CRÍTICAS Y ESTUDIOS
Ver y Escuchar: La experiencia del otro
Por Antonella Estevez

La propuesta es bastante simple. José Luis Torres Leiva filma a distintos grupos de personas con dificultades visuales o auditivas mientras ellos conversan sobre las diversas maneras en que perciben el mundo. No hay mayor intervención del director que el filmarlos en blanco y negro y desde una respetuosa distancia que permite generar cercanía sin intimidar ni a los sujetos, ni al espectador.

El cine de Torres Leiva, tanto en sus ficciones como en sus documentales, se ha caracterizado por su capacidad para detenerse en los detalles, desarrollar tomas largas y bellas e invitar al espectador a una experiencia más bien calma y contemplativa. En muchos casos, eso puede tornarse un desafío para el público, y aunque Ver y escuchar mantiene algunas de las características formales propias de este autor, resulta una película de fácil acceso, conmovedora y entretenida.

Y es que son las personas frente a cámara las que seducen. Es interesante observar como un ciego describe su percepción de la luna o una persona sorda explica como siente el sonido de la lluvia. Hay tanta experiencia preciosa que normalmente se nos pasa desapercibida, que la posibilidad de acercarse desde el respeto por la diferencia torna estos relatos en un descubrimiento de como el ser humano tiene tantos y tan sorprendentes recursos para relacionarse con su entorno.

La mano del director se hace visible en algunos momentos en que la pantalla se llena de color, y aparecen imágenes que en otro contexto uno relacionaría con el cine experimental, pero que acá tienen sentido con el relato y la experiencia que el mismo documental va construyendo.

Ver y escuchar es de esas escasas películas que nos hace bien. Es un filme bien intencionado en el sentido de querer abrirnos el mundo de aquellos que perciben distinto, pero que no es superado por sus buenas intenciones, ni cae en el discurso majadero, políticamente correcto y lleno de lugares comunes sobre las personas con discapacidad. Acá hay una profunda curiosidad que busca aprender del otro en su diferencia, un respeto y una admiración real que es contagiosa y se agradece.