“Santiago Violenta”: Cine para reconocerse y disfrutar
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1978
Santiago, Chile

Los primeros cinco minutos de Santiago Violenta son al mismo tiempo un homenaje, una parodia y un pastiche. Una muy impostada voz en off presenta a los tres criminales que asaltarán un departamento. Cada uno de ellos parece haber sido sacado de una película de serie B de los años setenta. La gráfica de la película es propia del cine de explotación, los actores están sobreactuados, los efectos son malos y aún así no podemos dejar de mirar. De repente nos damos cuenta de que se trata de una presentación ante una serie de expertos –entre ellos algunos notables del cine nacional como Carmen Brito, Daniel Olave, Dr. Zombie y Abdulah Ommidvar– que destrozan lo visto y rompen los sueños del entusiasta director. Este ejercicio del cine dentro del cine estará presente a lo largo de toda Santiago Violenta, no sólo porque parte de su trama es lograr filmar esta película, sino porque los referentes del cine de Díaz están a la vista, para ser reconocidos y celebrados.

Desde su primera película Kiltro, del 2006, Ernesto Díaz ha producido un cine bien alimentado y sin problemas de autoestima. Su dupla con Marco Zaror en su debut, y luego en Mirageman y Mandrill no sólo introdujeron las artes marciales a las películas chilenas, sino que dieron muestra de un cine de género, que no esconde su incapacidad de competir con las grandes producciones hollywoodenses o asiáticas, sino que celebra su precariedad, dándole un sabor propio y local a estas historias de mafias, patadas y disparos. Este estilo mostró su madurez en Tráiganme la cabeza de la mujer metralleta, filmada después de Santiago Violenta, pero –por temas de post producción- estrenada antes.

Santiago Violenta cuenta además con la colaboración de dos grandes del cine chileno. Por una parte trae de regreso a la pantalla grande a Shenda Román, una de las actrices más potentes del panorama nacional, recordada por su participación en Tres tristes tigres, de Raúl Ruiz, y El chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin, y quien estuvo sin participar en largometrajes cerca de cuatro décadas. Con este filme, y con un personaje sorprendente, Shenda Román retorna a un lugar donde hacía falta y que continúa con su trabajo en las cintas La voz en off y La madre del cordero ya estrenadas en festivales y en donde ha merecido reconocimiento. Santiago Violenta también tiene en sus créditos a David Vera Meiggs, realizador y reconocido crítico y maestro de parte importante de los actuales directores del cine nacional. Una influencia permanente en todo el cine de Ernesto Díaz, pero que acá asume la responsabilidad de co guionista del filme. Esta estructura en la historia se nota y se agradece, ya que aporta sentido sin quitarle atrevimiento al guión.

Una vez más Ernesto Díaz nos regala 90 minutos de entretención pura, que no es lo mismo que pura entretención. Además de los balazos, las piscolas, las citas y el humor hay en el cine de Díaz la capacidad para reciclar siendo notablemente original y fresco y darle una mirada honesta a ciertas características tan propias de nuestra idiosincracia. Santiago Violenta es una nueva prueba de que se puede hacer cine tremendamente personal, incluyendo muchos referentes cinéfilos y manteniendo a la audiencia entretenida y con una sonrisa en la cara.