CRÍTICAS Y ESTUDIOS
El diablo es magnífico, de Nicolás Videla
Por Marcelo Morales C.

Si en Naomi Campbel (el debut de Nicolás Videla, co-dirigido con Camila José Donoso) la protagonista era una transexual situada en los márgenes de Santiago, aprisionada por esos márgenes que no sólo son económicos, sino también políticos y corporales, en El diablo es magnífico Manu Guevara -el centro de la película y también trans- es alguien que está empecinado en liberarse de cualquier atadura. Lo hace, eso sí, en París, lejos del conservador Chile.

De ahí que la película también opte por una estructura que no sigue una línea clara, sino que más bien es una mezcla entre un relato en primera persona, performances callejeras y escenificaciones. Todo con un espíritu que busca plasmar una espontaneidad que pone al relato muy cercano al documental. Un aspecto que Naomi Campbel también buscaba captar, pero que en su afán por complejizar al personaje, terminaba perdiendo naturalidad y comprensión.

Es justamente la sinceridad la que prima en El diablo es magnífico, porque simplemente se pone de lado del personaje y le abre el espacio para expresarse. En este sentido, la película suena más bien a una constante declaración de principios que a la representación de una realidad, en donde no se busca cuestionar los principios de su protagonista. Se intuye así que la provocación es uno de sus objetivos y no tanto la “concientización”, como claramente lo era una película como Una mujer fantástica.

Ante esta postura, la cinta de Videla puede a veces resultar a veces unidimensional o estática al estar guiada por la seguridad de Manu, quien constantemente remarca su incomodidad en un mundo tan supuestamente desarrollado y liberal como el de París, el que incluso parece hacerse tan estrecho como el de su natal Chile, al cual duda volver. Pero a la vez, esta postura “altanera” es lo que la hace a El diablo es magnífico una película de una valiosa valentía, que rompe el estándar de películas que siempre posicionan a este tipo de protagonista que están al margen de las estructuras morales imperantes como personajes sufrientes o lejanos de un empoderamiento. Y si, acá hay varios contras, pero el personaje siempre está seguro, indemne, reclamando su derecho a ser como tal como es, y eso está muy bien filmado.