CRÍTICAS Y ESTUDIOS
Crónica de un comité: la justicia como espejismo
Por Antonella Estevez

Los directores José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola se han caracterizado por hacer un cine instalado en espacios y personajes que normalmente no ocupa la pantalla. Sus películas El Pejesapo y Mitómana llamaron la atención por su lenguaje a medio camino entre el documental y la ficción, y por una propuesta sin muchas concesiones ni con sus personajes, ni con el público. Considerados como de lo más interesante del cine chileno actual, su primer documental Crónica de un Comité, se estrena luego de ser premiado en los festivales de cine documental de Santiago, Antofagasta y Chiloé.

En su trayectoria como realizadores y como gestores –son responsables también del Festival de Cine Social y de la Escuela Popular de Cine, esta última funciona La Pintana- esta dupla de cineastas han ido construyendo un camino propio que se define por el riesgo, la consciencia social y la comprensión del cine como resistencia, tanto en términos de discurso como en su mismo proceso de construcción. Todo eso se expresa claramente en Crónica de un comité.

El documental es el seguimiento al “Comité por la justicia Manuel Gutiérrez”, formado luego de la liberación del carabinero responsable del disparo que dio muerte al estudiante de 16 años –el 25 de agosto del 2011 en medio de una jornadas de protesta convocada por la CUT-, a sólo dos meses del hecho. El registro incluye tanto las actividades del comité como a las relaciones entre sus miembros, sus conflictos y distintos puntos de vista sobre el concepto de justicia y el camino para alcanzarla.

Muy alejado de lo que sería una crónica periodística o un documental para televisión, Crónica de un comité no intenta formular una explicación unilateral respecto al tema. Lo que se expone acá es la dificultad de acceder a la justicia, cualquiera que esta sea, y cómo los duelos se viven de manera tan distinta por cada uno de los involucrados. Para ello su recurso es poner el relato al nivel de sus protagonistas –de hecho muchas escenas están filmadas por ellos mismos- con toda la imperfección técnica que eso pueda suponer y que le da a la película una visualidad tosca y honesta.

Hay temas realmente potentes que se instalan a partir de esta observación. Existen un par de escenas inquietantes como en las que el hermano parapléjico de Manuel, y el más activo en insistir políticamente en la persecución de los responsables, reflexiona en más de un momento sobre los beneficios que le ha traído la muerte de su hermano; o cuando dos capellanes evangélicos de carabineros visitan a la familia –también evangélica- del joven asesinado, los bendicen y les regalan un recuerdo institucional, que la madre acepta agradecida.

La película no proporciona respuestas, es con todo una crónica de la desesperanza, de la injusticia. Son tres años de seguimiento en donde los deudos se van moviendo en creencias y estrategias. Sin instalarse desde el discurso, Crónica de un comité explicita el desolador panorama de la inequidad –cultural, económica, social- tan central en la conformación del Chile actual.