CRÍTICAS Y ESTUDIOS
Unfinished plan: The path of Alain Johannes, de Rodolfo Gárate
Por Rodrigo Alarcón

La historia ya es relativamente conocida: Alain Johannes nació en Chile, pero siendo niño abandonó el país y fue a dar a Los Angeles, donde inició una carrera entre nombres relevantes del rock estadounidense. Tocó en What Is This -junto a posteriores miembros de Red Hot Chili Peppers y Pearl Jam- y ha grabado o girado junto a Chris Cornell, Queens of the Stone Age, No Doubt, Mark Lanegan, Eagles of Death Metal, Them Crooked Vultures y los británicos Arctic Monkeys, por ejemplo. Hoy es miembro, nada menos, que de la banda que acompaña a PJ Harvey, luego de colaborar en su excelente último disco The hope six demolition project.

Con esos antecedentes, Unfinished plan: The path of Alain Johannes podría haber sido la historia de ese recorrido musical. Era perfectamente factible, porque Josh Homme, Kim Thayil, Alex Turner y el mismo Cornell, entre otros, hablan en esta película sobre su admiración genuina por el protagonista. Y porque hay numerosas escenas habituales en ese tipo de filmes: pasajes en el Rancho de la Luna, el famoso estudio ubicado en el desierto de California; actuaciones en vivo, imágenes de backstage, fotografías de juventud. No obstante, el director Rodolfo Gárate escogió contar la vida de su protagonista desde otro ángulo. Eligió narrarla como una historia de amores y pérdidas.

Dividido en tres partes y un epílogo, el documental se concentra en la relación de Alain Johannes y su mujer Natasha Shneider, con quien formó Eleven, con quien tenía un vínculo de tintes místicos y quien falleció en 2008. A partir de esa pérdida, Alain Johannes comenzó a hacer sucesivas visitas a Chile para tocar e incluso formar una banda con músicos locales, mientras también restablecía sus vínculos familiares: con su tío, Peter Rock, y con su padre, Danny Chilean, cuyo primer encuentro está registrado en una entrañable secuencia. Ambos, sin embargo, fallecieron durante el transcurso del rodaje, al igual que su madre, Romy Mociulski.

De este modo, Unfinished plan: The path of Alain Johannes no es un mero documental musical, una aproximación biográfica o una mirada desde la vereda del fan, lo cual explica que haya ganado la competencia nacional del Festival Inedit Nescafé. Es una película acerca de una persona que ve cómo se derrumba una parte fundamental de su vida, que luego encuentra algo de consuelo en el reencuentro con su identidad y que más tarde, nuevamente, debe enfrentarse a otras pérdidas. En ese marco, la música se sitúa como hilo narrativo y como herramienta terapéutica. “Lo ha curado”, dice su hermana hacia el final de la película.

Así, si el espectador ni siquiera ha escuchado antes el nombre de Alain Johannes, termina siendo más o menos irrelevante. En cada una de las imágenes de este documental, ya sean de California, las costas de Niza, las calles de Valparaíso o los escenarios santiaguinos, todas captadas con gusto y delicadeza, subyace algo más. Es un ánimo que supera los límites del documental musical convencional, de aquellas películas hechas para interesados en un estilo o artista específico. Es, finalmente, una emoción más universal.