XS – La peor talla, de Jorge López
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4 de noviembre de 1952
Santiago, Chile

Si hay algo verdaderamente optimista en el cine chileno del siglo actual es su variedad. Si las películas comienzan a considerar distintos segmentos de público es porque finalmente se comienza a comprender que el cine es para ser visto. Esto que parece de Perogrullo no lo es tanto a la luz de la abundancia de intentos fallidos en las décadas pasadas por hacer obras “de autor”, que podrían ser “para el autor” solamente y que no tuvieron, con toda justicia, ninguna aceptación popular. El cine no es literatura y se debe completamente a un trabajo colectivo hecho para un colectivo. Que entre los intersticios del trabajo se cuele la voluntad expresiva y la visión personal de algún auténtico autor, es resultado de las virtudes narrativas del proyecto y no del ego individualista o el voluntarismo de emitir tal o cual sentencia sobre la realidad.

La artesanía primero y el arte puede venir después, como decía Miguel Ángel, que algo logró en este terreno.

Siendo el nuestro, como dice Sonia Montecino,  un país de “Madres y huachos”, no debiera extrañar la porfiada persistencia del tema del padre en nuestro cine. “Huérfanos y perdidos” ha hecho una importante colaboración en rastrear dicho motivo en el cine chileno reciente. Por lo mismo es posible ver una cierta reiteración del tema juvenil asociado con el abandono, más afectivo que material. Pero el tema se ha visto un poco aplastado por el fardo de la seriedad, por lo que su proposición desde la comedia escolar tiene mucho de aporte original, aunque la fórmula en el cine universal esté más que explotada.

Xs, la peor talla es el título algo críptico del segundo largometraje de Jorge López, antes responsable de El último grumete, otra aventura tras las huellas del padre, que es un hito en nuestra narrativa literaria, pero que en cine no funcionó. Aquí las ambiciones son menores, como también el relato en que se basa, pero tal modestia suele ser beneficiosa en la lógica de los géneros.

Los protagonistas adolescentes viven desbandados y entregados a sus apetitos más inmediatos. Los padres son una ausencia manifiesta, aunque se los alude por aquí y por allá sólo para recalcar que no son un referente ni afectivo ni moral, sólo económico. Nada muy extraño en el mundo social que la película presenta. Nada muy original tampoco. Y es por ahí donde la historia comienza a parecer cuento conocido. De hecho personajes y situaciones no pretenden originalidad, sino que a lo más alguna viñeta sabrosa sobre el deseo y la amistad. Es el núcleo mejor conseguido del relato, aquel en el que es posible reconocernos con bastante amabilidad, a pesar del naturalismo y de algunas obviedades prescindibles. El dúo protagónico es encantador y actuado con gran complicidad por Benjamín Vicuña y Nicolás Saavedra, que dejan alta la vara al resto del reparto, que en general no supera la mediocridad del trazo grueso y la caricatura elemental, especialmente en los personajes adultos.

Las alusiones a algunos temas recurrentes de nuestra acomodada modernidad, a los privilegios de clase, a la estupidez adulta y a los peligros a que se exponen los jóvenes, rápidamente dan paso al frenesí de la acción, como si personajes y narrador estuvieran sintonizados en la misma frecuencia. Error, no lo están y ahí está el problema mayor de la cinta. Parte presentándose la voz narradora como la de la víctima fatal y la película sería entonces el raconto del muerto, pero a poco andar el protagonismo en pantalla lo toma el antagonista del narrador, lo que es una manifiesta ruptura del punto de vista que se sigue fragmentando más adelante hasta volver al punto de inicio. Eso lleva a la más grave fractura en la escena culminante en donde se pasa de la comedia estudiantil a una inesperada tragedia, a todas luces poco convincente y que compromete la resolución, en que nuevamente la voz nos cuenta lo que sucede, pero sin que veamos en pantalla su confirmación.

Xs, la peor talla se queda así reducida a articular una anécdota, lo que incluso para una comedia adolescente puede resultar insuficiente. Sus mejores virtudes (simpatía, verosimilitud, ambientación, ritmo) se ven limitadas por sus contradicciones narrativas y su esquematismo en la definición de sus personajes secundarios. Pero de todos modos es un interesante y entretenido aporte (virtud cardinal para el público al que se dirige) en la variedad de temas y registros en que se mueve nuestro cine actual.