Bombal, de Marcelo Ferrari
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(2011)
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9 de febrero de 1962
Santiago, Chile

Movilizados por el homenaje, la curiosidad, la seguridad de que un nombre famoso es garantía de atención para una película o con motivaciones iconoclastas, las vidas de notables creadores han sido continuamente llevadas al cine. Películas donde la reconstrucción de época y la semejanza del actor con el personaje en cuestión son siempre muy valoradas, es importante recordar que estas cintas siempre se toman muchas libertades creativas y considerar entonces, que lo que vemos es un discurso cinematográfico y no histórico.

Aún está fresca en nuestra memoria la polémicas declaraciones de parte de la familia Parra respecto al retrato que de Violeta hizo Andrés Wood en Violeta se fue a los cielos, el cineasta se defendió señalando, asertivamente, que su Violeta no es la única Violeta posible y que lo suyo era un acercamiento personal.

Como cada vez que una historia real es llevada a la pantalla, lo verídico cede a lo ficcional para dar cuenta de la mirada personal que los creadores del proyecto fílmico tienen sobre el personaje en cuestión. Este es el caso de la recién estrenada Bombal de Marcelo Ferrari, quien se centra en las tres semanas finales de la tormentosa relación amorosa entre Maria Luisa Bombal y Eulogio Sánchez.  En la ficción, Ferrari hace coincidir este idilio con el matrimonio entre Bombal y el pintor Jorge Larco y le crea al personaje una prima enferma que será el nexo emotivo entre la escritora y su aristocrática familia.

Todos estos “ajustes” biográficos se hacen para poner el foco en las emociones de la creadora, en su pasión enfermiza y autodestructiva por un amante que la abandona para casarse con una niña bien. ¿Funciona? Claro que sí. Marcelo Ferrari hace eficiente uso de los recursos cinematográficos de los que dispone. Hay una cámara inquieta que se centra en primeros planos de los personajes, especialmente de Bombal –una estupenda Blanca Lewin- logrando adentrar al espectador en la interioridad de la protagonista. Al mismo nivel de Lewin están las notables actuaciones de Alejandro Goic, como Jorge Larco, y Ximena Rivas, como Marta Brunet, y aunque no son los únicos que están bien en sus papeles vale la pena mencionarlos, especialemente las escenas entre Goic y Lewin son de lo mejor de la película. Otro punto fuerte es la cuidada puesta en escena, la construcción de espacios interiores con colores suculentos y elegantes y una dirección de arte que se luce, logran darnos una perspectiva respecto al mundo que habita la escritora. Ahora, donde se nota que esta película se originó en un proyecto televisivo es en la transparencia de su narración, en algunos momentos sobre enfática para dar cuenta de la crisis del personaje, lo que para cierto público puede resultar excesivamente reiterativo.

Para mi gusto la mayor debilidad de la película no está en la película misma, sino exactamente fuera de ella. Lo que a mi como lectora me entusiasma de Bombal es su rebeldía, su valentía al escribir desde lo femenino, desde lo erótico y situarse desfachatadamente en un lugar destacado de las letras latinoamericanas.  La mirada de los responsables de esta película se centra en otro lugar. Su énfasis está en el bien contado melodrama, en la sinfonía de emociones de la protagonista, en el desgaste de las relaciones. Esto no es mejor ni peor que lo que a mi me interesa de Bombal, es simplemente, otra mirada.