La Experiencia Barriga, de Esteban Rojas
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Miguel Barriga, vocalista y prácticamente único miembro original de la banda pop-clore o fusión rock-panchanga Sexual Democracia, presentó en In-Edit el documental que protagoniza y produce, La Experiencia Barriga. Bastante excitado, y hasta orgulloso, testificó que la realización no contó con ningún “Fondart” y que en el 27º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata recién pasado tuvo una acogida tal, a pesar de no ser conocido en lo absoluto por esos lados. Finalmente –no sin antes de avisar que a la salida estaría vendiendo cds–, pidió que todo aquel que ha asistido a alguna tocata del grupo se pusiera de pie. Casi la totalidad de los asistentes obedientemente así lo hizo.

El documental, dirigido por Esteban Rojas, realizador y actor chileno afincado en Argentina (que en el piloto para tv de Promedio Rojo [2001] interpretara a “Papitas”, aquel personaje gordinflón de salud mental precozmente deteriorada), comienza contándole –en cámara, es decir, Rojas también “actúa aquí– a un gestor cultural cómo nace este proyecto. Rojas, parte siendo fan de aquella banda musical post-plebiscito –cargada de chilenismos y un gran sentido lúdico, una versión Florcita Motuda, evolucionada–, para luego conocer en persona a su ídolo, el mismísimo Barriga, gracias a su amigo el cineasta Nicolás López. Esteban, el director, luego, comienza a desempolvar antiguas bitácoras, papeles, recortes y más cachivaches donde subyace una especie de registro minucioso de un proyecto audiovisual inconcluso que luego de algunas modificaciones de forma y fondo se comenzó a grabar a comienzos del 2006. El registro de aquello, era básicamente parte de una gira (de una semana exactamente) de la banda Sexual Democracia por pueblos de sur de Chile. Entonces, este proyecto sí se concretó, aunque solo luego de revivir milagrosamente el disco duro que guardaba aquel material dado por muerto. Rojas postproduce aquel acopio de cintas,y hoy estrena la síntesis, más de media década después de aquella experiencia, junto con Barriga.

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Lo que sigue es un material mayoritariamente doméstico donde vemos a Rojas junto a otro chileno, un peruano y un estadounidense (compañeros en la carrera de cine en aquel entonces) divagando  y a veces intentando encontrar la ruta conceptual y logística para el proyecto que abordarán, la grabación de la gira y el hipotético documental a concretar. Rojas y todo el equipo de realización, como ya ha quedado claro, co-protagonizán esta especie de road movie criolla. El mismo director es quien oficializa este inicio poco claro respecto al futuro: “No se que chucha vamoh a estar haciendo, pero algo vamoh a hacer…”. Los 60 minutos son en efecto eso, un descubrir –o aceptar–  en el camino lo que se vaya presentando.

Con la ya mencionada precaria calidad de video, aunque sí de sonido aceptable, acompañamos a Miguel Barriga con sus reiteradas explicaciones en torno a como se ha mantenido vigente a los largo de 25 años de carrera. Esto junto a una dinámica de trabajo itinerante, pero eficaz, por las más remotas ciudadelas –por aquel Chile profundo–, en cuanta peña, plaza, festival regional o evento comunal se ponga delante. En el camino Barriga comparte escenario con vedettes, grupos rancheros y hasta con antiguas estrellas juveniles de televisión como Leandro o Pablo Vargas (del programa de talentos Rojo). Sin intentar escudriñar en la Historia ni en justificar el estado actual de las cosas; totalmente al margen de cualquier idea de glamour, giras portentosas y escenarios más encumbrados, surgen anécdotas simpáticas acerca de las letras y el particular sentido del humor que siempre caracterizó a la banda y sobre todo, a su frontman. Un estilo que bandas como Sinergia o Chancho en Piedra, heredaron, adaptaron y explotaron exitosamente. Esto último, algo que por alguna razón nunca se intenta desarrollar en el documental. Algo (el éxito) que Barriga -con o sin Sexual Democracia-, no logró posteriormente y acepta estoicamente.

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El documental presenta dos asuntos a desarrollar a modo de promesa: el proceso de realización mismo (que de a momentos se fagocita a Barriga) y la revelación de este submundo de supervivencia precaria que Barriga representa como héroe. Es desafortunado que ningún asunto se desarrolle como tal mientras se acerca a su fin el metraje. En determinado momento el otro chileno del equipo realizador comienza a evidenciar quiebres potencialmente útiles para el desarrollo dramático de algo que podría haber sido más que un registro para los amigotes o fans nostálgicos. Esto, cuando dice con notoria incomodidad que “Barriga tiene dos facetas…”, pero esto, insisto, se desperdicia, se abandona o ignora, y no se sigue desarrollando en lo absoluto, queda ahí, flotando. Una lástima. Aquel carácter movedizo e inquieto del músico jamás se intenta tocar de manera algo más crítica, como si de un cliente se tratase. Luego el mismo Barriga también comienza a verbalizar su cansancio con esta vida de trajín y errancia cutre que ha llevado (por necesidad económica… aunque se supone que estudió ingeniería comercial). Esto tampoco avanza, también se queda ahí. Cuando el documental comienza a tener forma propia y a captar el interés derechamente cinematográfico más allá del personaje agudo y performático que ha construido Barriga, todo se acaba. Y esto no significa contar el final, pues realmente La Experiencia Barriga no tiene final. Se cercena abruptamente cualquier deseo de ahondar a este riquísimo y energético personaje. Aquella tan reiterativamente acentuada apología a la chilenidad (superficial), hace gala de su carácter al irse por la tangente.