La Nana, de Sebastián Silva
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(2009)
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9 de abril de 1979
Santiago, Chile

Por fin y tras una exitosa aventura en el extranjero la cinta La Nana aterrizó en las salas locales. La expectación ante el segundo largometraje de Sebastián Silva es alta, debido principalmente a la cantidad de premios internacionales que la cinta consiguió antes de que los espectadores nacionales pudieran verla. Ya sea por chovinismo o sentimentalismo, los realizadores siempre recalcan que no hay como estrenar en casa, y Sebastián Silva ha declarado que nadie puede entender mejor la cinta que los chilenos, ya que las nanas son una verdadera institución en nuestro país.

La historia se central en Raquel, personaje interpretado magistralmente por Catalina Saavedra, la nana de una familia de clase media alta. Por suerte, Silva tuvo varias nanas durante su infancia (de hecho a dos de ellas está dedicada la cinta) lo que explica que en su película no existan caricaturas o estereotipos de los personajes, algo tan común entre nuestros artistas, que se acercan a ciertas realidades guiados por sus prejuicios o intuiciones, que usualmente poco tienen que ver con la realidad.

Raquel lleva 20 años trabajando para la misma familia. Ha criado a los hijos de ésta y a pesar de su arisco carácter cuenta con la estima y comprensión de todos, especialmente de la patrona (Claudia Celedón) quien intenta “en buena onda” romper la barrera entre empleador y empleado celebrándole el cumpleaños, ayudándola de vez en cuando con los quehaceres, pero que al mismo tiempo -y con una naturalidad perturbadora- la obliga a comer sola en la cocina y utiliza una campanilla para llamarla cada vez que necesita algo.

Durante los primeros minutos parece que Raquel no se encuentra del todo contenta con su realidad. Sus malas reacciones, poca tolerancia y arisca personalidad dan la impresión de que trabajar en ese lugar fuese una verdadera tortura. Sin embargo, la posibilidad que otra persona entre a “su familia” para ayudarla con las labores, evidencian el profundo amor y dependencia respecto al clan con el que ha vivido tanto tiempo. En ese momento, el personaje se muestra vulnerable y profundamente solo, aterrado ante la posibilidad de compartir el cariño, atención o la simple cotidianidad del grupo que ha adoptado como su familia. Fuera de sí, comienza a torturar a cada una de las candidatas, hasta que llega a la casa Lucy, una sonriente y joven sureña (Mariana Loyola) quien tras soportar estoica los primeros ataques, consigue con esfuerzo ganarse su estima.

Por suerte, tras esto no sigue un meloso final con la metamorfosis de Raquel en una bonachona nana que espera a los chicos con galletitas caseras y leche con chocolate. El desarrollo de la historia sigue el curso natural que tendría en la vida, el personaje toma conciencia sobre su huraña personalidad y adopta pequeñas actitudes de preocupación personal, acciones que no cambiarán radicalmente su cotidiano vivir, pero que le permitirán irse a la cama cada noche con una pizca de alegría a cuestas.

Sin un final molestamente esperanzador ni horrorosamente cruel, La Nana destaca por su calidad técnica, sus excelentes actuaciones (cuesta encontrar puntos bajos en el elenco) y la constante dosis de humor, presente incluso en momentos dramáticos. Qué mas se puede decir, valió la pena la espera. En tiempos en que la permanencia de una cinta depende de su recaudación el primer fin de semana, el llamado es a darle una oportunidad a esta nueva producción, que se transformará en uno de los grandes aciertos de este 2009.