Te Amo (Made in Chile), de Sergio Castilla
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20 de junio de 1942
Santiago, Chile

El extraño título de esta película parece esconder las claves de lo que quisiera contener, pero aun así no es muy fácil llegar a entender la exploración en las emociones nacionales implícitas.

Observemos los ingredientes de la narración: un grupo de adolescentes desbandados y unidos por el abandono, que intentan compensar con juegos sus más evidentes carencias. Los cuatro jóvenes estarán reclamando lo mismo y jugando, más o menos lo mismo, durante toda la película. Sin duda es muy posible que una situación así se dé en la realidad, pero si ya tenemos la información en la primera secuencia, lo que queda para adelante no permite muchas novedades. Lo único será averiguar la razón de su esperable rebeldía.

Para ello pasamos al segundo ingrediente: la ausencia. Los padres no se ven, lo que es un tópico de la edad y también de los relatos que tocan el tema. Cuando finalmente los vemos, no es mucho lo que se puede esperar: una madre que está trabajando en Estados Unidos, otra madre traumatizada y su esposo que es limitado en todos los sentidos. Es decir un verdadero concentrado de ineptos y condenados de ante mano por el realizador.

Tercer ingrediente: la servidumbre. Las nanas se conocen y tampoco poseen muchas luces sobre el mundo en el que habitan, cumplen con su trabajo y eso es todo. La que posee mayor autonomía es la que cuida al protagonista, pero que es tan desbandada como el resto y que más parece una cómplice de la madre que un obstáculo para los desaguisados del hijo. Es el mejor personaje de la película, pero está incompleto.

A este punto, con tal acumulación de personajes desagradables, las posibilidades de explorar los sentimientos se vuelve ardua. Lo más interesante corre por cuenta de la nana del protagonista, al que ha introducido en su cama y ha manipulado en todas las formas posibles, excepto que se le escapa después de sospechar que la ha dejado embarazada. La siempre interesante actuación de Tamara Acosta logra empinar a su negativo personaje hacia unas alturas que el guión busca de diluir constantemente. Si se viste provocativamente con las ropas de la madre para hacer un strip tease delante del muchacho, la reacción de repulsión de él la deja a ella en estado de total histeria. Lo que pudo ser un juego perverso de seducción y dominio termina a gritos descontrolados y el personaje pierde las posibilidades de explicarse en sus ansias de manipulación. Que después sepamos que al muchacho lo está utilizando sexualmente desde los ocho años, produce una repulsión por el personaje que le deja escaso margen de posibilidades de redención futura. Ni la espléndida belleza de la actriz, ni sus amplios méritos profesionales logran hacer que ese personaje obtenga la mínima esperanza de que podamos compadecerla. El intento que los adolescentes efectúan para explicar su conducta por causa de la soledad es tardía y demasiado débil como para que afecte en algo nuestra imaginación.

Toda la simpatía que Castilla había derrochado en sus personajes de Gringuito aquí está ausente. También sus buenos y convencionales modales cinematográficos desaparecieron para dejar paso a una larga serie de fragmentos, monótonos por su majadera insistencia, en que vemos lo que se supone corresponde al material grabado por los muchachos en sus juegos terapéuticos. Como si eso nos pudiera ayudar a entender la desesperación afectiva de los adolescentes. Al final también esto se transforma en un tópico, seudo dogma, que parece trasnochado como recurso expresivo y que termina de añadir desagrado por lo que se ve en pantalla.

De esta manera las emociones no aparecen por ninguna parte y cuando se intenta recurrir a ellas se lo hace con el golpe bajo de la ridícula escena de la madre observando la foto de sus familiares desaparecidos durante la dictadura. Un tema así de profundo y resonante en nuestro imaginario colectivo, aparece inserto a la fuerza para demostrar todo lo malo que es este mundo cruel.

A este punto debiéramos asignarle al título una intención irónica, pero si así fuera tendríamos que buscar en el relato algo de ironía y algún espacio de interpretación posible. Pero la película se toma en serio creyendo develar secretos de un nivel social, que nada tienen de novedosos,  y que sigue siendo una de las bestias negras de nuestro cine. ¿Quién ha logrado introducir un bisturí significativo en la epidermis de nuestra burguesía? Tal vez con mayor amor y menores intentos demostrativos algo se podría obtener de un tema como este.

Pero aquí el único personaje con un mínimo de espesor humano aparece en la penúltima escena: Teresita Reyes haciendo de la nana de reemplazo. Demasiado tarde.