CRÍTICAS Y ESTUDIOS
"Máquina Voladora", de Vicente Barros
Por Antonella Estevez

Rolf Behncke tiene poco más de 30 años y hace 12 tuvo un grave accidente automovilístico que lo dejo con severo daño neuronal, haciéndole perder parte importante de sus recuerdos. En la actualidad se encuentra desafiado en varios frentes: continuar con su proceso de recuperación, balancear su creatividad con una vida profesional, hacer la siempre compleja transición de adolescente a adulto y cumplir su sueño de desarrollar una máquina para volar con propulsión humana.

Durante su desarrolló la película se llevó el premio a mejor proyecto del laboratorio de documentales Surdoc + Docs Barcelona y Premio Zenit del Docs in progress de Buenos Aires y el Premio Especial del Jurado en competencia primer corte FIDOCS 2014. Posteriormente recibió el Premio Especial de Jurado de la Competencia Nacional en el Festival Internacional de Documentales de Santiago FIDOCS 2016, Premio Especial del Jurado y Mejor Montaje del Festival de Cine Chileno FECICH 2017.

El realizador Vicente Barros filma durante cuatro años el proceso de Rolf Behncke y arma en este documental un relato en que mezcla escenas cotidianas de la vida actual del protagonista -en que lo vemos conversar con sus familia y amigos, interactuar con sus pequeñas hijas y sus madres, crear música, pintar y tratar, sin mucho entusiasmo, de generarse una vida laboral- con registros familiares de su infancia y de otras captadas poco después del accidente; y algunos segmentos -interesantemente logrados- en donde el relato en off del protagonista se acompaña con rápidos montajes de imágenes que invitan al espectador a poner atención a la traducción visual de ese discurso. 

El proceso de hacerse adulto es uno de los más complejos e interesantes de la vida humana, y el cine ha sabido retratarlo de diversas maneras, llegando a desarrollar todo un grupo de películas que dan cuenta de lo que se denomina el “coming of age”. Hay tantos elementos en juego en este momento que es entendible la cantidad de material dramático que se puede generar desde aquí. En el caso de Máquina Voladora este momento, ya básicamente complicado, se agudiza por las características propias del personaje: por la pérdida de parte importante de los recuerdos que lo definen como persona y que podrían ayudarlo a su construcción como adulto; y por una mente dispersa y creativa que se mueve más en las ideas y sus posibilidades que en el mundo práctico.

Frente a este relato no es raro que el espectador pueda pasar parte de la película pensando ¿De qué vive este hombre? ¿Ayudará económicamente a sus hijas? de hecho, hay una escena en su hermana le pregunta cómo sobrevive si no trabaja y él le responde que se prepara comida cuando le da hambre, aunque no explica de donde viene lo que está en su cocina. Uno podría suponer que recibe ayuda de su familia - en algún momento aparece en su departamento su “nana” de infancia para ordenarle la casa y dejarle provisiones- pero son estas mismas reflexiones las que ponen en evidencia el habitar disímil de este adulto/niño en un contexto en que se esperan ciertas cosas de gente de cierta edad.

Sea por las consecuencias del accidente o por las características propias del personaje y su contexto, la película parece querer hacernos pensar sobre la disparidad de la información “oficial” sobre la edad y la manera real en que ésta se experimenta. ¿En qué momento los sueños se vuelven infantiles? Cuando estamos ¿demasiado viejos para ciertas cosas? Lo pragmático de nuestro habitar hace que la vida de personas como Rolf Behncke sean un espejo incómodo, en donde tanto él como nuestra mirada del mundo aparecen levemente descolocados.