ENTREVISTAS
Entrevista a Rodrigo Ortúzar
Por Antonella Estevez
25 de octubre de 2009

Tenemos noticias de All Inclusive desde 2007 cuando comenzaste a filmarla en  varias playas de México. Cuéntanos cómo fue el proceso para llegar a desarrollar esta coproducción.
-Nosotros partimos con un proyecto que tenía que ver con una película que de alguna forma fuera bastante transversal en el público y que llegara a la mayor cantidad de gente posible, que hablase de la familia, que tuviese contenido y que además fuera un poquito más ambiciosa en el sentido de poder salir de las fronteras chilenas e instalarse en los cines en Latinoamérica. A partir de eso, el guión lo escribió Julio Rojas y nos fuimos a filmar a las playas de la ribera maya en México donde nos incorporamos a un equipo mexicano en lo que a técnico se refiere y donde además contraté a un gran elenco. Dentro de la película tenemos a Maya Zapata, Ana Serradilla, Martha Higareda, Jesús Zavala, Jesús Ochoa y sobre todo Edgar Vivar que está aquí en Chile con nosotros por estos días. Se filmó, se hicieron todas las ediciones, se hizo el proceso de post producción que fue un poquito largo porque tuvimos que hacer sonidos, efectos especiales, etc., y ahí estuvo casi un año dando vuelta por más de 20 festivales alrededor del mundo: Canadá, Australia, Francia, entre otros. Terminamos en Valdivia la semana pasada y estrenamos ayer  y nos ha ido bastante bien.

Cada vez es más común que los realizadores chilenos salgan afuera, que estrenen en festivales, y luego se presenten en la cartelera nacional. ¿Cómo enfrentas tú ese acercamiento con el público chileno que es desde donde se origina la película pensando en tu dirección y  en el guión de Julio Rojas y Paula Del Fierro?
-Claro. Mira la diferencia a lo mejor con otras películas chilenas es que, como tú bien dices, se estrenan por lo general en festivales. Esta película, además de haber sido estrenada en festivales -que es un circuito muy importante- se estrenó comercialmente en México con 250 copias y llevó más de medio millón de espectadores, creo que llevamos 570 mil. Eso la hace una película bastante única, que de alguna forma marca un pequeño hito en ese sentido pues no ha habido película que haya llevado esa cantidad de gente en el exterior. Eso te avala y te ayuda mucho a estrenar en tu propio país. Cuando empiezas a distribuir en otros países, si en México llevaste 500 mil, ya hacia abajo empiezas a entrar a distintos países y seguramente puedes tener la mitad de eso o, qué se yo, un 25 por ciento. Cuando estrenas en Chile, que es un mercado mucho más pequeño, tu cifra es menor y por lo tanto tu proyección también lo es en los otros países que estrenes.

Me imagino que también cuando estrenas en tu país luego de haber logrado esa cantidad de público afuera también lo haces de una manera mucho más relajada…
-Sí, porque una parte del presupuesto está ya solventado por esa cantidad de público pero, más que nada, yo creo que el público chileno es muy agradecido de los éxitos que tienen los chilenos afuera. Si tú lo llevas al ámbito deportivo, cada vez que hay un gran evento, Chile recibe a sus deportistas con aplausos y mucha efusividad. En el caso de las películas pasa un poco lo mismo, cada vez que una película chilena gana un premio, triunfa o tiene éxito de público afuera, acá en Chile se recibe con taquilla, o sea, la gente va al cine a ver esas películas.

Ahora, siempre hacer una coproducción tiene sus pros y sus contras. Por un lado, el nivel de producción que tiene All Inclusive es bastante impresionante para la mayoría de las películas chilenas que estamos acostumbradas a ver, pero me imagino Rodrigo que tiene sus complicaciones en el sentido que hay que trabajar con equipos mixtos, de que hay que crear una narración que sea creíble y que involucre a ambos países. ¿Cómo resolviste tú esos temas?
-Bueno ese es justamente un tema que hay que ir resolviendo y hay que ir aprendiendo. Creo que no hay en Chile una película como esta, que se haya hecho con este tipo de coproducción que es bastante sui generis en el sentido que casi el 99 por ciento del dinero viene de Chile. ¿Para qué? Precisamente para tener mayor control y que cada peso que entre en cualquier país llegue a las arcas de All Inclusive, por decirlo así. Respecto a la historia, cuando tú estás haciendo coproducciones con otros países, lo importante es que cada acento, cada personaje, cada identidad de cada extranjero, esté justificado dentro del guión, para que no se vea falso. No podemos poner un chileno que hable como mexicano. Entonces tenemos que armar de alguna manera el guión sea coherente con las nacionalidades. Un amigo mío, un gran productor inglés me dijo un día: ‘Mira, es mucho más difícil hacer una buena comedia, una buena película, y llenar las salas de cine que hacer una película y entrar en el Festival de Cannes’. Ahí es donde hay que ser muy sutil para no caer en pretensiones artísticas con respecto, por ejemplo, a una determinada escena, sino que ser justo en la medida para que el público pueda aceptarla y no rechazarla. Pero como digo, todo esto es un aprendizaje para que la próxima película sea aún mejor y lleve más gente y gane más dinero y obtenga más premios, etc.

Para quienes van a ver All Inclusive yo me imagino que puede crear una tremenda envidia, porque los paisajes que vemos son realmente espectaculares y porque particularmente las mujeres del elenco son todas guapísimas. ¿Cómo fue trabajar en ese contexto? Además me imagino que en términos de producción no debe haber sido tan fácil filmar en las playas de México, en un lugar muy turístico.
-Bueno, las mujeres guapas pueden ser un gran problema también. Mira, yo creo que por un lado tiene grandes beneficios trabajar con actores del nivel de Jesús Ochoa, Jaime Camil, Edgar Vivar, Ana Serradilla, Martha Higadera y Maya Zapata, tanto como Valentina Vargas y Leonor Varela que son chilenas. Tiene sus ventajas evidentemente en el sentido que tienes grandes actores que aportan su experiencia en hacer películas y que aportan su magia al interpretar ciertos personajes. Pero también tiene sus complicaciones al momento de poder convocarlos porque cada uno de ellos está en un proyecto distinto, están filmando, entonces la producción en un lugar más apartado como lo puede ser toda la ribera maya y traer a estos actores, coordinar y planificar el rodaje, fue una tarea bastante titánica. A modo de anécdota, la última escena que yo filmo en Santiago, pensé en rodarla en Chile para tener un pedacito de la película aquí. Bueno,  me demoré seis meses en poder juntar a todos los actores porque, por ejemplo, Martha Higareda estaba en Los Ángeles filmando una película con Keanu Reeves, Ana Serradilla estaba filmando una película en Colombia, Maya Zapata estaba en otra película, Jesús Zavala estaba haciendo una teleserie, Jesús Ochoa estaba en una obra de teatro. Al final nos juntamos un 22 de diciembre y en dos días hicimos esa escena. Entonces, como digo, tiene sus ventajas y sus complicaciones.

¿Cuál es la historia que está detrás de la película? ¿Cuáles, las reflexiones a las que quieres invitar al público?
-Yo en lo particular traté de hacer una película y una historia bastante simple, casi podría decir una anécdota, para que el público pueda ir y entenderla desde el más básico hasta el más complejo. Uno puede ir a ver la película y se va a entretener, se va a reír y se puede emocionar, pero además hay gente que puede venir a verla, entretenerse, emocionarse  y además llevársela a su casa porque le tocó profundamente. Yo creo que la gran gracia que tiene All Inclusive es que te puedes subir a este viaje, viajar tranquilamente, ver los paisajes, maravillarte con el entorno, y además poder entrar al interior de una problemática más compleja que tiene que ver con la familia disfuncional. Yo no conozco gente que no tenga alrededor una familia disfuncional y la película habla un poco de eso. La familia es lo único que tenemos y que es necesario hacer pequeños trabajos internos para entender nuestro entorno inmediato que tiene que ver con nuestros hermanos, nuestros padres, para hacernos mejor personas y recuperar ese núcleo que, en mi opinión, es tan importante.

 ¿Cómo trabajaste con estos actores que vienen de contextos tan distintos, de países diferentes, para hacerlos familia y además insertarlos en este huracán de emociones que se presenta en la película?
-En mi opinión, uno tiene que entrar con mucha humildad frente a estos grandes actores porque con la experiencia que tienen ellos en realidad el que aprende ahí soy yo, más que ellos. En ese sentido, conversamos mucho acerca de los personajes, los iba trabajando con cada uno de ellos y me iban aportando, desde su propia vivencia,  ideas para el perfil sicológico que le íbamos a dar. Además, como tenían tanta experiencia, lo que yo hacía era tratar de guiarlos por el camino que a mí me parecía que era el correcto para poder interpretar a cada uno de los personajes de tal forma que ninguno se saliera. También dentro de la película lo que me interesaba era no terminar el ciclo de cada personaje para que el espectador pudiese engancharse y llevárselo. Un personaje en particular, por ejemplo Martha Higareda que era la niñita rebelde, dejarla un poco más abierta para que diez personas opinaran cosas distintas de ese mismo personaje o de lo que éste interpretaba. Creo que como bien dices la película tiene partes en paisajes increíbles, con un entorno maravilloso, pero poco a poco se empieza a cerrar, empieza a cambiar de color y a transformarse, también los planos. Así nos vamos metiendo en este huracán que tiene que ver con la naturaleza, pues muchas veces ella o la fuerza de los eventos externos-que tiene que ver con accidentes, huracanes, emociones muy fuertes o tomar conciencia de uno mismo-hace que la gente comience a ver aquello que no había visto y a decir aquello que nunca había dicho. Yo creo que eso, en estricto rigor, es como la función última de la película: un espectador que va pasando por la calle, se mete a ver una película que tiene grandes paisajes, se va con esta familia a este viaje de cinco días y a lo mejor al final de la película, cuando se terminen los créditos, se quede sentado en esa butaca pensando que quizás la última vez que llamó a su mamá fue hace dos meses y que lo primero que hará será tomar su celular y la va a llamar. Yo creo que si eso se logra, para mí como director, la película está cumplida.

Entonces está la invitación hecha para que vayan a ver All Inclusive. Rodrigo, te deseamos mucha suerte.
-Bueno muchas gracias. Y yo creo que en el cine chileno hay un gran talento. La gracia de esta película es que es una cinta chilena que ha salido para afuera, podríamos llamarla “chilena-internacional”, de exportación. Al final el último que tiene la palabra no son los críticos sino el público que va a ir al cine y va a recomendar la película así que vayan a verla y, si les gusta, recomiéndenla porque eso va a hacer creer la industria y va a haber más películas nacionales que viajen.