ENTREVISTAS
Shenda Román: “Quiero que alguien se ponga valiente y escriba sobre una de esas mujeres maravillosas que luchan”
Por Gabriela Gonzalez
6 de julio de 2016

Figura clave del teatro y el cine nacional, Shenda Román comparte con CineChile.cl sus reflexiones y recuerdos de su trabajo con Raúl Ruiz, justo cuando la Cineteca Nacional de Chile inaugura una muestra de sus películas. Una mujer lúcida e idealista que espera proyectos artísticos que rompan con los estereotipos sobre las mujeres mayores y que también sueña con volver a tener su escuela de arte para compartir  los conocimientos que aprendió con los grandes maestros de las artes escénicas y audiovisuales.

Hace unos días se conmemoraron los 75 años del Teatro Nacional Chileno, otrora Teatro Experimental de la Universidad de Chile. Usted fue parte de ese momento ¿Cómo recuerda esa época desde la perspectiva de lo que significaba hacer teatro en Chile y en la Universidad de Chile?

Eran tiempos muchísimo mejores que los actuales, de hecho nosotros estudiábamos gratuitamente. Éramos un país más chiquito y ligeramente más democrático. Recuerdo haber ido a reuniones con mis padres, él era radical, quienes eran sencillos pero muy convencidos de que la forma de llevar adelante al país era con ideas progresistas y con formas de ser más generosas. Todo aquello bonito que uno soñaría que sucediera hoy y que se perdió en dictadura.

¿Hubo antecedentes artísticos en su familia? ¿Por qué se decidió a estudiar actuación?

Yo no me decidí, me acarrearon (risas).

Yo soy del norte y ahí mi madre nos enseñaba a cantar en inglés, canciones sencillas, para niñas y a través del canto me transformé en la artista no sólo de mi casa sino que también de la escuela. Esa situación me tenía muy aburrida, no  creas que me gustaba, ya que todos los lunes tenía que cantar ante la directora, el inspector, el encargado de cultura, los alumnos, todos.

¿Qué me dio por estudiar teatro? No sé, yo quería ser profesora de inglés y llegué al Pedagógico y estaba estudiando y de repente la vida social me hizo  conocer a varios jóvenes que estaban estudiando actuación y no sentí, no me di ni cuenta como me acarrearon hacia la Universidad de Chile. Pero fue un buen acarreo porque ahí estaban todos los grandes maestros, tuve como profesores a Pedro de La Barra, a Agustín Siré. No sé cómo llegué a ese ambiente, pero era un espacio muy grato.

Por supuesto que dejé rápidamente la pedagogía y me fui a estudiar teatro.

En los años del Teatro Experimental de la Universidad de Chile hacer arte estaba vinculado a un rol social, ¿Cómo lo recuerda?

Era un lujo lo que hacíamos y con el paso del tiempo ese interés político y social se iba acrecentando en mí. Yo era una cabra chica cuando entré a estudiar y pese a ello nunca faltaba a los ensayos, me sentía fascinada, quería hacer a todas las viejas de las obras a las que teníamos acceso, que eran muchas. Podíamos trabajar con todo el teatro clásico y no solamente universal sino chileno también. Además, los profesores eran muy instruidos

¿Cómo eran recibidos los montajes en los lugares en los que se presentaban?

En todas partes la recepción era muy buena. Fíjate que nosotros teníamos el teatro lleno durante tres meses. Se sacaban las obras de cartelera pese a que las funciones estaban llenas, pero se hacía porque había que cumplir con la programación. Luego de eso salíamos a itinerar con las obra a las salas pequeñas.

¿Cómo fue el paso al cine?

Fue a partir de la obra de teatro Tres tristes tigres, aunque tanto esta película como El Chacal de Nahueltoro se desarrollaron al mismo tiempo.

Ambas películas se estrenaron con meses de diferencia…

Y se hicieron también con meses de diferencia.

¿Cómo llegó a trabajar con Raúl Ruiz?

Raúl fue a ver la obra Tres tristes tigres que nosotros estábamos presentando con gran éxito en la salita chica del Teatro Cariola. Delfina Guzmán, Luis Alarcón, Nelson Villagra, Jaime Vadell y yo formábamos la compañía El Cabildo. Cuando digo que teníamos un gran éxito me refiero a que recibimos muchos premios por el montaje, pero no iba nadie a las funciones, entonces nos moríamos de hambre. Para agravar más el asunto estábamos todos recién casados con guaguas chicas. Nos quedábamos  haciendo teatro los más valiente

Ruiz andaba rondando todos los teatros y cuando vio nuestra obra le gustó mucho. Un día llegó Delfina Guzmán, que hacía un papel pequeño en la obra, diciendo que Raúl le ofrecido trabajar en su película y le había entregado unas hojas a modo de libreto, ya que  él trabajaba con hojas con diálogos. Yo paré la oreja y le dije que aceptara y además le pedí que le dijera que me llamara a mí también. Raúl aceptó rápidamente.

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¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Raúl Ruiz? Se sabe que su forma de filmar era poco convencional…

Yo no conocía a Raúl, pero yo y todos nos entregamos al proyecto y a sus instrucciones. Raúl nos entregaba papelitos escritos a mano con los textos. Yo me fui dando cuenta en el camino que era un tipo valioso y llegamos así al estreno y luchamos porque la gente fuera al estreno premiere en Valparaíso.

Él era muy creativo, muy autoral, muy seguro de sí mismo y eso lo irradiaba al elenco, y tú podías no entender lo que quería hacer, como me pasaba a mí al comiendo, y él conversaba contigo hasta que terminabas comprendiendo y te entregabas. Eso es lo grande de Raúl, trabajar con él fue una escuela para mí.

Y en el caso de El Chacal de Nahueltoro, ¿Cómo recuerda la experiencia?

Fue una experiencia fantástica. Miguel Littin nos buscó para que leyéramos el texto y supiéramos lo que íbamos a hacer. Él era muy joven, incluso más que nosotros. Fue una experiencia muy linda. Nosotros éramos tan utópicos que trabajamos con un acuerdo de porcentaje de ganancias y no ganábamos nada.

¿Qué significó entonces la experiencia de hacer cine?

¡Preciosa! A mí me encanta el cine. Siento  tanto no haber tenido la tranquilidad en el exilio para haber aceptado el ofrecimiento que me hicieron en Cuba de tomar cursos artísticos. Cuando yo viví en exilio estaba recién formándose la Escuela de Cine de Cuba.

Regreso a Chile

Luego del exilio, regresa a Chile y se suma a varios proyectos artísticos, el más importante para usted es el Instituto de Artes Pedro de La Barra…

Me encantó tener mi escuela. Estaba dirigida a quienes quisieran ser  profesionales del teatro e impartíamos todos los ramos básicos para un actor. Muchos directores y actores quisieron trabajar en mi Escuela, pero como yo no podía pagarles mucho, se fueron retirando muy luego. Luego de siete años tuvimos que cerrar por problemas económicos. No sé cómo duró tanto. Si lo hizo fue porque sencillamente yo perdí una propiedad para no deberle a nadie y me resigné.

En el cine ha tenido oportunidad de trabajar con jóvenes realizadores en varias películas, ¿hay alguna experiencia que recuerde de un modo especial?

Con Rosario Espinosa y Enrique Farías, los jóvenes directores de película La madre del cordero, me pasó algo muy interesante, hablamos mucho y  les sentí olfato de cine muy fuerte. Algo similar me sucedió con Francisca Alegría, realizadora que está concluyendo sus estudios en Estados Unidos. Con ella filmamos la película Y todo cayó sobre la vaca que murió, pese a que aún no he visto terminada la película, la experiencia me gustó muchísimo.

Con todos los directores jóvenes que he trabajado ha sido una muy linda experiencia.

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¿Qué le parece el rol que se otorga de las mujeres mayores en el cine, teatro o televisión?

¡Pésimo! He rechazado proyectos por lo mismo. Hace un tiempo una persona me invitó a trabajar en un proyecto de televisión. Me enviaron el guión y mi personaje,  una madre, estaba llorando desde el comienzo al final del texto, contando pequeños relatos sin importancia mayor. Quiero que alguien se ponga valiente y escriba sobre una de esas mujeres maravillosas que existieron y que luchan, que no son todas unas viejas que andan arrastrando los pies. Estoy esperando ese valiente. 

Me excusé por la petulancia pero si no me la doy yo, no me la ofrece nadie.

¿Qué análisis hace del presente en términos creativos?

Creo que donde está la creatividad en este momento es en el cine joven. Las películas nuevas que he visto me parecen muy interesantes.

No obstante, hay un problema con las audiencias, las personas no están accediendo a las obras…

Es que si  estás buscando  resultados económico, es difícil que las cosas resulten.

¿Qué proyecto le gustaría desarrollar?

Me encanta hacer clases a quienes realmente lo necesitan y quieren, por eso quiero volver a tener mi Escuela luego, necesito que a nivel gubernamental me apoyen con un espacio acondicionado.  Actualmente estoy dirigiendo un taller de actuación en Lo Prado gracias a un proyecto apoyado por Fondart. Ha sido una experiencia diversa, ya que he intentado traspasarles todo lo que yo aprendí y con esa intensidad les exijo. Mi hijo, quien trabaja como director en el proyecto, me dice que les exijo tanto, que me olvido que son aficionados, pero yo aprendí con rigor y compromiso, no puedo enseñar de otro modo.

Yo quisiera trabajar en esto en el futuro, aunque quizás no voy a tener tiempo de vida porque ¿tú crees que en un país tan comercializado como este no se me tirarían encima todos los políticos, que tienen las escuelas y lucran, si yo tuviera una institución gratuita? Estoy fuera de foco con esto, dando una lucha estéril, basada en principios.