CRÍTICAS Y ESTUDIOS
Rey: El monarca alucinado
Por Antonella Estevez

El segundo largometraje del realizador chileno- estadounidense Niles Atallah, Rey, se estrenó este once de enero de 2018 después de un interesante paso por festivales durante el año pasado, en que recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival de Rotterdam, además de otros reconocimientos como el Premio del público en Ficunam de México, el de la Crítica en Festival de Cine Latino en Toulouse y el de Mejor Película en el Festival Internacional de Cine Indígena de Wallmapu.

Quienes conocemos los trabajos anteriores de Niles Atallah -los cortos Lucía (2007) y Luis (2008), realizados junto a Joaquín Cociña y Cristobal León, y el hermoso largometraje Lucía (2010)- podíamos suponer que su siguiente película tendría una propuesta visual compleja e interesante. En ese sentido, Rey cumple con esas expectativas y lleva lo que conocíamos de la obra de Atallah un poco más allá.

Rey se centra en la mítica figura de Orllie-Antoine de Tounens, conocido como “el Rey de la Araucanía”, un personaje histórico sobre el que se han extendido diversos relatos. A partir de la lectura de “In Patagonia” (Bruce Chatwin,1977), Atallah se vio seducido por la figura del francés y comenzó un proceso de investigación para rescatar una historia sorprendente.  El realizador viajó a la Región de la Araucanía para conocer a la comunidad Mapuche Flor del Valle, en las cercanías de Curarrehue, y también a las localidades de Tourtouirac y Chorgnac d’Ans en Francia, donde encontró información del singular viajero.

Toda esta investigación desemboca en una película centrada en un personaje complejo e inquietante, situado en un momento particular de la formación del Estado Chileno y que nos obliga a preguntarnos sobre los límites territoriales, nuestro concepto de nación y las lógicas imperialistas. La cinta se sitúa en 1860 cuando este abogado francés viaja a la zona mapuche para contactarse con un líder de la comunidad y formar en conjunto el Reino de la Araucanía, con la ambición de ser, él mismo, coronado como rey. Si nos quedáramos sólo con la narración histórica, diríamos que la película da cuenta de las dificultades de ese viaje y del juicio al que será sometido Orllie-Antoine de Tounens por parte del gobierno del momento y que derivará en su cautiverio y posterior exilio.

Pero sería muy injusto decir que Rey rescata la figura de De Tounens para generar un relato histórico del personaje. Aunque existió una profunda investigación sobre su vida y su paso por Chile, y es evidente el esfuerzo por mantener la narración apegada a los hechos de los que se tienen antecedentes, estos son, más bien, el detonante del verdadero motor de la película que se centra en la subjetividad del personaje y las emociones que le genera la empresa en la que decidió embarcarse.

Rey es una película alucinante y alucinada que requiere de un espectador dispuesto a exponerse a una experiencia cinematográfica que va mucho más allá del cine narrativo al que estamos acostumbrados. En Rey no hay un narrador que observa desde afuera el devenir del personaje, sino que todo lo que vemos es pantalla es contado desde las emociones del protagonista. Para lograr eso, el director utiliza una serie de recursos visuales que van desde la animación, el uso de máscaras y una cuidadísima dirección de arte y fotografía que nos introduce en la mirada que tiene el personaje respecto a su destino. La película está también llena de texturas sonoras y visuales ya que, para retratar el paso del tiempo, Atallah filmó en cintas de 8 mm, 16 mm y Súper 8 que posteriormente enterró en su patio para generar en ellas un efecto de desgaste que hace parte de la estética del filme. El resultado es una obra especialmente sensorial en donde el espectador es invitado a adentrarse en las pasiones y desvaríos de un personaje extraordinario. Para quien esté dispuesto a la experiencia Rey puede ser un viaje cinematográfico impresionante, de esos en que la formalidad toma protagonismo para que el espectador acompañe al protagonista en sus sueños y pesadillas.