ENTREVISTAS
Entrevista: Rafael Cheuquelaf y "Zonas de silencio"
Por Colectivo Miope
26 de febrero de 2015

Las bandas musicales en general, y las chilenas en particular, no son siempre conscientes de su propia imagen y menos aun rigurosas a la hora de preservar ordenadamente su propia existencia gráfica o visual más allá de su producción sonora. Los materiales se pierden, se botan, se desperdigan, no se cuidan. Nadie está pendiente de conservarlos con una mirada a largo plazo. Algo bien diferente ha pasado con Lluvia ácida, emblemática y veterana banda magallánica de música electrónica que, como pocas, se ha preocupado de acopiar meticulosamente su derrotero (que comenzó con su primer registro, el split Idiotización industrial xxx, editado junto a Pornoholic en 1992). Esto queda evidenciado en la cantidad de material del que disponen y exponen en su sitio: desde videoclips hechos, la mayoría, por los mismos músicos –Rafael Cheuquelaf y Héctor Aguilar– pasando por variadas apariciones en medios, presentaciones en vivo, cortometrajes de ficción y documentales que, dicho sea de paso, varios de ellos han sido realizados en torno a su propia agrupación. Ésto pasa, por ejemplo, con La dinámica del frío (2006), un repaso a la primera década de existencia de Lluvia ácida o también con Ciudad Mantiza (2013), documental de similar enfoque sobre Mantiza (banda a la que Rafael también pertenecío), de una sonoridad cercana al grunge. Merece atención el recalcar las diversas influencias y búsquedas que han experimentado éstos músicos. Héctor por su parte había transitado por el thrash y el grindcore, siendo parte de Infidel, otra banda pionera en su género en la región a comienzos de los años noventa.

El nuevo documental, Zonas de silencio, grabado entre enero y mayo de 2014 y estrenado en octubre de 2014 en Punta Arenas -y disponible online desde enero de 2015-, es una continuación de esta vertiente de trabajo autogestionado y de experimentación autorreferente. Lo singular es que de a momentos aquella constatación desaparece y el material fluye, como si los mismos autores supieran con certeza cómo distanciarse de sí mismos para presentar un resultado donde el paisaje, la música y los intérpretes se conjugaran bajo una misma óptica, envolvente y dinámica. Y aunque la mentada estrategia parezca ajena o incluso tabú para la doctrina documental convencional, donde se ha esbozado constantemente un necesario distanciamiento, en Lluvia Ácida esto se constituye como una postura lúcida y singular que no solo se basa en el dirigirse a sí mismos, sino además en que de esta manera construyen su propio camino transversalmente, experimental si se quiere. Construyen su música, y sobre todo su semblante, a su propia imagen y semejanza, sin intermediarios ni expertirijillos de turno.

En este caso, Zonas…, es en esencia una exploración atmosférica y anímica a diversos paisajes claves de la región magallánica donde el dúo improvisa su música en vivo. Experiencias afines ya tuvieron lugar en La ruta de Antartikos, documental-recital hecho en la Antártica para militares y científicos civiles de todas partes del mundo. Paralelamente a todo esto, los sonidos de Lluvia Ácida también se ha vinculado atinadamente a hitos del cine nacional, por ejemplo, musicalizando una versión de restaurada del documental Tierras Magallánicas, filmado originalmente por Alberto María de Agostini; y cumpliendo similar rol con El continente de la luz: Primeras expediciones chilenas a la Antártica, rarísimo material filmado entre 1947 y 1949 por Oscar Pinochet de la Barra y Hernán Correa, entre otros realizadores.

 Dialogamos con Rafael Cheuquelaf, músico miembro de Lluvia ácida y realizador audiovisual, sobre algunas de las diversas incursiones sonoras mencionadas y sobre esta nueva producción independiente.

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Fotograma de Zonas de silencio.

1. MUSICALIZAR

Antes de entrar de lleno a Zonas de silencio sería fundamental saber cómo llegaron a participar en la musicalización de Tierras Magallánicas y “El Continente de la Luz: Primeras Expediciones Chilenas en la Antártica” y cómo fue el proceso de, digamos, conceptualización para dar con el tono de cada pieza. ¿Tuvieron alguna guía, un margen de acción específico pedido o libertad creativa y técnica amplia?

Nosotros hemos estado componiendo y grabando música desde hace 20 años. Partimos como un dúo que imitaba a referentes industriales europeos y nos convertimos en músicos que buscan permanentemente inspiración en el medio ambiente que nos rodea (la Región de Magallanes), extrayendo referencias tanto de su pasado como de su presente. Entonces llegó, sin que nosotros nos lo propusiéramos realmente, la oportunidad de contrastar nuestra visión sobre esta tierra con la de otros autores, que ocuparon el Cine como herramienta expresiva y de registro documental. La primera experiencia fue justamente musicalizar Tierras Magallánicas (1933), documental de Alberto María de Agostini, por encargo del Museo Salesiano “Maggiorino Borgatello”. Transferimos el material desde una cinta Super VHS guardada hacía más de 10 años y fuimos probando musicalizarla con música ya grabada más algunos temas nuevos. Resultó que funcionaba muy bien, incluso a nivel rítmico y de atmósferas, sobre todo en el capítulo dedicado a los Pueblos Originarios. Este trabajo fue para una edición limitada en DVD y no tiene una gran calidad de imagen, pero tiene el valor de haber sido la primera versión que se mostró en público en Punta Arenas y en Santiago desde el estreno de la película original en 1933. Fue la primera vez que muchos magallánicos vieron la película completa. En el caso de El continente de la luz: Primeras expediciones chilenas a la Antártica (2012), se trató de un trabajo un poco más complejo, pues hubo que hilar un relato a base de material en 8 y 16 mm. encontrado en las bodegas del Instituto Antártico Chileno, el cual fue recuperado por el periodista institucional Elías Barticevic y restaurado por un equipo de la Cineteca Nacional. Las cintas venían sin rotulación, pero afortunadamente encontramos el libro “Base Soberanía y otros recuerdos antárticos” de Oscar Pinochet de la Barra, participante y uno de los que registraron esa aventura. Gracias a sus detalladas descripciones pudimos editar una película narrada en un correcto orden cronológico. Nosotros ya habíamos publicado un disco dedicado al continente blanco llamado “Antartikos” (Eolo, 2005), que presentamos en la Base “Eduardo Frei” (Isla Rey Jorge) en 2007, por lo que nuevamente tuvimos la oportunidad de probar la correspondencia de esa música con las imágenes que mostraban los primeros pasos de nuestro país en el ambiente más cercano al de otro planeta. Fue tal la sincronía lograda que nos atrevimos a musicalizarla en vivo, con un recital llevado a cabo en 2012 en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), en el marco de un concierto llamado “Exploradores del Sonido” y que contó con la participación de los músicos experimentales Frank Benkho (Chile) y Luis Marte (Argentina). Y hace muy poco, en diciembre de 2014, hicimos algo más cercano a Zonas de silencio: improvisamos durante una hora para sonorizar la película argentina “Entre los hielos de las Islas Orcadas” (José Manuel Moneta, 1928), la primera película realizada por un latinoamericano en la Antártica. Esto fue en el marco del Festival de Cine sobre la Antártica, Medioambiente y Sustentabilidad (FICAMS), en base a material facilitado por el Museo del Cine de Buenos Aires “Pablo Ducros Hicken”.

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Fotograma de Zonas de silencio.

2. REFERENCIAS

¿Qué ves usualmente a nivel de cine u otra disciplina, sea nacional o internacional, ya sea para buscar referentes o modelos de los cuales rescatar algún estilo o propuesta útil para esta película o alguna otra producción anterior?

A nosotros nos gusta mucho tanto el registro documental, sobre todo el de Exploraciones de principios de Siglo XX, como cierto Cine Fantástico y de Ciencia Ficción (nos gusta especialmente el de los años 70’s y el que se produjo en la Unión Soviética). Y por supuesto que hemos visto muchos documentales sobre bandas, pero lo que hicimos con Zonas de silencio no encaja mucho con ninguno que hayamos tomado como modelo. No es un “road movie” de una banda en una gira, pero sí nos muestra a los dos tocando con instrumentos no tradicionales en lugares agrestes y solitarios. Quizás tenga algún parecido con la película de Sigur Ros Heima, en el sentido de relacionar Música y Paisajes conocidos y amados por los músicos. O tal vez hayan reminiscencias del Live in Pompei de Pink Floyd. También podría citar la película Step across the border, que mostraba distintas improvisaciones del músico británico Fred Frith. Pero repasando nuestros documentales, se ve que el tema del viaje físico y espiritual está siempre presente. En La dinámica del frío (Eolo, 2006, mostrado en el Festival In Edit en 2008) mostramos nuestros primeros 10 Años y todo lo que costó el que un dúo electrónico magallánico llegara actuar en Santiago. En La ruta de Antartikos (Eolo, 2007) se registra nuestra primera actuación en la Antártica. En Kuluana (Eolo – Pueblo Nuevo, 2009) mostramos nuestro descubrimiento de la cultura Yagán, que culminó en un recital en Pto. Williams (Isla Navarino). Y nuestra realización anterior, Insula in albis (Eolo – Pueblo Nuevo, 2013), es básicamente nuestra exploración personal de Isla Rey Jorge (Antártica), lugar al que accedimos gracias al apoyo del Instituto Antártico Chileno.

3. ESTILO

¿Cómo determinaron el estilo visual aplicado en el documental, es decir, esa modalidad de cámara principalmente estable y el ritmo calmo resultante? Puede pensarse que es obvio si se toma en cuenta la sonoridad de la película, pero ahí entra también una interrogante. Qué evoca a qué primero: ¿la percepción de un paisaje y un entorno moldea la sonoridad o su etapa actual como músicos les hace sentir –observar y registrar– el paisaje de una determinada manera?

Zonas de silencio tenía por propósito primario el registrar improvisaciones realizadas en medio de paisajes y lugares con poca o nula actividad humana. Así que nuestra primera tarea al llegar a estos lugares fue componer un cuadro en donde apareciéramos, formando parte del escenario. Generalmente registrábamos a dos cámaras. Y simplemente, comenzábamos a hacer ruido, creando una especie de circuito cerrado, pero sensible a nuestro propio ánimo e intención. Posteriormente terminábamos de explorar el lugar, grabando tanto grandes planos generales como primeros planos, que mostraban detalles particulares de construcciones o formaciones geológicas. Ese material, más algunas imágenes de archivo y nuestros propios testimonios, terminaron por configurar una película que habla de la Improvisación como Herramienta de Exploración, tanto de nuestro entorno como de nuestras propias psiques. Por supuesto que el estilo visual, no demasiado frenético, busca emular ese estado de compenetración que tuvimos con los lugares que mostramos y me atrevería a decir que, de alguna manera, produce algo similar al espectador que se aventura ver la película.

4. LOCACIONES

¿Y sobre el criterio de selección de los espacios? Considerando la vastedad de lugares que posee la región, ¿cómo llegaron a definir los que finalmente forman parte del documental? ¿Hubieron otros que descartaron en el camino o que no funcionaban bajo algún prisma?

Los espacios no fueron escogidos al azar. Hubo algunos que nunca habíamos visitado, como el Faro “Posesión”, el buque varado “Olympian” y el Frigorífico “Río Seco”. Aún así, sentimos una gran familiaridad con ellos. Yo creo que todos los lugares que se muestran tienen una relación con nosotros, con nuestras historias personales, con nuestro conocimiento de la historia Magallánica y hasta con nuestros gustos estéticos. Creo que único lugar que descartamos fue el Museo Regional, que funciona en el Palacio “Braun Menéndez” de Punta Arenas. Yo había sugerido que hiciéramos alguna clase de intervención en base al piano Steinway que posee, pero Héctor me convenció que era algo que no encajaría con la línea que estaba tomando la película. Y tenía mucha razón.

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Fotograma de Zonas de silencio.

5. DUO

¿Son un dúo también en el cine? Es decir, ¿cómo definen funciones y criterios, ya sea visuales o más técnicos, a la hora de realizar, discernir y escoger tal o cual estrategia en terreno? (considerando que además en este documental están improvisando la música).

Yo creo que sí, por lo menos a nivel de ideas y de producción. Yo me ocupo de la fotografía y la edición final, pero la gran mayoría de los documentales que hemos dado a conocer tienen que ver con el trabajo de LLUVIA ACIDA y eso es producto de un dúo que ha querido hacer más que editar discos. En el caso particular de Zonas de silencio, me parece que es el trabajo en que más conversamos sobre lo que queríamos hacer, tanto sobre el estilo musical adoptado como sobre las locaciones que finalmente usamos. Pero nunca nos detuvimos demasiado en eso. Simplemente lo hacíamos, con la complicidad de dos amigos que llevan un buen tiempo haciendo lo que realmente quieren. Llegamos a estos lugares con instrumentos alimentados por baterías con una duración limitada, a muchos kms. del enchufe más cercano. Así que teníamos el tiempo definitivamente en contra, lo cual hizo más entretenido y fresco el proceso. Nosotros hemos querido romper la barrera que separa la Música del Audiovisual, transformándonos tanto en realizadores como en sujetos de una realización. Eso es lo que nos atrae, no reproducir formatos ya probados.

6. ENTREVISTA

Un rasgo distintivo de este trabajo, y otros de ustedes, es que en las entrevistas hablan a una especie de entrevistador externo, imaginario, como en los documentales convencionales, pero en rigor, se autoentrevistan, pues ustedes mismos dirigen y se dirigen. ¿Cómo llegaron este recurso? ¿alguna vez se lo cuestionaron, ya desde el punto de vista discursivo, estilístico, ético, etc.?

Es cierto que nos hemos autoentrevistado, pero para nosotros no es un recurso que tenga otro fin que el de contar algo “en persona” a quienes verán la película. Yo lo encuentro más interesante y cercano que escuchar una voz en off. Creo que al final de Zonas de silencio el espectador tiene la sensación de habernos “conocido”, justamente por el uso de ese recurso. ¿Es ilusoria esa sensación? No lo creo. Allí decimos cosas que son importantes para nosotros, con un gran nivel de sinceridad. No nos pusimos frente a la cámara para simular que había un entrevistador frente a nosotros, sino para decir cosas de manera directa. Si bien el hilo conductor es la unión de música improvisada y paisajes, lo que terminó de unir el relato son justamente esas autoentrevistas.

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Fotograma de Zonas de silencio.

7. COLOR Y MONTAJE

En otro documental de ustedes, “El Camino de la Memoria”, se utilizó un filtro blanco y negro. En este documental la imagen pareciera estar casi en bruto, como si no tuviera demasiado retoque de color ni algún énfasis particular, salvo pasajes concretos. ¿Cómo se llegó a esta propuesta visual definitiva, desde qué inquietud o intención formal? Y en este sentido también me inquieta mucho saber cómo trabajan más al detalle, es decir, cómo establecen la relación entre la cantidad de planos registrables en un espacio tan vasto y rico en texturas y luminosidades y la posterior elección y montaje con la música.

“El Camino de la Memoria” (2014) es el registro de una visita realizada por ex presos políticos a antiguos recintos de detención y tortura que aún existen en Punta Arenas. La presencia de LLUVIA ACIDA está en su banda sonora, bastante distinta a la tradicional música hecha a base de cuerdas asociada a los documentales que abordan esta temática. Elegí dejarlo en blanco y negro, para darle más protagonismo a los testimonios orales que allí se entregaban. En cambio Zonas de silencio casi no tiene retoques, pues queríamos mostrar en toda su crudeza las distintas iluminaciones naturales con la que nos encontramos. Queríamos alejarnos de la estética publicitaria y turística con que se ha mostrado a la Patagonia. ¡Y ciertamente el usar filtros tipo “Instagram” no es parte de nuestro estilo! En cuanto a la edición, es claro que el elemento unificador fue la música, equilibrando su velocidad con el tiempo necesario para contemplar el tipo de planos que aquí mostramos. Puede parecer un estilo poco “videoclipero” para los estándares actuales, pero no tanto si recordamos un video fundamental como “Enjoy the silence” de Depeche Mode o la película “Alturas de Machu Picchu” de Los Jaivas. Igualmente, intentamos equilibrar la cantidad de planos generales (que incluyen paisajes realmente amplios) con planos detalles, que muestran restos tecnológicos. Aquí intentamos hacer una suerte de arqueología del espíritu magallánico, estudiando y mostrando los vestigios del pasado con recursos estéticos más actuales. Pero algo así no surge de manera tan planificada. En nuestro caso, dejamos que la película “emerja”, que vaya tomando forma casi como cuando hacemos música. Llega un momento en que, simplemente, ya no puede hacerse nada más y hay que parar de darle más vueltas a algo que ya “es”.

8. DISTRIBUIR

Da la impresión todas sus piezas que realizan son autogestionadas, es decir, sin recursos públicos. ¿Cómo se han planteado el asunto de la exhibición, distribución y/o comercialización de este u otro documental anterior? ¿Les preocupa, interesa? ¿O en definitiva les es más importante dejar testimonio de un recorrido y una serie de experiencias que construir un producto con una llegada comercial y masiva calculada?

Todos nuestros productos audiovisuales son autogestionados y ninguno ha sido financiado por algún fondo concursable. Sucede que nunca hemos tenido una visión “industrial” ni de la Música ni del Cine. El lema “Hazlo tú mismo”, tan asociado al Punk, también puede aplicarse al Audiovisual si lo que quieres hacer está a tu real alcance. Nuestra sensibilidad es más cercana a la de los primeros documentalistas que trabajaron en Magallanes que a la de los realizadores que son parte de una maquinaria con base en Santiago, que definitivamente subvalora a la Provincia (usándola solo como escenografía “exótica”) pero a su vez orbita a otros centros del “Primer Mundo”. No somos realmente parte de ningún circuito nacional ni internacional, aunque hemos recibido la amable invitación de Gitano Films para integrar “Insula in albis” y “Zonas de Silencio” al catálogo que muestran en el Marche du Film del Festival de Cannes, que se realiza en Buenos Aires. En resumen, el propósito de nuestros documentales es básicamente el compartir experiencias y por eso ocupamos principalmente las redes sociales para darlos a conocer, además de algunas exhibiciones a nivel local. Así llegamos sin intermediarios a quienes realmente quieran conocernos. Nosotros pensamos en términos un poco extraños para la “industria”: nos consideramos viajeros, cronistas y artesanos, usamos los recursos que tenemos sin esperar mecenazgos y hablamos de lo que nos interesa, con dirección sur - norte y no al revés. Pero siempre estamos abiertos a nuevas experiencias y propuestas. Lo próximo para nosotros será componer música para un cortometraje que realizará en nuestra ciudad la cineasta Tiziana Panizza, justamente gracias al auspicio del Fondo Audiovisual.

9. DOCENCIA

Finalmente, una pregunta más personal y amplia: leí que ejerces como profesor de cine/audiovisual en un colegio de Punta Arenas. Sería significativo si pudieras contar de tu experiencia en el aula con los alumnos; la recepción y ellos a lo que les enseñas; si ocupas cine chileno pedagógicamente y todo lo que quisieras compartir de esta labor. ¿Qué crees que le aporte el audiovisual a las nuevas generaciones, que parecieran estar cada vez relacionadas con las tecnologías digitales y las comunicaciones? ¿Dónde crees que deba estar ahora el énfasis?

Durante varios años ejercí como encargado de Audiovisual de The British School de Punta Arenas, pero también haciendo clases y talleres para estudiantes de otros colegios, sobre todo en el marco del ya desaparecido “Festival de Video Estudiantil”. Y también he dado charlas sobre los inicios del Cine en Magallanes, que es un tema que me interesa mucho. Ocupo todo tipo de materiales para estas charlas, desde “Clásicos del Cine” hasta Videoclips, con énfasis en producciones chilenas (recuerdo haber mostrado películas como Caliche sangriento y El Chacal de Nahueltoro). Justamente hace poco colaboré con el reciente Primer Festival de Videoclip Estudiantil Magallánico, impartiendo unas charlas. Creo que el tema tecnológico no es precisamente la debilidad de esta nueva generación, sino el “qué decir” y “cómo decirlo”. O sea, creo que debemos ayudar a los jóvenes a encontrar su propia voz, en un medio ambiente cada vez más sobrecargado de información y muy pobre en pensamiento. Ciertamente la capacidad de reacción de un joven de hoy es superior a la de mi generación, pero creo que se ha perdido capacidad reflexiva. Y justamente el Audiovisual puede ayudar mucho en ese sentido. A nosotros nos ayudó a ser más que músicos de una ciudad distante del resto de planeta. No somos ni demasiado alabados ni muy famosos, pero sí somos muy autoconcientes y tenemos una memoria clara y vívida de todo lo que hemos hecho y aportado en nuestro rincón del Mundo. Y eso, en los tiempos que corren, es algo que consideramos muy valioso.

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Fotograma de Zonas de silencio.