CRÍTICAS Y ESTUDIOS
Cine Chileno 2015: evaluaciones y encuesta
Por Antonella Estevez y Marcelo Morales C.
4 de enero de 2016

De intentos y logros

Por Antonella Estevez

Con 42 estrenos de largometraje, entre ficción y documental, la producción cinematográfica chilena volvió a demostrar su diversidad. Este año pudimos ver un esfuerzo en acercarse a la audiencia a través de comedias livianas, de retratar dolores sociales con bien recibidos dramas y, una vez más, comprobar la solidez del cine documental.

Según el más reciente informe de audiencia proporcionado por el Consejo de la Cultura y las Artes –que informa de los datos acumulados hasta el mes de octubre 2015-, la oferta de cine chileno es cerca del 4% del total de las películas que llegan a cartelera comercial, cifra similar a la del año anterior, pero que es menos de la mitad de la del 2013 y un tercio de la del 2012. En general se podría decir que ese 4% se repite en el promedio de películas chilenas en exhibición en multisalas, pero que crece hasta casi la mitad de las exhibiciones en el circuito de salas independientes y cine arte. 

Eso en cuanto a la oferta, en el consumo la distribución no es necesariamente coherente con la disponibilidad de las películas en pantalla. Como casi todo el planeta, la venta de entradas al cine sigue dominado por las grandes producciones de Estados Unidos. Las 109 películas estadounidenses que se habían estrenado para octubre del 2015, habían acumulado una audiencia que superaba los 20 millones de espectadores -con un promedio de más de 180 mil espectadores por película-; mientras que las 19 películas chilenas que habían llegado al cine hasta ese momento, habían llevado en total poco más de 880.000 personas, un promedio de poco más de 46 mil entradas vendidos por filme. Como suele suceder con los promedios en este caso, son grandes blockbusters como Los Minions o Intensamente los que arrastran a películas menos populares. En el caso chileno hay películas como El Bosque de Karadima que logró más de 300.000 espectadores, mientras que más de la mitad de los estrenos chilenos no superó los 10 mil espectadores.

The-Club_cropped.jpg

Quizá en un esfuerzo por acercar a la audiencia, este año hubo mucho estreno de películas de comedia: la segunda parte de Fuerzas Especiales, Lusers y Héroes insistieron con la lógica del sketch, con irregular recepción. Quizás –y con todas sus deficiencias- lo más interesante en esta línea sea Vacaciones en Familia y, especialmente, Alma que con su comedia romántica y bien intencionada, logró sorprender en términos de público.

Lo más visto del año tuvo que ver con la adaptación al cine de una historia conocida, dolorosa y aún en desarrollo. El Bosque de Karadima movilizó rencores, morbo y también un sentido de búsqueda de verdad y justicia, aunque sea en la gran pantalla. En términos de propuesta cinematográfica, probablemente la película de ficción más relevante del 2015 sea El Club, que cerró el año sumando sus múltiples reconocimientos, siendo la única película latinoamericana nominada a los premios Globos de Oro en Hollywood.

Con todo, y como viene sucediendo hace un buen tiempo ya, para mí lo más relevante de la producción cinematográfica del año estuvo en los documentales. El Botón de Nácar, de Patricio Guzmán, es para muchos, de las películas más hermosas que se han filmado en Chile. En mi opinión, las películas más notables de este año fueron dirigidas o co-dirigidas por mujeres. La dupla Perut-Osnovikov llevó a los límites la plástica visual realista con Surire; Claudia Barril y Sebastián Moreno reconstruyeron la historia de la Vicaría de la Solidaridad en Habeas Corpus; Carolina Adriazola y José Luis Sepúlveda nos mostraron la dificultad de la organización social con Crónica de un Comité; y con la estupenda Chicago Boys Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano nos ayudaron a entender las bases políticas y económicas del Chile actual. Por último las multipremiadas Allende mi abuelo Allende de Marcia Tambutti, y La Once de Maite Alberdi, demuestran como desde una mirada familiar y poco pretenciosa se pueden hacer cine de gran nivel técnico, emocionando e invitando a reflexionar sobre lo que creemos conocer y lo que nos falta por descubrir.

 


Encuesta: fidelidades y pequeños grandes triunfos

Por Marcelo Morales C.

stgovio.jpg

Fueron 1.329 votos los que recibimos en nuestra tradicional encuesta, la que este año contó con 42 películas que cumplían el requisito mínimo de haber sido exhibidas de forma continua al menos una semana. Y la ganadora este año fue Santiago Violenta, la primera película chilena que llegó a carteleras el 2015. El filme de Ernesto Díaz es una profundización de su estilo, donde el Cine B se entremezcla astutamente con chilenismos y con una puesta en escena que cada vez aparece más depurada. Una muestra: el gran plano secuencia que está en medio de esta misma película. Si bien Santiago Violenta no tuvo muy buena llegada en las salas (sólo tuvo 1.983 espectadores), el estilo de Díaz parece tener una fidelidad ya probada que se expresó en la encuesta. Además, Díaz estrenó dos films más este 2015. Sorprendió haciéndose cargo de la segunda parte de Fuerzas Especiales, entregando una secuela en donde parece que primó más el armar con decencia un buen trabajo por encargo, que hacer una buena película. Para el olvido. Pero su verdadero espíritu reapareció con Redentor, en donde vuelve a trabajar con Marko Zaror como protagonista, en una cinta que parece ser una inflexión en su estilo al despojarse de la comedia y de elementos más criollos, para sumirse directamente en la acción más cruda y violenta. Una apuesta arriesgada, que en este caso entrega una película más bien dispareja, bastante ripiosa. Pasó también algo desapercibida por los cines, pero quienes la vieron le entregaron tantos votos que quedó cuarta en la encuesta.

El segundo lugar fue para El Club, que aparece como la película chilena del año en algunos medios, no sólo por su resultado artístico, sino también por la repercusión internacional que la tiene incluso postulando a un Globo de Oro como mejor película extranjera. La suma de estos factores da cuenta de su alta votación.

Y el tercer lugar es a primera vista sorprendente, pero si se profundiza en ello, quizás no lo es. Surire, de Bettina Perut e Iván Osnovikoff, emerge como uno de los mejores documentales chilenos del año, con una propuesta en donde la siempre auténtica capacidad observadora de los autores se pone esta vez al servicio de historias humanas, sumergidas en un territorio adverso, paradójicamente, para la vida. No sólo por la geografía, sino también por la invasión explotadora de grandes empresas. Si bien Surire no tuvo la repercusión mediática de otros documentales como La Once, El botón de nácar o Allende mi abuelo Allende, las preferencias que obtuvo podrían explicarse por la potente experiencia que arrojan el verla en sala. Es de esas películas que buscan quedar prendidas en la mirada por largo tiempo. Finalmente, este tercer lugar es también muestra del valor que está teniendo, finalmente, el documental en los espectadores haciendo al fin más palpable los juicios de la crítica, la que siempre levanta a este género como lo mejor que entrega el cine chileno, y con justicia. Este es un triunfo no sólo para las obras en sí, sino también del trabajo de proyectos como el de Miradoc, quienes distribuyen cuidadosamente buenos documentales por todo el país. Sin Miradoc, hubiera sido imposible ver en salas el 2015 no sólo Surire y La Once, también otros notables trabajos como Crónica de un Comité, Chicago Boys y Escapes de Gas. Todas estas últimas con buena presencia en nuestra encuesta, que a continuación desplegamos completa.

20160104132347_0.jpeg