El árbol magnético: la calidez de lo familiar
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La directo española Isabel Ayguavives posee buena experiencia en televisión y eso se nota. En su primer largometraje ese oficio le permite entrar rápidamente en la cotidianeidad de los personajes, observarlos en sus quehaceres y conversaciones y generar un relato amable para el espectador que tempranamente se identifica con ellos.

El árbol magnético narra un fin de semana en la vida de una familia que se reúne para desocupar la casa familiar en el campo que pronto será puesta en venta. Esa reunión – como suele suceder cuando las familias que se quieren se juntan- está marcada por la buena mesa, la conversación, las risas y los recuerdos y, en este caso además, por la visita de uno de los jóvenes de la familia hace años radicado en Europa.

Uno de los mayores intereses de esta película es su notable elenco con los jóvenes -pero con numerosas películas en el cuerpo- Manuela Martelli y el español Andrés Gertrudix en los roles principales,  apoyados por una selección de algunos de los más eficientes actores nacionales: Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, Blanca Lewin, Daniel Alcaino, Ximena Rivas, Otilio Castro y Edgardo Bruna, entre los que destaca Juan Pablo Larenas, un joven actor menos conocido pero que se mueve con un carisma y naturalidad que hace muy recordable su personaje.

Llama la atención que sea una directora española, con pocas visitas a nuestro país, la que sea capaz de poner en pantalla tan eficientemente las dinámicas que movilizan a tantas familias chilenas. Los lazos de cariño a toda prueba, los recuerdos y el gusto de encontrarse. El desafío de los más jóvenes de mantener la intimidad que lo unió cuando pequeños y la honestidad, fuera de imposturas, que se tiene frente a aquellos con los que has crecido. Son estos motores los que definen la relación entre los protagonistas de la película Marianela (Martelli) y Bruno (Gertudrix), entre los que además siempre se insinúa cierta tensión romántica, y que entre recuerdos y silencios van reconstruyendo no sólo el pasado, sino también su presente.

El árbol magnético es una película amable de ver, accesible y cariñosa con sus personajes. Un filme en el que es fácil encontrarse y reconocer experiencias. Se agradece su eficiencia narrativa, sus actuaciones libres de excesos y sobre todo su falta de ambición. Este es un retrato familiar que se asume como tal y que por lo tanto permite la empatía y la reflexión en torno a cómo nos relacionamos con los nuestros y el pasado común. Nada más, pero tampoco, nada menos.