CRÍTICAS Y ESTUDIOS
Can limbo, de Martín Baus
Por Alejandro Aravena*
27 de noviembre de 2018

* Crítico y creador de Abreaccion.com, sitio de crítica de cine nacional e internacional.


Luego de la última escena de Persona, el monumento cinematográfico de Ingmar Bergman, el celuloide del filme parece explotar y dejar salir imágenes escondidas, no del propio filme, sino de una mente, una conciencia. Puede ser del director. De los personajes. O nuestra. Quién sabe.

En ese terreno, el de plasmar la memoria y la conciencia es donde se mueve Can Limbo, documental realizado por Martín Baus.

Sin un argumento explícitamente mencionado, el recorrido de este trabajo deambula por los recuerdos de un grupo de personas, que en un comienzo, identificamos como músicos de orquesta ubicados en alguna casa de algún lugar. Con el correr del metraje entendemos que la nostalgia que ellos expresan, a través de cartas leídas en voz alta, los sitúa fuera de Chile. Añorando todo lo que dejaron atrás en una, quizás, travesía por lo que están haciendo.

Pero al igual que los fragmentos finales de Persona, las piezas de memoria que Can Limbo pone en pantalla las vamos uniendo de a poco, de hecho, sin verlas. Desde los primeros minutos del documental, éste nos invita a desenfundar nuestra memoria auditiva, por sobre la visual. Quizás para lograr esto último en nuestra cabeza. En nuestros recuerdos.

Un trabajo que se aprecia a través de los parlantes: su atmósfera se reproduce en lo auditivo.

Sumergidos en lo profundo de la mente, en recuerdos y sueños, la nostalgia surge en la soledad frente al fuego, que se contrasta que la música que nace en grupo. Como si nuestra mente liberara notas ocultas en el pentagrama de la conciencia cuando nadie nos escucha.

Can Limbo nos invita a transitar, de forma poética si se quiere, por ese delicado momento antes de caer en lo profundo del sueño nocturno, cuando la cabeza baja el telón, pero tras bambalinas comienza otro show.