Un concierto inolvidable: Nueva Ola, la película

Es difícil encontrar un movimiento musical más popular que la “Nueva Ola Chilena”. Incluso hoy, programas de radio, apariciones televisivas y conciertos de los astros musicales de los 60 siguen atrayendo al público. Frente a esto, no es disparatado lo que ocurre en la primera escena de esta película dirigida por Elías Llanos (La Esmeralda 1879). Celebrando un aniversario más del nacimiento del fenómeno (fue en 1959, con la publicación del primer disco de Peter Rock), Cecilia, el Pollo Fuentes, Buddy Richard, Luis Dimas, Germán Casas, Marisa, Luz Eliana, Danny Chilean, Larry Wilson, Peter Rock y los hermanos Miguel y Antonio Zabaleta, tienen la idea de hacer una película “para pasar a la posteridad”.

Esta vieja idea de que el cine es la llave de la trascendencia los empuja entonces a hacer un concierto en el Teatro Municipal de Santiago y filmarlo. Recuerdan las incursiones cinematográficas de astros como Raphael y Sandro para justificarse. ¿Pero fueron realmente esas desechables películas las que hicieron trascender a esas estrellas o éstas sinceramente respondieron a una ambición comercial? Los años parecen darle la razón a la última opción, sino, hoy recordaríamos dos pérdidas películas chilenas protagonizadas por famosos cantantes: Sueña, mi amor (1946), con Leo Marini; y Chao amor (1965), co producción chileno-argentina con Juan Ramón como estrella.

Pero comulguemos con esta idea, porque al final el problema de Un Concierto Inolvidable está por otro lado. Está en su errado empeño en dejar en claro que esto no es real, que el proyecto no es filmar un concierto, sino en, cómo logran hacer el concierto. Porque no estamos ante un documental, sino ante una intención de colocar a los artistas en situaciones ficticias que son una verdadera mezcolanza genérica y que obstruye cualquier atisbo de naturalidad y espontaneidad de los cantantes-actores.

Así, acá hay comedia desde la más absurda (Dimas y Peter Rock son una especie de extraños hermanos Marx de la tercera edad), pasando por otras secuencias de escasa comicidad con innecesarios personajes relleno como el que está a cargo de Gustavo Becerra (el famoso “Guatón de la fruta”). Y también un par donde se intenta insertar una historia entre el Pollo Fuentes y una antigua fanática encarnada nada menos que por Paulina García. La calidad actoral de García y el desplante del Pollo logran, en todo caso, la mejor escena de la película.

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Pero es una excepción, ya que el el manejo escénico de Elías Llanos es demasiado flojo. Sometidos a diálogos bastante pobres (o más bien básicos) y a un montaje demasiado grueso, al punto de maquetear aún más cada escena gracias a un plano-contraplano además abusivo, uno se pregunta si era necesario tirarlos a actuar de sí mismos dentro de situaciones que no les corresponden. Además, para que nadie se sienta apartado, Llanos crea situaciones donde todos tengan su momento, estirando demasiado este chicle. ¿Había que hacer esto para, finalmente, llegar a verlos en escena?

Es acá cuando aparece el otro problema. El concierto que vemos es una trastienda del que realmente se filma. De esta manera, la película extrañamente se niega a sí misma, al no mostrar el resultado final: el concierto que ellos quieren hacer nunca lo vemos en limpio, solo vemos un borrador. Así, mientras cada uno canta frente a un público con algunos rostros conocidos (como mundialistas del 62, Mary Rose McGill, Julita Astaburuaga), se ven las cámaras moviéndose alrededor de ellos, un feo riel siempre hace ruido visual a sus espaldas y se oyen las órdenes del director tras cada actuación.

Pero entre medio, hay algo que los artistas no pierden y que la película no les roba completamente: su calidad y dignidad sobre el escenario. Ahí sobresalen las sólidas presentaciones de Buddy Richard y Danny Chilean (quien falleció en enero pasado y a quien se le dedica el filme). También destaca un acompañamiento orquestal muy refinado.

“Esta Nueva Ola ha hecho muchos milagros”, dice Marisa en un momento. Si esta película tiene uno, es que las interpretaciones que todos hacen de sus grandes éxitos llevan a la segunda parte del filme a algo más aceptable. Habrá que ver si también alcanza para otro milagro más: el de llevar público a las salas.