«El Circuito de Román»: la pregunta por la memoria
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1973
Santiago, Chile

El debut de Sebastian Brahm es una película inusual en el contexto del cine chileno. Tanto por el gran nivel de su factura visual, como por su muy atractivo y rebuscado tema. Aquí hay algo que vale la pena conocer. Una película de ciencia y ficción que intenta acercarse, como su protagonista, a los frágiles mecanismos de la memoria. 

¿Cómo se construyen los recuerdos? ¿Por qué recordamos algunas situaciones y otras no? ¿Cómo vamos armando discursos sobre el pasado? Son algunas de las preguntas que movilizan a Roberto (Cristián Carvajal) un científico especializado en la exploración de la memoria humana y que con la publicación de su trabajo sobre Migración Cortical, logró el reconocimiento de sus pares y una beca para seguir desarrollando su investigación en Francia. Ocho años después regresa a Santiago con el peso de las promesas no cumplidas, tanto a nivel profesional como personal. El retorno, en definitiva, lo instala en un lugar que no era el que esperaba. Se integra a una universidad pública, que pocos recursos tiene para seguir desarrollando sus indagaciones y se encuentra con una red emotiva –su madre, sus colegas, sus antiguos amigos y su ex polola- que también vivieron sus propios procesos en su ausencia y que, por lo tanto, tienen sus propios discursos respecto al pasado compartido.

La producción chileno argentina aterriza en cartelera, luego de haber sido estrenada en el Festival de Toronto y de obtener el premio especial del jurado en la competencia oficial del Festival de Cine de Valdivia. Y lo hace en pocas salas, pero con bastantes meritos.

La construcción visual que Sebastian Brahm arma para este relato es de gran nivel, con una muy precisa paleta de colores y un astuto uso de la cámara, logra impregnar cada escena de una atmosfera gris, la misma que habita emotivamente el personaje. Y aunque la película es bastante cerebral, y posee –como toda cinta de ciencia ficción- extensas escenas en donde se explica la teoría científica que sostiene el relato, en general se vuelve bastante entretenida en su misterio, al acompañar al protagonista en sus descubrimientos sobre el funcionamiento de la memoria a nivel científico y experimentar sus consecuencias de modo personal.

Acá hay un intento real y bastante bien logrado de contar una historia que se remite a algunas de las preguntas fundamentales en términos de cómo nos relacionamos los seres humanos, como justificamos nuestro pasado y porqué recordamos parcialmente. El problema, probablemente, es que la propuesta es ambiciosa y la promesa atractiva. La película logra un despliegue de sus recursos de tal nivel que crean en el espectador la expectativa de un gran desenlace, y eso no parece definirse de la mejor manera.

De todas maneras vale muchísimo la pena aceptar la invitación de Brahm e internarse en los circuitos de su personaje, más de algo podemos aprender de nosotros mismos. Es evidente que en su originalidad y nivel cinematográfico, más de algo está aportando esta película al panorama del cine nacional.