CRÍTICAS Y ESTUDIOS
"Sin Norte", de Fernando Lavanderos
Por Antonella Estévez B.

Con su tercera película el director Fernando Lavanderos mantiene su constante búsqueda por las historias trabajada desde la curiosidad y las posibilidades de un relato que se centra en dos personajes, pero que se abre hacia diversos mundos y maneras de habitar.

Koke Santa Ana, actor reconocido por su trabajo humorístico en Woki Toki, pero que en Sin Norte sorprende con su versátil registro, interpreta a Esteban un publicista al que su novia acaba de abandonar y que se lanza en un viaje por el norte de Chile, siguiendo los pasos de su amada y guiado por las huellas digitales que ella va registrando y subiendo a internet. En el camino el personaje se irá encontrando con una serie diversa de personas y realidades, y la búsqueda que originalmente tenía como meta encontrar a la chica y enfrentarla, se va a ir enriqueciendo con las múltiples experiencias que Esteban tiene en este camino. 

Como en su muy bien criticada opera prima Y las vacas vuelan (2004) en este filme Lavanderos juega con los límites de la ficción y con los recursos narrativos. Solo los dos protagonistas son actores y estos se van relacionando con las muchas personas que encuentran y sus contextos de manera natural y sin desentonar, manteniendo una frescura en el relato que le otorga a la vez realismo y dinamismo. Por otro lado, lo que guía la historia, el camino del protagonista y parte importante de lo que el espectador ve, son los registros del viaje de Isabel -filmados por la actriz que la interpreta, Geraldine Neary- que tienen ese carácter casual y narciso de las selfies, mezclado con la sorpresa y alegría de alguien que está descubriendo mundos y a sí misma.

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En sus tres películas Lavanderos ha centrado la narración en el punto de vista masculino, en cada caso son hombres con más preguntas que respuestas, poco heroicos y, quizá a pesar de ellos mismos, en constante búsqueda. En este caso Esteban parece ser guiado por su amor por Isabel, por la necesidad de traerla de vuelta a su vida, pero en el camino él -y también el espectador- se va dando cuenta de que persigue una imagen más que a una persona y que también él tiene mucho que resolver consigo mismo.

Sin Norte es una película muy rica en muchos sentidos. Una road movie que como toda buena película de este estilo no sólo cubre espacios geográficos, sino que acompaña a los protagonistas en el descubrimiento de sus propios paisajes internos. El norte de Chile y su gente no paran de sorprender y conmover, alguno de los diálogos que aparecen en la película resultan de los más honesto y verdadero que hemos visto en el cine chileno del último tiempo y la constante torpeza y fragilidad de los personajes permite que el espectador empatizar y acompañar.

En su búsqueda por innovar en las formas narrativas, por jugar con los estilos y probar las posibilidades de las tecnologías, muchas veces el cine contemporáneo se pierde en lo emotivo y termina siendo muy interesante visualmente, pero muy distante para el espectador común. Sin Norte es una película que sorprende en su construcción, que tiene -indudablemente- muchos méritos técnicos, pero que sobre todo tiene corazón, personajes que conmueven e identifican y eso es lo que permanece cuando la pantalla se va a negro.