“Los Jetas, La revolución es interior”: Pura superficie
Películas relacionadas

En 2011 “Los Jetas” hicieron mucho ruido al ser la primera serie web del país en lograr más de 180 mil espectadores con sus primeros dos capítulos. Con solo una temporada de 13 capítulos de 10 minutos, la serie se basaba en una mezcla de humor negro, mucho cameo de rostro televisivo y la narración centrada en dos treinteañeros que sin pudor – pero con mucho verso y una buena red de contactos- van consiguiendo proyectos que, de salir bien, les podrían dar los recursos para vivir finalmente como lo que aparentan.

Como suele suceder un producto exitoso, se abre el apetito por nuevos formatos y para los creadores de “Los Jetas” el salto hacia el cine era algo lógico. Así que, acompañados de un buen grupo de marcas que les apoyan, saltaron de la pantalla del computador a la del cine. No hay muchas maneras de decirlo: el resultado no es una buena película.

Hay muchas cosas que no funcionan en Los Jetas, la revolución es interior. Por una parte es bastante evidente el desconocimiento del formato. La cinta posee serios problemas de ritmo, e intenta repetir la lógica de la serie de historias de diez minutos, pero que acá no logran conectar naturalmente en el relato. La cosa mejora cuando se enfoca en la ambición de los personajes por la realización de tres encargos simultáneamente en un viaje al norte, y la aparición de un tercer personaje que pone a prueba las maneras de los protagonistas. El problema es que ese relato central, al poco tiempo, también se diluye en la dispersión narrativa del relato.

Por otra parte está el uso del lenguaje cinematográfico, acá entregado a las lógicas de la publicidad. Los planos son brillantes y bonitos, pero no se mueven de allí y no dicen más de lo que está en la superficie. Hay un uso reiterativo de ciertos recursos sonoros, como por ejemplo, un eco al fin de cada escena que después de poco rato pierde todo sentido y se vuelve definitivamente cansador.

Pero probablemente lo más molesto de Los Jetas es su mirada del chileno chanta y arribista, desde un lugar que posee exactamente las mismas características. Es muy difícil empatizar con personajes que resultan falsos, tanto cuando “engrupen”, como cuando están tratando de ser honestos.

El cine no es televisión y tampoco es internet. Ya lo hemos comprobado muchas veces, no basta con un desfile de rostros televisivos, un montaje juguetón y tomas bonitas para hacer una película que se sostenga. La ironía es que esta crítica que se hace sobre los chilenos cancheros termina siendo también para los realizadores de la película, que con mucho verbo, rostro y parafernalia prometen mucho más de lo que son capaces de cumplir.