Dispersiones sobre una película chilena nominada a un Oscar
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(2012)

1) No de Pablo Larraín ha sido nominada al Oscar a la mejor película extranjera y hay entusiasmo en el público nacional por lo que pueda pasar en la ceremonia del próximo 24 de febrero. Hay otra parte del público chileno que se cuestiona la nominación y dice que antes se hicieron otras películas que eran mejores que ésta y no estuvieron allí. Se oye esa voz en aumento, diciendo que No es una película con claros objetivos de internacionalización y de carácter comercial. Es cierto, pero también, y antes de eso, es una gran película. Puede sonar redundante, pero en Chile nunca estará demás decirlo: una cosa no quita la otra.

2) Para qué andamos con cosas, al público chileno le encanta el Oscar. Le gustan las trivias, le gusta ver la transmisión comentada por Salfate y le gusta discutir los ganadores y perdedores al día siguiente. Por esta razón, es placentero que por primera vez una película chilena este allí, en una categoría especial, que invita a descubrir aquellas películas de otras partes del mundo. No pasa a ser parte de la categoría en que el hombre récord Federico Fellini ganó 4 Oscar, el genio surrealista Luis Buñuel se salió con la suya y ganó con El Discreto Encanto de la Burguesía (no yendo a la ceremonia) y en que el argentino Juan José Campanella, le arrebató el premio a Michael Haneke con El Secreto de sus Ojos y mandó un saludo a Chile.

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3) Hay gente a la que no le gusta el cine chileno, porque dice que siempre habla de política, porque se echan chuchadas y porque siempre hay una escena de sexo injustificada. Por todo eso y más, se dice que las películas chilenas son fomes y malas, lo cual, me parece, es un reduccionismo, un problema de cada espectador y no un problema de las películas. Bueno, también es un problema de formación de audiencias, concepto que hasta se podría ver enriquecido si es que No llega a ganar. ¿Por qué? Porque el impacto mediático que generaría una película chilena ganadora de un Oscar haría que las implicancias de la marca «cine chileno» pasaran a ser tema de interés nacional. De más está decir que lo ideal es que la formación de audiencias no dependa de un premio ni de un momento determinado, pero si se puede usar un hito como éste, para darle énfasis a la formación de público, bienvenido sea.

4) No es una película que habla de política, que habla de un hito político y que tiene una política en su concepción. Su política es hacer ficción con el plebiscito de 1988 y exponer una de las claves del triunfo del No, que no fue la única, pero sí fue importante. La campaña publicitaria. La política de No radica en mostrar los procesos creativos de ambas campañas, así como también mostrar fragmentos de las franjas. Reales y recreados. En esa estructura, es que de un modo natural una campaña ridiculiza a la otra. Aunque, en verdad, la campaña del sí se ridiculiza sola. También de esta elección de la película se han desprendido las críticas negativas. “Es probablemente la basura ideológica y el bodrio más grande que he visto”, dijo el sociólogo Manuel Antonio Garretón a Radio Cooperativa, en agosto pasado.

5) No es una película chilena donde se dicen chuchadas. No tantas como en otras películas, pero sí algunas que uno recuerda luego de verla. Un ejemplo, cuando Alfredo Castro dice «los vamos a hacer pico» y no le escuchan y tiene que volver a decir «los vamos a hacer pico». Siguiendo con una idea anterior, hay que decir que en No no hay escena de sexo injustificada. De hecho, el personaje de Antonia Zegers le dice al personaje de Gael García Bernal que no quiere culear, porque después él se pasa rollos. Lo que junto con ser un gran momento del guión, es también otra decisión política más de No en el contexto del cine chileno.

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6) Gael García Bernal es el protagonista de No, la película chilena nominada a un Oscar. Antes del comentario sobre el impacto comercial y la inserción en el mercado internacional que genera su nombre como protagónico, hay que decir que estamos en presencia de uno de los grandes actores del cine latinoamericano en los últimos años. Con un estilo de actuación que mezcla la naturalidad y una gestualidad convincente, García Bernal le da complejidad a su personaje, un publicista trabajólico que parece no tener alma. Las dudas que hubo en algún momento sobre la distorsión que podría provocar su acento mexicano en una película (tan) chilena, desaparecen radicalmente desde su primera escena. Y ojo, que eso no es fácil.

7) Con No, Gael García Bernal está nuevamente en una producción nominada a un Oscar. Hubo dos que estuvieron cerca. En 1996, fue protagonista del bello cortometraje De Tripas, Corazón, de Antonio Urrutia, perdiendo en la categoría de mejor cortometraje de ficción, ante Dear Diary, de David Frankel. En el año 2000, fue protagonista de la mejor película de Alejandro González Iñárritu, Amores Perros. Un hito del cine mexicano y latinoamericano del nuevo siglo, que algunos llamaron «la Pulp Fiction mexicana» y otros subestimaron diciendo: «Godard lo hizo hace 40 años». Nominada a la mejor película extranjera, Amores Perros perdió ante El Tigre y el Dragón, de Ang Lee.

8) No tiene un gran reparto de actores chilenos. La nominación a este Oscar es un premio para ellos, para su talento, para sus carreras, para el encuentro entre actores de distintas generaciones. Ahí están Jaime Vadell, Luis Gnecco, Alfredo Castro, Néstor Cantillana, Antonia Zegers, Marcial Tagle, Alejandro Goic, Roberto Farías, Sergio Hernández y los demás, actuando en una película nominada a un Oscar.

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9) No y su nominación a este Oscar es un aliciente para los técnicos del audiovisual chileno. El equipo de trabajo que se amanece y se acuesta tarde, que se compromete con una película de manera profesional y que para el caso de una cinta de estas características visuales, la nominación es un premio al esfuerzo. Desde el director de fotografía hasta los meritorios, pasando por el montaje, la producción, los asistentes de arte y los asistentes de cámara. Todos, absolutamente todos ellos, podrán decir que trabajaron en una película nominada a un Oscar.

10) La nominación de No es el deseo de que la actividad cinematográfica chilena crezca en relevancia y en su campo de acción. Es el fetiche cinéfilo de ver a una película chilena ganadora de un Oscar. Es ese pensamiento aventurado de que más jóvenes quieran estudiar la carrera de cine y ser cineastas. Es el delirio de ver un comercial de una universidad, en que se diga que uno de sus ex-alumnos ganó un Oscar. Es el gusto de que en los matinales se hablen largos minutos de cine. Es el gusto de que la intriga sea tan grande, que la cantidad de espectadores de No se duplique y triplique. Es el acto rebelde de que una película con patas, le gane un Oscar a la mística excesiva de Michael Haneke.

11) La trivia favorita en la espera de la ceremonia, en relación a la categoría de mejor película extranjera, en la que está nominada No, es esa que dice que esta categoría no existía y se inventó como un premio especial a una película que no competía con otras nominadas. Fue el cineasta italiano Vittorio de Sica, que se lo llevó justamente en las dos primeras ocasiones en que se entregó. Primero por El Limpiabotas, en 1947 y después por ese monumento que es Ladrón de Bicicletas, en 1949. Gane o no gane la estatuilla, No ya ha pasado a ser parte de la historia de esta categoría del Oscar, en la que se han inscrito grandes nombres de la historia del cine.