿Qué viene después de La Quemadura? ¿Trabajas en un nuevo proyecto?

Me gustaría justamente enlazar mi trabajo anterior en Temuco con niños y jóvenes que pasan por los -irónicamente llamados- centros de protección y el cine, ya sea a través de talleres o de la realización de documentales o de la ficción.  Siempre he considerado que lo que pasa en los centros que supuestamente deben proteger a los niños se asemeja bastante a una película de terror, y eso es lo que me gustaría hacer: algo entre la ficción y el documental, algo así como una película de terror psicosocial. 

¿Veremos La Quemadura en Chile? ¿Hay planes de estreno comercial o de exhibirla en algún Festival?

La Quemadura será exhibida por primera vez en Chile en el festival SANFIC 6, en agosto, estará ahí como parte de la competición nacional.