CRÍTICAS Y ESTUDIOS
Desierto no cierto, Nathaly Cano Reyes
Por Alejandro Aravena *

Hablar de un desierto florido pareciera un oxímoron, pero sabemos que tal suceso existe. En un espacio que a simple vista está muerto, por su color y textura. Que la vida de llamativas flores surja en un lugar así es un milagro. Ahora bien, ¿qué pasaría si aquellos brotes tuviesen un rostro, una voz, emociones o una historia que las llevó a crecer en medio de la nada? Podrían ser las protagonistas de Desierto no cierto.

La cinta de la directora Dubi Cano Reyes revela cómo, bajo el sol de Flamenco, pequeño balneario de la región de Atacama, sobreviven María Molina y Lidia Aguirre. Ambas mujeres, adultas, una mucho mayor que la otra, son vistas a través de la cámara de Cano como si nos hiciera observarlas a través de una lupa o un microscopio. Una es una mujer mayor que vive sola, muele trigo, amasa y cocina pan para vender desde su casa. La otra vende en la calle ropa y artículos varios que selecciona y recoge desde un gran vertedero en la zona. María es una madre en retiro, con hijos exiliados quizás dónde, que le llaman de cuando en vez. Lidia, aún cría a una joven ya universitaria, pero que estudia, obviamente, fuera del poblado. Flores distintas en un mismo habitat.

Incluso, la idea se enfatiza más cuando vemos a María, junto a otros pobladores de Flamenco, asistir a una reunión con voceros del gobierno regional, quienes les indican a los habitantes de la zona que “deben mostrarse, hacerse notar por los sectores del balneario, sobretodo en tiempos donde el turismo es bajo o nulo, porque así evitan que grandes empresas vean la oportunidad de realizar megaconstrucciones que acaben con el ecosistema” y con pobladores, claramente. Las flores deben abrirse.

Desierto no cierto, desde su título, sintetiza la idea. Quizás, abordar más historias, personajes en otros contextos, hubiese enfatizado mejor aún este desierto que no lo es. Pero su gran aporte es el rescate por la belleza oculta del espacio con postales maravillosas, que hacen replantear la definición de paisaje a cualquiera que haya nacido en cuna sureña para apreciar esas tierras pinceladas con una delgada brocha, tonalidades pastosas, parajes desérticos y, por sobretodo, el oasis de flores que brilla con colores de trabajo, sudor, cariño y perseverancia. Que en otro lugar no tendría la apreciación que aquí se le da.


* Crítico y fundador del sitio Abreaccion.com.